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Luego de que los lineamientos que guiaron a los Consejos de Salarios durante la sexta ronda de acuerdos dejaran una baja de casi 30% en la cantidad de convenios tripartitos, el director de Trabajo Juan Castillo espera “mejores condiciones” para la etapa que comienza en 2018 de manera de reducir el “encorsetamiento” que advirtió en la negociación colectiva. En diálogo con Búsqueda habló de la posibilidad de cambiar las categorías de autocalificación de las empresas, mantener un correctivo por inflación anual, analizar el funcionamiento de las denominadas cláusulas “gatillo” y repensar los aumentos semestrales de salarios.
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“Salvamos bien el examen en un momento muy complicado, pero uno desea etapas con elementos para la negociación que nos permitan más libertad y otro margen de movilidad. Acá quedábamos muy encorsetados y los márgenes para la negociación estaban muy apretados. Eso se sintió en el tiempo que duró (la ronda) y la escasez de acuerdos tripartitos”, dijo.
Con las 118 mesas de negociación de la tercera etapa cerradas y apenas 24 grupos con vencimientos en 2017, los datos oficiales muestran un 62% de acuerdos tripartitos. Esto representa una baja con respecto al 92% que, en total, se alcanzó durante la quinta ronda de negociación colectiva.
Además en 31% de los grupos los convenios se firmaron tras votación (en la mayoría el Poder Ejecutivo se abstuvo) y 23% fijaron aumentos fuera de los lineamientos propuestos por el gobierno. En total se enviaron cuatro decretos en sectores donde no hubo acuerdo entre empleadores y trabajadores como rurales, televisión abierta o congelados pesqueros entre otros.
“Lo que no podemos perder de vista es que no estuvimos en una coyuntura de negociación como las anteriores. El contexto nacional y regional que nos rodeaba era mucho más complejo. Todo indicaba que teníamos que ir a jugar al achique, comprimir las mejoras en los salarios. En estos primeros dos meses del año seguramente hagamos una síntesis política a los efectos de saber qué aspectos hay que corregir y qué cosas tener en cuenta para la próxima ronda”, opinó Castillo.
Aunque el gobierno estimaba un máximo de cuatro meses para la negociación, el promedio de discusión ascendió a casi cinco meses y medio. Los lineamientos establecían aumentos salariales semestrales así como correctivos por inflación a los 24 y 18 meses. A mediados del año pasado y para destrabar la firma de acuerdos, se permitieron correctivos anuales. La cláusula gatillo, que habilita la caída del convenio, se fijó para el caso de que la variación de precios superara el 12%; finalmente 2016 terminó con una inflación de 8,1%.
“Hay que tener la posibilidad de mantener (el correctivo) anual. O estilo cláusula gatillo, que estaba pero colocada al 12%. Hubiesen ocurrido otro tipo de problemas antes de que eso saltara. En el ámbito público está colocada al 10%, al igual que para jubilaciones y pensiones. Tal vez lo que haya que hacer es un mix entre una cláusula gatillo y un correctivo, de forma que oficien de la misma manera. Eso nos daría mejores condiciones para encontrar más rápido los acuerdos”, apuntó el jerarca.
Las pautas incorporaron la condición de que empresas y trabajadores se autoclasificaran en tres categorías según su nivel de actividad: sector dinámico (si tenían una suba de negocios de 4%), medio o en problemas. Cada franja disponía de aumentos nominales diferenciados para cada año de duración del convenio: 10%, 9% y 8% para los sectores dinámicos, 8,5%, 7,5% y 7% para los rubros medios y 8%, 6,5% y 6% para las empresas en problemas. Con la intención de contener la inflación, el gobierno incentivó el compromiso de evitar el traslado a tarifas en caso de superar esos guarismos.
Datos oficiales muestran que 43% de las empresas se clasificó en la franja media, 22% en problemas y 18% consideró que su actividad era dinámica. Además 15% optó por realizar una combinación de sectores, cambiando de categoría en cada año de duración del convenio. Esto se intensificó durante la última etapa de la ronda, donde Castillo apuntó que además “costó más” a los grupos ubicarse en su sector.
“Hubo un cuidado extremo en que los acuerdos salariales no desbalancearan la inflación. Las dos terceras partes (de los grupos) llegaron a acuerdos tripartitos, un número exagerado con respecto a los momentos en el que eran residuales los no acuerdos. Si me dieran a elegir volvería a instancias como las anteriores y no apretaría tanto la negociación. Quizás las franjas tengan que tener más movilidad o estar más diferenciadas. Y no sé si tendrían que haber tres o solo dos. Todo eso hay que analizarlo”, dijo.
“Por momentos hubo adversidad. En períodos muy largos de esta ronda que duró 18 meses, tuvimos tres o cuatro meses con una inflación que superaba el 10% y era una alarma pública. Se iba tragando los ajustes de salarios. Todo eso se pudo corregir pero no quiero abstraerme de que estábamos en ese contexto. Ahora la inflación se viene reduciendo y la economía tiene mejores expectativas. Si eso se mantiene, tendremos un 2018 con otras condiciones. Ojalá que así sea para los trabajadores y trabajadoras que vieron contenidos parte de sus reclamos”, opinó.
“En períodos donde la inflación es creciente conviene más (aumentos) de forma semestral o cuatrimestral. Pero no quiero vivir en un país de inflación alta, por lo tanto me gustaría que todos los ajustes fueran anuales”, agregó.
Cláusulas de paz.
Para el director de Trabajo la negociación colectiva debería incluir “un tiempo extra” para discutir exclusivamente los mecanismos de prevención de conflictos que, además, deberían acordarse de forma bipartita. Este es uno de los puntos que se discuten entre empresarios y trabajadores en el marco del levantamiento de la queja interpuesta en 2009 ante la Organización Internacional de Trabajo (ver Búsqueda 1.897).
“Obviaría tener una cláusula de paz. Es mejor para las partes convenir qué mecanismos tiene el empleador para realizar cambios en la producción de forma copartícipe o en anuncio con sus trabajadores, para que no los tome de sorpresa. O de qué forma un sindicato va discutiendo con su empleador para no notificar que se está en discrepancia con alguna resolución al otro día con un piquete o un paro. Se necesita una discusión franca de cuáles son esos mecanismos. Pero lo más efectivo es lo que las partes acuerden. El mejor de los acuerdos no necesariamente tiene que estar escrito y me importa poco si está firmado, porque le doy valor a la palabra”, dijo.
“En todos los convenios que se firmaron hay una cláusula de paz o un mecanismo de prevención de conflicto. Algunos tienen las dos. Pero la discusión que se planteó muy fuerte fue en torno a su aplicación, porque hay veces que es imposible ponerlas en práctica. Hay un debate muy interesante para dar acerca de cuál es el mecanismo real que conduzca a que los actores respeten esas cláusulas”, agregó.
El jerarca afirmó también que no se siente “conforme” con la cantidad de convenios que incluyeron beneficios extrasalariales para compensar los ingresos de los trabajadores.
“En el arranque estimulábamos mucho que el Sistema Nacional de Cuidados fuera utilizado para dotar de mejores condiciones de trabajo, particularmente a la población femenina. Pero no he visto que se haya utilizado mucho. Se debería estar pensando en seguir estimulando que, es posible conseguirlo”, opinó.