• Cotizaciones
    martes 04 de junio de 2024

    El Frente Amplio debe construir un “paraguas común” con otros aliados para competir en las próximas elecciones

    Fernando Pereira dice que Cabildo Abierto optó por un camino institucionalista, acusa a Robert Silva de usar su cargo en la ANEP para forjar una candidatura presidencial y compara a los senadores Bianchi y Da Silva con Jair Bolsonaro

    El presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, dice que el debate político no debe cruzar ciertos límites. Pero hay quienes los superan y así afectan la institucionalidad. Dos nombres aparecen rápido en su cabeza: los senadores blancos Graciela Bianchi y Sebastián da Silva. Los ve como lo más parecido al presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, a quien define como una persona “fallida” y un problema para la democracia.

    Pereira dice que cuando él ataca, su objetivo son ideas y no personas. Así, ejemplifica que no cree que el mandatario Luis Lacalle Pou sea una “persona embromada”, sino que aplica “un modelo económico equivocado”. Es decir, añade, “gobierna para los ricos”.

    El expresidente del PIT-CNT dice que el apoyo al Frente Amplio está creciendo y que en parte de debe a que el oficialismo incumple sus promesas electorales. También atribuye el fenómeno a las estrategias que desarrolla su partido para mejorar su despliegue en el territorio y su diálogo con actores de la sociedad con los que había perdido contacto.

    La estrategia hacia el 2024, sostiene Pereira, incluirá repetir experiencias como la del Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría, con el nombre que sea, para montar un “paraguas común” bajo el cual se unan todos los que quieran “cambiar el modelo neoliberal” vigente.

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista que Pereira mantuvo con Búsqueda.

    —¿Qué lectura hace de las elecciones en Brasil?

    —Lula tuvo casi la mitad de los apoyos, 57 millones de votos. Es probablemente la votación en la que tuvo la mayor cantidad de votantes, lo que creo que casi le asegura ganar la elección en Brasil, algo imprescindible para América Latina. Eso no oculta una votación más alta de lo esperado de Bolsonaro; y que se consoliden o que tengan apoyos populares contundentes las derechas latinoamericanas tiene que generar preocupación, ¿no?

    —¿A qué atribuye ese respaldo popular tan grande a Bolsonaro?

    —Hay que estudiarlo. Parecería que para una parte importante del electorado, la tradición, la familia y la propiedad tienen un peso. Y para otra parte del electorado probablemente la campaña clientelar que hizo en el último tiempo también debe haber impactado. Y la tercera cuestión es que probablemente la gente haya adelantado el balotaje a dos candidatos que estaban polarizados. No obstante, las democracias latinoamericanas, no solo la izquierda, deberían mirar estos fenómenos como fenómenos fallidos, ¿no? Son fallas en los sistemas democráticos. No puede haber alguien homofóbico, que desprecia a las mujeres, racista, que tenga una actitud ofensiva todo el tiempo, que tenga igual un apoyo de cerca de 50 millones de votos.

    —Las 50 millones de personas que apoyaron a Bolsonaro no son todas homofóbicas, racistas…

    —No, el fallido es él. Lo que es raro es que alguien tan fallido, tan duro, tan errático en la pandemia —la llamaba gripezinha y se morían miles de personas—, luego tenga un apoyo importante. Partiendo de la base de que igual va a perder la elección, pero es un apoyo importante.

    —¿La democracia tiene un problema?

    —Es una persona fallida, como Trump es fallido. Alguien que no viene del sistema de partidos, que irrumpe a la política con discursos facilistas, lo que hace es tomar atajos, y los atajos lo que hacen es romper la institucionalidad. Probablemente Lula gane el gobierno, pero deberíamos prestar atención a la luz amarilla. Y no solo la izquierda, sino los partidos democráticos en general. La izquierda es una parte de la democracia participativa, pero hay partidos de centro y centroderecha, incluso de derecha, que respetan las instituciones. Claramente Bolsonaro es uno de los que no.

    —¿Eso se puede traspolar a Uruguay en el futuro?

    —Hay algún personaje que dice cosas disparatadas del mismo tamaño que Bolsonaro. El problema es que son senadores y senadoras. Y nos vamos acostumbrando a escuchar barbaries, tomarlas como que “bueno, es ella, es él”. No. Alguien que acusa a un partido de ser financiado por el narcotráfico rompe la institucionalidad, rompe el buen vínculo.

    —¿Está hablando de Graciela Bianchi y Sebastián da Silva?

    —Y algunos más.

    —¿Quiénes?

    —Con esos dos es suficiente. Están muy agresivos. Las cosas que cuelgan en redes sociales son mentiras, lisa y llanamente mentiras. Ofensivas con las personas, no con las ideas. Yo con las ideas doy el debate que quieran. Puede haber una persona que sostenga que a partir del agro todo el Uruguay se sostiene, para mí es parte de una gran mentira, pero puede haber alguien que lo sostenga. Pero cuando habla de tu persona, cuando habla sin conocerte, sin saber, ya no es una idea, es meterte con la moral del otro, es querer dañar la moral del otro. A mí no me va a dañar la moral Da Silva, pero no le hace bien al sistema democrático. No es la primera vez que se lo planteé a Lacalle. Varias veces lo hice. No es un problema de si alguien controla a Da Silva o no, es un problema que es violento.

    —¿Qué respuesta tuvo?

    —No espero respuestas, espero acciones.

    —¿Qué acciones?

    —No sé, por lo menos pedirle que diga la verdad. Te doy un ejemplo: Si vos explicás que no vas a un evento porque tenés a tu madre enferma y ahora todos ya saben que mi madre murió de un tumor, pero las personas lo pusieron en duda, ya no es contra mi persona, te metés con mi vida, con mi familia; no tenés pudor. Cuando el ministro dice que me invitó la asociación rural y que yo me excusé de ir; y ni me invitaron ni me excusé. El problema es que mi madre estaba grave y ese día iban los médicos a hablar conmigo sobre su situación, sobre su diagnóstico, sobre sus posibles tratamientos. Pero a estos locos no les importa ni el dolor. Es que se les fue la moto. Con este mediocampo podés fracturar gente, pero construir consensos nacionales, imposible.

    —¿Ponerlos en el foco no los favorece?

    —Es la institucionalidad la que está en juego. Capaz que en términos de votos nos conviene hacernos los bobos, pero en términos de institucionalidad si esta es la política que queda para el Uruguay del futuro, pobre Uruguay. Si la forma de hacer política que tienen los senadores es denostando, mintiendo, planteando que a Chile y Colombia los financia el narcotráfico, que son narco-Estados, publicando noticias falsas, pobre Uruguay. No es un problema de votos.

    —¿No hay conductas similares en el Frente Amplio?

    —Si las ven, díganme, porque yo llamo en seguida.

    —¿Ha llamado a correligionarios?

    —No he llamado porque no he visto de esa gravedad nunca.

    —Cuando se habla sobre cuál sería el posible espejo en Uruguay del fenómeno Bolsonaro, se suele pensar en Cabildo Abierto; sin embargo, usted habló de dos senadores blancos.

    —Hay algunos ejemplos en Cabildo de posiciones muy duras, ¿no? En defensa de militares que están procesados por delitos de lesa humanidad, por delitos muy graves de violencia. Fomentar que haya una ley para que a los 65 años salgan en libertad, no parece ser una cosa a considerar. También se habla de la ideología de género, se denosta a las mujeres, hay posiciones homofóbicas, todo eso también aparece en Cabildo. Después tratan de arreglarlo como pueden, pero hay posiciones conservadoras. Igual no están al nivel de Bolsonaro, que bate todos los récords; sería ofensivo compararlos. Los partidos institucionalistas en el Uruguay dialogamos, conversamos, generamos vínculos y, a mi parecer, Cabildo ha intentado colocarse dentro de la política institucionalista, y eso es una buena señal. Luego tienen dichos y hechos que son duros de sostener, que seguramente con el tiempo los irán modificando.

    —¿Cabildo se institucionalizó?

    —Al parecer. Intentó generar un diálogo de tipo concertación para políticas de mediano plazo que a mí me pareció interesante. Le rompieron el plan inmediatamente, le respondieron que no el Partido Colorado, el Partido Independiente…

    —¿Ustedes estaban dispuestos a apoyar la idea?

    —Nosotros estábamos dispuestos a conversarla, pero claramente si es una política de todos los partidos. Un mano a mano con Cabildo Abierto no tiene sentido. Podemos conversar mano a mano sobre proyectos de ley, como lo hemos hecho. Tiene sentido si hay algo que uno proyecta para 20 años y es una política que todos los partidos asumen como propia. Por ejemplo, nosotros propusimos el combate frontal a la pobreza infantil, ellos propusieron el fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas. Todos esos temas, dentro de nuestro interés, están.

    Guido Manini Ríos y Fernando Pereira, reunidos en la Huella de Seregni, setiembre 2022. Foto: Pablo Vignali / adhocFOTOS

    —¿Le sorprende tener este diálogo más fluido con Cabildo que con los partidos fundacionales?

    —No entiendo cuál fue el apuro de los partidos para decirle que no. Debe ser una visión más electoralista que de futuro. Nosotros dialogamos bien con las autoridades del Partido Nacional, el Partido Colorado y el Partido Independiente, pero es claro que tienen una posición hostil contra el Frente Amplio. Lo que los une no son las ideas, es intentar que el Frente Amplio no gobierne; en un momento era sacarnos, ahora es intentar que el Frente Amplio no vuelva a gobernar.

    —¿Cree que Cabildo no está en esa posición?

    —Puede ser que esté, pero acá tuvo una conversación razonable. Hay temas que el Uruguay no logró resolver y que son prioridades. ¿Por qué el resto de los partidos dijo que no? No lo puedo responder, pero calculo que son más cuestiones de campaña electoral que empezaron el primero de marzo de 2020 que otra cosa. Hay una campaña instalada desde el primer día que asumieron.

    —¿Blancos y colorados están en campaña?

    —Sí, desde el día que asumieron. La velocidad en la que va la reforma educativa, sin plan piloto ni presupuesto, no tiene ninguna otra explicación más que potenciar un candidato político. Firmaron en campaña electoral un documento de Eduy21 para cambiar la educación, que estaba presupuestado en 550 millones de dólares, pero como resultado le quitaron a la educación 130 millones en los primeros dos años. Quisiera saber cómo se hacen reformas sin dinero. Porque es verdad que a veces con dinero no transformás todo lo que querés, pero sin dinero seguro que no podés.

    —¿Robert Silva está usando la ANEP para ser candidato?

    —Desde mi punto de vista, sí. Podré equivocarme y si me equivoco, solicitaré disculpas.

    —Si quiere ser candidato, tendría que renunciar en poco tiempo.

    —Por eso el apuro.

    —¿Debería ampliarse el plazo de la prohibición para postularse a una elección después de haber ocupado un cargo en la ANEP, como ocurre con el BPS?

    —Sí. Porque si no, terminás gobernando a partir de un interés personal y no de un interés colectivo.

    —¿Qué está haciendo el Frente Amplio para mejorar su última performance electoral?

    —El Frente Amplio viene trabajando sin pausa y sin prisa en programas de fortalecimiento de su organización, y lo va a seguir haciendo. Por un lado, con El Frente Amplio Te Escucha, hasta finales del año que viene; por otro lado, la Comisión de Programa trabajando; por otro lado, llegar a 500 comités antes de fin de año; por otro lado, fortalecer al Frente Amplio en Buenos Aires. Ninguna de estas líneas se va a interrumpir porque queremos construir una organización que sea capaz de ganar en 2024 en primera vuelta. ¿Es posible? Es posible. ¿Es fácil? No, es posible. Hoy la última encuesta de Equipos le da al Frente Amplio 41% y a toda la Coalición junta 42%. Eso no sucedía hace cinco años. Hoy nos da por arriba de lo que votamos en primera vuelta en 2019 y seguramente vamos a seguir creciendo.

    —Astori dijo en una entrevista con Búsqueda que el Frente Amplio debía aggiornar su estructura y perfil ideológico.

    —Y lo estamos aggiornando. El Frente Amplio que habla con los productores agropecuarios, con los empresarios, con los comerciantes, con los cooperativistas, con los sindicatos, con las iglesias, es un Frente Amplio que amplía su base.

    —¿La estructura de toma de decisiones debería cambiarse?

    —No le veo demasiado problema.

    —¿Los comités de base funcionan?

    —Hay un libro que presentaron hace días Rosenblat, Pérez y Piñeiro que da cuenta del valor que tiene esa militancia para la fortaleza del Frente Amplio. Yo lo comparto. Luego, si necesitamos comités que funcionen de otra manera, también lo comparto. ¿Precisamos más comités? Sí. ¿Precisamos en cualquier lugar? No. Precisamos en zonas de la periferia de Montevideo donde hay menos y en lugares del interior donde no tenemos. Estamos yendo en esa dirección: empezamos con 385 locales y hoy hay 440. Es posible decir que en diciembre vamos a tener 500.

    —¿A qué atribuye que la encuesta de Equipos ubique al Frente Amplio en ese 41%? ¿Está pagando el oficialismo el costo de gobernar?

    —Lo primero es que el gobierno le falló a la gente. Un gobierno que te promete no bajar los salarios, no bajar las jubilaciones, no subir los impuestos, construir 50.000 viviendas, no aumentar los combustibles ni las tarifas, no cambiar la edad jubilatoria de los que ya están trabajando, y luego incumple todas las que estoy nombrando, obviamente que va perdiendo credibilidad. Y, por otro lado, hay un conjunto de decisiones que no se tomaron durante la pandemia. El Frente Amplio protestó por falta de políticas sociales, que luego llevaron a que 100.000 uruguayos cayeran por debajo de la línea de la pobreza, cuando se requería invertir 270 millones de dólares. Estas son dos formas de ver la política, diferentes. Yo no creo que el presidente sea una persona embromada, para nada. No lo creo. Probablemente muchos compañeros míos sí lo crean. Creo que tiene un modelo político equivocado, que cree que si el Uruguay crece, va a desparramar, y cuando desparrame la situación uruguaya va a ser mejor. Ya el producto está por encima de 2019 y la pobreza infantil creció, y las personas por debajo de la línea de pobreza son 72.000 más de las que había en 2019, los salarios de los trabajadores bajaron. Y eso es dinero que se le sacó a la masa de trabajadores para pasárselo a alguien. Se desdibujó la justicia social. Terminar gobernando para los ricos, los más poderosos. Si hay un sector que acumula 3.000 millones de dólares y otro sector que pasa a estar por debajo de la línea de la pobreza, la culpa no la tendrá el Frente Amplio.

    —La popularidad del presidente sigue siendo alta.

    —Vamos a ver. Llegó a tener 65% y ahora está 20 puntos abajo.

    —El presidente Vázquez, a esta altura de su segundo gobierno, tenía mucho menos.

    —Puede ser. Por qué sucede, no lo sé, se verá. En los últimos meses (Lacalle Pou) ha cometido errores importantes que le bajan esa popularidad, muchos más errores que en todo el resto del período.

    —¿Cree que va a bajar más su popularidad?

    —El tema del pasaporte a Marset es imposible de entender. No hay ninguna excusa que sirva para tapar semejante error. Haber cambiado y perforado la política antitabaco… Se puede entender a la empresa, lo que no se puede entender es que se perforen las políticas de salud. El tema de Astesiano es una herida en el pie, porque es ni más ni menos que el que está a tu lado, el que te cuida, que tiene 30 indagatorias distintas. La pregunta que cualquiera se hace: ¿colocarías al lado tuyo a una persona que tiene 30 indagatorias? No el presidente, cualquier persona que necesite a alguien que lo proteja. Yo creo que no.

    —¿El objetivo es que el Frente Amplio supere el 50% y gane en primera vuelta?

    —No, la mayoría parlamentaria. No necesariamente es ganar en primera vuelta. Solamente ganamos una vez en primera vuelta, la primera.

    —¿Y el hecho de que estén definidos los dos bloques no es perjudicial para el Frente Amplio?

    —Hay que ver qué hacen ellos. ¿Cómo se van a presentar a la elección? ¿Se presentarán como coalición? Dependerá de la votación. Pero la última vez votaron separados y llegaron al 56%. Cuando fueron a la segunda vuelta fue un empate. Perdieron ocho puntos entre la primera y la segunda vuelta. Qué va a pasar en esta elección, nadie lo sabe. Pero claramente el Frente Amplio está en mejores condiciones de competir que lo que estaba en 2019. No solo por las encuestas, que también son importantes. Uno eso lo percibe y lo intuye.

    —Ha cuestionado muchas veces la excesiva cantidad de sectores que hay dentro del Frente Amplio. ¿Siente que se está teniendo en cuenta esa crítica?

    —Hay algunos datos que muestran esa realidad. Desde mi punto de vista, deberíamos ir hacia menos sectores. No es impedirle a nadie la participación, es que el Frente Amplio mida como su posible paraguas una cantidad de sectores más adecuada. De la misma manera, debería plantear acercarse a sectores que hoy no están en el Frente Amplio. Toda la izquierda, como bien dijo Fernando Amado, no está en el Frente Amplio, entre ellos el propio Amado. Cómo se construye una política de alianzas es una cuestión que debería empezar ya el Frente Amplio. Y que de hecho lo va a empezar rápidamente.

    —¿Reeditar el Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nueva Mayoría?

    —Cómo se llame, no sé, pero que sea un paraguas que no obligue a nadie a ingresar al Frente Amplio para intentar cambiar el modelo neoliberal. En su momento fue Nin Novoa e incorporaciones valiosas como Víctor Vaillant o tantos otros que enriquecieron al Frente Amplio. Hay quienes, como Amado, no se sienten parte del Frente Amplio, pero tienen que tener un paraguas común que los albergue. Esto es una discusión que tenemos que dar, como él mismo la ha planteado y como nosotros creemos que tenemos que hacerlo. No lo hemos resuelto, pero lo hemos planteado. Hay gente de Cabildo Abierto, el Partido Colorado y el Partido Nacional que cada semana nos llama para incorporarse de alguna manera a ser la alternativa a lo que ellos consideran un modelo conservador y neoliberal. Tiene que haber un lugar que nos ordene y nos amplíe. No solo electoralmente, sino porque tenemos que juntar a toda la izquierda. Y eso supone actos de generosidad, por lo mismo que dijo Amado, porque no todos los que tienen una idea de desarrollo productivo y justicia social están en el Frente Amplio, por llamarlo de la manera más corta.

    —¿Ve un paraguas gigante con Cabildo Abierto?

    —No con el Cabildo de hoy. Hay temas que nos diferencian y no nos vamos a poner de acuerdo. Eso no quiere decir que muchos cabildantes no entren al Frente Amplio, ni que ya miles de cabildantes o agrupaciones hayan pedido ingresar al Frente Amplio. Capaz que se fueron en la anterior y están volviendo ahora. Pero tenemos una diferencia muy dura con el tema de los derechos humanos. Tampoco es que los votos de Cabildo Abierto no sean libres. Todos los votos son libres y vamos a pelear voto a voto, y vamos a intentar hablar con todos los que participaron de la elección o tienen un descontento. Y eso es un paraguas más grande que el Frente Ampio hoy.

    —¿Y también irían por la izquierda más radical, como Unidad Popular?

    —Por supuesto. Si es posible o no, nadie lo sabe, pero que hay que hablarlo, no hay duda. La única esperanza de alternativa al modelo neoliberal se llama Frente Amplio, y cómo se potencia eso, habrá que ver las mil maneras de hacerlo, pero en principio no descarto a nadie y mucho menos a alguien que proviene de la izquierda.

    • Recuadro de la entrevista

    Si es gobierno, FA derogará artículos de la LUC

    Contratapa
    2022-10-05T18:30:00

    FUENTE: nota.texto7