Incertidumbre y volatilidad. Según repitió Mario Bergara cerca de una decena de veces —durante una disertación de poco más de una hora—, eso caracterizará al panorama económico actual y futuro, al menos por un tiempo. Dentro de esa realidad, un mapa de riesgos para Uruguay elaborado por el Banco Central (BCU), el organismo que preside, ubica en primer lugar una eventual complicación en los países vecinos.
Bergara habló el lunes 14 en un encuentro de representantes para las Américas de la Alianza Cooperativa Internacional que se desarrolla desde ese día y hasta este viernes 18 en el hotel Radisson Victoria Plaza. El jerarca hizo allí un análisis de la coyuntura económica global y repitió que ve a Uruguay con fortalezas.
Sobre los países avanzados dijo que no están siendo, ni serán a corto plazo, el “motor” del crecimiento mundial.
Estados Unidos (EEUU) tuvo un “repunte”, pero “más lento, más frío de lo que se esperaba”. Por ello una marcha atrás en la política monetaria expansiva que viene aplicando desde 2008 no parece inminente: “Quizás pueda subir la tasa de interés en diciembre, por razones más políticas que por fundamentos de la economía norteamericana”, señaló.
“Afortunadamente” para Uruguay, las tasas de interés no van a llegar, “seguramente por muchísimo tiempo, a lo que estaban hace 10 años”, agregó. Según el jerarca, para alcanzar niveles de 2% “todavía falta bastante” y se irá a “3, 3,5% como tasa de largo plazo”, por lo que el financiamiento continuará “siendo relativamente barato”.
“A la larga las tasas de interés van a subir y el dólar se va a fortalecer. Pero está lejos de ser un movimiento lineal” y todo será “pura volatilidad”, advirtió.
Es que además de la recuperación todavía lenta de EEUU, el triunfo de Donald Trump agrega incertidumbre, comentó al pasar. “No creo que nadie tenga claridad sobre el impacto” en, por ejemplo, los negocios, el empleo, la demanda o las “características financieras” a partir del resultado de las recientes elecciones en EEUU, indicó. Y agregó: “Si algo sacamos (en claro) es la reafirmación de dos palabritas: incertidumbre y volatilidad”.
En un informe difundido esta semana, el banco de inversion J.P. Morgan aseguró que si bien es prematuro extraer conclusiones categóricas, la victoria de Trump profundiza la perspeciva hacia un mayor crecimiento económico y más inflación en EEUU. Pero, en contraste, puede haber impactos negativos para México y parte de Asia.
Acerca de Europa, Bergara dijo que ve por delante una década de “letargo” y para “Japón lo mismo”.
De los llamados Brics “van quedando China e India”, y son los que hacen que “más o menos se sostengan los precios de algunos commodities”, señaló el presidente del BCU. Matizó sobre China que hay “dudas” respecto a la “verdadera fortaleza” de su sistema financiero, pues se sabe que el crédito equivale a dos veces y media el Producto Bruto Interno del país, un guarismo “muy significativo”.
Las otras economías que componen la sigla Brics son Brasil —que “se ha debilitado mucho”, apuntó—, Rusia y Sudáfrica.
Riesgos y “fortalezas”
Sobre Brasil y el otro vecino se explayó un poco. Dijo que traen para Uruguay algunas noticias positivas y otras negativas en el corto plazo. “Hace un lustro que no crecen decentemente y Brasil, de hecho, viene cayendo de manera importante”, comentó. A eso se suman problemas fiscales.
La buena noticia proveniente de Argentina es que su gobierno ha ido desmantelando medidas que limitaban el comercio, pero enseguida acotó que algunas “han recrudecido” recientemente.
En resumen, dijo Bergara, “los riesgos en la región siguen latentes”.
De hecho, eso está reflejado en un mapa de riesgos elaborado por el BCU y que comentó durante su exposición. Explicó que se asignaron probabilidades de ocurrencia a cuatro “posibles desastres” o “shocks catastróficos”, y también se evaluó el eventual impacto que tendrían sobre Uruguay para testear su resiliencia. En el powerpoint eso quedó graficado en dos ejes y un degradé de colores, donde el verde es el escenario más benigno y el rojo el peor.
Uno de dichos shocks hipotéticos es que ocurra una volatilidad financiera mayor a la actual, que “ya es bastante grande, y después del martes (8, el día de las elecciones en EEUU) aún más”, dijo Bergara. La probabilidad, según el BCU, es “medio-baja” y el impacto “bajo”.
El segundo riesgo es una “fuerte desaceleración” de la economía china, es decir, ya no al 6,5% de crecimiento actual sino a ritmos de 1% o 2%, indicó Bergara. Su probabilidad es “baja” y el impacto potencial “medio-bajo”.
Tercero, que la región “no logre readecuar sus parámetros económicos y politicos”, y que ello derive en un “fuerte ajuste de precios relativos”, de la actividad, sumado a una “turbulencia financiera”. El powerpoint mostró en este caso un punto a mitad de camino entre el verde y el amarillo, reflejando la probabilidad “media” de ocurrencia y un impacto para Uruguay “medio-bajo”.
El cuarto riesgo analizado por el BCU fue que se produzca un “desanclaje significativo” de las expectativas de inflación. Esto es, no que los precios en términos anuales aumenten por ejemplo un punto por encima del rango meta sino que los agentes económicos dejen de creer en ese “ancla” y se produzca una “perspectiva de espiral” inflacionaria, explicó. La probabilidad de que ello suceda es “baja”, lo mismo que su impacto, conforme con el análisis bancocentralista.
En función de este mapa, Bergara sostuvo que Uruguay está en una “zona de cierta comodidad”, en parte como resultado de la política económica que lleva adelante el gobierno. Dijo que el país construyó “fortalezas” al buscar un “equilibrio de objetivos”. Y comparó: “En otras etapas se era más fundamentalista” adoptando por ejemplo “anclas cambiarias, generando enormes problemas de competitividad que terminaban explotando” y provocando inflación.
Admitió que a veces las circunstancias “obligan” a prestarle mayor atención a algunas variables que a otras. “Hoy nos sentimos más cómodos en la competitividad y la estabilidad financiera, y tenemos que hacer más foco en la inflación y la sustentabilidad de las cuentas públicas”, comentó. En ese sentido, la “adecuación” fiscal que impulsa el gobierno —recortando gastos y aumentando impuestos, entre otras cosas— buscan “dar la señal de que no entra en una trayectoria inadecuada”, dijo.