Es el perfil más bajo en el elenco político del Consejo Directivo Central (Codicen) de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), pero sabe que su voto es determinante para garantizar la continuidad de la llamada transformación educativa. Dora Graziano (Cabildo Abierto) es la jerarca que consolida la mayoría del oficialismo en el organismo rector de la educación, junto con las figuras más notorias, el presidente del Consejo, Robert Silva (Partido Colorado), la cara de la reforma, y Juan Gabito (Partido Nacional). De esa manera se han aprobado hasta ahora los nuevos planes y programas diseñados por la ANEP, frente a la oposición de los consejeros docentes, Daysi Iglesias y Julián Mazzoni.
“Los tres consejeros (políticos) del Codicen tenemos la gran responsabilidad y el compromiso que deriva de lo que la ciudadanía quiso. Y la ciudadanía quiso una transformación, un cambio, también en educación. Tenemos que responder a esa demanda para que eso no siga solo en el terreno teórico”, dice la integrante del Codicen nominada por Cabildo Abierto. Graziano asegura que la transformación continuará “firme” más allá de quien ocupe la titularidad del Codicen, aludiendo a la “hipotética” salida de Silva del organismo para dedicarse de lleno a la política partidaria prevista para antes del próximo viernes 27.
Profesora de Geografía, Graziano fue designada en el Codicen a instancias del senador y líder cabildante Guido Manini Ríos. Asumió en junio de 2020, en plena pandemia y tras una vida dedicada a la educación, área en la que además de docente se desempeñó como adscripta, directora e inspectora. Estaba ya jubilada —“pero no retirada de la educación”, aclara— cuando recibió el llamado de Manini Ríos.
“Manini es una persona muy bien, transparente en su pensamiento”, comenta la funcionaria, y dice compartir con él, aparte del “ideario artiguista”, “el legado” de José Enrique Rodó y de José Pedro Varela. Fue el ex comandante en jefe del Ejército quien le propuso trabajar en educación desde el gobierno, y ella dice que desde el primer día cuenta con “total” libertad de acción.
Nunca había militado en política ni buscó un cargo público jerárquico, asegura. Tampoco pertenece a la familia militar. Es conocida en el ámbito castrense a partir de su participación en un curso de estrategia organizado en 1998 por el Centro de Altos Estudios Nacionales (Calen), y dado su destacado desempeño, cuenta, desde esa institución militar pidieron a Secundaria que pasara a trabajar como asesora en educación de ese centro. Luego también se desempeñó como “docente de educación y cultura” en el Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES), informó este semanario.
Hoy Graziano es una de las dos consejeras —junto con la maestra Iglesias— en el órgano que gobierna la educación pública, un área fuertemente feminizada. Proveniente de una familia “humilde, inmigrante y trabajadora” de Soriano, destaca la superación de la mujer en la educación y en la cultura y defiende que la orientación de las políticas de género de la ANEP “debe tender a una complementariedad y no a una oposición entre lo masculino y lo femenino”.
Una de las líneas políticas que impulsa desde la administración para “contrarrestar la desigualdad” es la de “incentivar que las niñas tengan mayor acceso a la formación en áreas STEM” (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, según la sigla en inglés).
“La primera escuela” y la “inducción peligrosa”
Graziano reconoce como “muy importante” la educación sexual en los centros educativos, donde considera que se deben abordar los aspectos biológicos, así como los sociales y culturales de esa materia. Sin embargo, plantea reparos a la enseñanza de la educación sexual, sobre todo entre los niños de edades preescolares (de tres a cinco años), y reclama que en estos temas la administración habilite “mayor participación” de los padres.
“En educación sexual hay que tener un respeto muy grande por la postura de las familias”, afirma, en el entendido de que ellas son “la primera escuela”.
“Cuando le brindamos educación sexual a los niños, (hay que) tratar de ser muy objetivos, muy claros, muy cautelosos en cuanto a lo que les transmitimos, y muy respetuosos de las posturas familiares, porque las familias son la primera escuela”, sostiene, amparada en el artículo 41 de la Constitución, que otorga a los padres el deber y el derecho de “cuidado y educación de sus hijos para que estos alcancen su plena capacidad corporal, intelectual y social”.
La consejera que responde a Cabildo Abierto hace énfasis en la necesidad de “revisar” y adecuar el diseño y la implementación del programa de educación sexual en el marco de la transformación curricular del sistema educativo. Pide, por ejemplo, que se revean “determinados mensajes” que incluyen temática de orientación y diversidad sexual para acabar con una “inducción peligrosa” que, a su juicio, provocan estos contenidos.
Ve un ejemplo de “inducción peligrosa” en las llamadas guías de educación sexual, aprobadas durante las administraciones del Frente Amplio. “Yo creo que habría que revisar un poquito esos temas para no cometer errores: analizar esos contenidos, cómo se transmiten… Porque nosotros (los educadores), a veces sin querer, somos subjetivos cuando transmitimos determinados mensajes. Y eso es lo que me preocupa en el plano de la educación sexual: que no partamos de una visión subjetiva, sino de hacer el esfuerzo supremo para desprendernos de nuestras posturas personales, para que el niño aprenda a respetar todas las situaciones, cuando sea más grande, y que con su reflexión, con su conocimiento y con lo que les digan los padres adopte lo que le parezca y corresponde de acuerdo a su creencia”.
Bajo este argumento Graziano reclama el cese de todas las iniciativas de orientación sexual en preescolares, que, si bien son optativas, no vinculantes, pueden “confundir” a los menores.
“Yo respeto todas las orientaciones sexuales, absolutamente, pero lo que no me parece bien es que se induzca a determinadas posturas a los niños, sobre todo a los preescolares, porque son los más frágiles”, insiste la jerarca, y abunda: “A veces, sin querer —porque no creo que sea algo voluntario— se los puede llevar a confusiones. Y lo que no quiero es que los niños se sientan confundidos, sobre todo los más chicos: son muy frágiles y no se los puede confundir”.
La jerarca aprueba, no obstante, que se imparta educación sexual en los años finales del curso escolar y a lo largo del ciclo liceal. “Pero en los niveles preescolares habría que revisar los contenidos y analizarlos muy bien”, enfatiza. De grandes, sigue, ya “cada uno es libre de adoptar la decisión que quiera en cuanto a su identidad sexual. Pero si a los preescolares se les presentan determinadas posturas… ese es un tema que les va a pesar o les va a llevar a malas decisiones”.
Sobre la “agenda de derechos” —como las llamadas “ley de aborto” y “ley trans”— dice que defiende el derecho a la vida como un valor “supremo”.
“Cada uno tiene su libertad de opción, para mí el derecho a la vida es supremo. Eso es lo que defiendo”, dice, y aclara que se trata de una “opinión personal, no institucional”.
De la reforma educativa destaca ante todo la continuidad de la enseñanza desde el preescolar hasta la educación media superior, estableciendo “un hilo conductor” en cuanto a metodologías y contenidos, y que se trabaja en forma conjunta, “sin compartimentos estancos”, aunque sean otros los que suelan salir a hablar públicamente.
Considera que en materia de educación en Uruguay existe una resistencia al cambio “inevitable”. Pero hoy ve “exagerada” la oposición a “todo” lo que provenga de las actuales autoridades educativas. “Parecería que todo lo que propone esta administración es rechazado de plano. Lo que más duele es la intolerancia y no analizar los temas desprovistos de prejuicios”, dice, en referencia a profesores y estudiantes agremiados de Secundaria y Formación Docente.
Sobre su rol en el Codicen, dice que mantendrá su perfil bajo y seguirá trabajando enfocada “a lo social, a los chicos vulnerables y a la discapacidad” de forma más específica que sus colegas.