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    El Maciel pasó del “caos asistencial” a la “normalidad”, dice su director

    Gerardo Eguren espera que el Hospital del Cerro les “aliviane” los servicios de emergencia

    A Gerardo Eguren le tocó asumir la dirección del Hospital Maciel en medio de un panorama complejo. Según cuenta, lo que encontró tras la remoción de su antecesor Aníbal Dutra fue un “caos asistencial” con deudas, atrasos en las cirugías, un conflicto con los anestesistas y el tomógrafo y el angiógrafo sin funcionar.

    “Estábamos en —8, y yo creo que ahora estamos en cero, en el punto de equilibrio”, resume al repasar cómo en los últimos cinco meses empezaron a encaminarse soluciones a la mayoría de esas situaciones. A pesar del contexto crítico del que partió, se permite una broma: “Más estrés tenía cuando era el presidente del Casmu: ¡acá no tengo que pagar sueldos!”.

    Eguren señala varios contrastes en la estructura más que bicentenaria de Maciel, el “buque insignia” de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE). Conforman su universo usuarios de los seguros privados —que son enviados a su Instituto de Medicina Altamente Especializada (IMAE) hematooncológico— y personas en situación de calle —para las que incluso han elaborado un protocolo de atención en caso de que sean víctimas de agresiones en la calle—. El centro tiene 13 especialidades quirúrgicas, y es referencia nacional en seis de ellas. Es un centro de agudos pero el 8% de sus camas de cuidados moderados están ocupadas por “pacientes sociales”: aquellos que no tienen más adónde ir.

    “Yo siempre digo que me mandaron a Ucrania y estoy pidiendo municiones”, vuelve a bromear Eguren, quien cree que la próxima inauguración del Hospital del Cerro puede descomprimir la operativa de emergencia del Maciel.

    El presupuesto con el que cuenta para este año es de unos $ 980 millones y, según sus cálculos, hubiera requerido $ 80 millones más. Para la Rendición de Cuentas pidió unos $ 133 millones, tal como informó la diaria en marzo, pensando en infraestructura médica y edilicia. En lugar de eso, el proyecto prevé un centro diurno para adicciones y patologías psiquiátricas. No lo hará público, pero es notorio que esperaba otros instrumentos.

    Lo que sigue es un resumen de la entrevista que el cirujano Eguren mantuvo con Búsqueda.

    —Asumió el 1º de marzo y ya tuvo que gestionar una auditoría pedida por ASSE, que detectó irregularidades en compras y contrataciones innecesarias. Su antecesor se fue en medio de un conflicto con los anestesistas. ¿Siente que sigue atajando penales, como dijo una vez?

    —Sigo en eso. En un hospital se vive atajando penales, algunos muy cerca del arco y otros más lejos. Al asumir había un conflicto con los anestesistas, se rompió el tomógrafo, el angiógrafo, había 650 cirugías postergadas, de las cuales 240 estaban fuera del plazo de 180 días estipulado por ley para su programación. Solo funcionaban dos salas de cirugía, de urgencias y de emergencias, de las ocho que hay. Hoy hay seis funcionando, más la del angiógrafo, que yo la considero una más. La otra está en proceso de licitación. Era un desafío. Yo conozco y quiero y sufro al Maciel desde hace más de 30 años. Es como cuando asumí la presidencia del Casmu, ¡solo que acá no tengo que pagar sueldos! Logramos negociar con los anestesistas, cosa que no se ha logrado en otros hospitales. Por caso, todavía no se anotó nadie en el (Hospital del) Cerro. Acá hicimos un llamado para 30 cargos y se presentaron 28; faltarían dos más para tener completo el equipo de anestesistas. Es importante porque el Maciel básicamente es un centro quirúrgico de alta complejidad. Hay técnicas que en Uruguay solo se hacen acá.

    —¿Fue muy complicado llegar a un acuerdo con los anestesistas?

    —Sí, porque había un conflicto no declarado. Era un tema económico y un lío interno. No se olvide que en el gobierno anterior había anestesistas que cobraban doble o triple que el resto, con distintas guardias. Era una bomba que podía estallar en cualquier momento acá, donde se atiende la población más vulnerable.

    —También se hizo sumarios a cinco integrantes del equipo del exdirector Álvaro Villar, se removió la Comisión de Apoyo. ¿Hay algo endémico acá que hace que sean habituales las irregularidades?

    —No, no creo que sea endémico. Hubo otras gestiones excelentes, sin sumarios ni nada. Hubo funcionarios que fueron separados del cargo y estaban trabajando muy bien. Yo prefiero no opinar en estos casos porque hay sumarios en marcha.

    —¿Qué representa el Maciel en el Sistema Nacional de Salud?

    —Es un hospital quirúrgico y el buque insignia de ASSE, como lo definió (su presidente, Leonardo) Cipriani y yo comparto. Acá hay 13 especialidades quirúrgicas y la mitad son de referencia. Hay técnicas que no se hacen siquiera en el sector privado. El centro de cirugía torácica está acá, el centro de arritmia, el de trasplante de médula ósea con donante no relacionado, el IMAE de diálisis, que tiene la particularidad de que también es un centro nocturno, 17 sillones trabajando a full. Ahora con el angiógrafo vamos a hacer trombectomías con pacientes vasculares encefálicos. En teoría, además, si dividimos a todo el país en dos, por Ruta 5, atendemos a todo el oeste. Digo en teoría porque también nos llegan pacientes de Melo, de Treinta y Tres. Tenemos unas 270 camas de cuidados moderados; 300 si se le suman las de diálisis y el IMAE de hematooncología, donde se trata a 630 personas.

    —No solo atienden población vulnerable.

    —No. No voy a decir los nombres, pero hay seguros privados que mandan acá a sus pacientes al IMAE hematooncológico. Y, sobre todo por los costos, cada vez más gente de clase media opta por ASSE.

    —Al momento de asumir, el Maciel tenía una deuda de $ 60 millones. ¿Se pudo pagar?

    —Sí. Hubo que hacerlo porque, si no, los proveedores no nos iban a dar más oxígeno. Ahora, sigue habiendo deudas, como al proveedor del tomógrafo. Esperamos tener algún respiro en la Rendición de Cuentas.

    —Entre tantos penales, ¿pudo hacer alguna obra?

    —Estamos arreglando la Sala Dighiero, donde se llovían los baños y ahora son dignos. Como pendiente, hay un centro de diálisis por calle Washington que se va a financiar entre la Comisión de Apoyo y ASSE. Hay una Comisión de Inversiones para hacer la Sala Padre Ramón en el segundo piso, para internaciones. Hay cuatro camas más de CTI por el Plan Invierno.

    —¿Cuántos son hoy los pacientes “sociales”?

    —Son 17 o 18, será el 8% del total de camas de moderados. Se terminan quedando cuatro o cinco meses. Incluso hay una venezolana que hace un año y medio que está acá, se agarró Covid, tuvo un problema con el CTI en el que estaba, que no era acá, se le acabó el seguro. Hay quienes ya tienen el alta y… no los puedo correr a la calle. Hemos hablado con el Mides (Ministerio de Desarrollo Social), con la Comisión de Apoyo, con otros hospitales… Esta termina siendo su casa, reciben comida, y esa no es la función de un hospital de agudos, eso hay que resaltarlo. Lo cierto es que no hay solución, a menos que otro lugar los quiera, lo que es muy difícil.

    —¿Y qué pasó con el angiógrafo? Costó una fortuna y se usó muy poco. ¿Sigue siendo una Ferrari sin uso, como dijo Cipriani?

    —La Ferrari ahora está funcionando, desde hace un mes y medio. Está andando, por ahora a capacidad media porque las cirugías se están retomando de a poco. Era un tema de un software que tuvo que venir desde Alemania. Vamos a tocar madera para que siga andando…

    —También se rompió el tomógrafo a poco de asumir usted.

    —Tuve todas las malas… Ahora está andando. Hay una investigación interna para saber qué pasó (N. de R.: se estima que la rotura fue por una mojadura durante una limpieza).

    —¿Lograron ponerse al día con el atraso de cirugías?

    —No, la verdad es que no. En las cirugías oncológicas sí. Estamos esperando que lleguen más carros de anestesia para hacer cirugías ambulatorias, sobre todo para pacientes laparoscópicos que tengan cómo desplazarse y vivan a unos 30 minutos de acá. Pero la foto de hoy (31 de julio) dice que hay 513 operaciones postergadas, de las que 125 pasaron el plazo de los 180 días.

    —Es una mejora con el inicio de su gestión, ¿pero alcanza para sentirse satisfecho?

    —Bueno, estábamos en –8 y ahora creo que llegamos a cero, al punto de equilibrio. Hay que seguir mejorando. Esto no se detiene nunca. Al llegar encontramos un caos asistencial desde todo punto de vista. Se había terminado la pandemia y no había actividad normal. Estamos volviendo a la normalidad. Y queremos más normalidad.

    —A fines de octubre se va a inaugurar el Hospital del Cerro. Uno de sus objetivos, según las autoridades, es descomprimir la emergencia del Maciel, con blocks para politraumatizados por accidentes en los accesos o heridos por hechos de violencia, ¿ustedes están muy tensionados?

    —Desde el punto de vista quirúrgico, sí. No se olvide de que ese hospital está pensado para atender una población de entre 120.000 y 150.000 personas y el Maciel georreferencia a todo el oeste del país. El resto va al Pasteur o al Clínicas. Cirugías de coordinación hacemos entre 60 y 70 a la semana, de 8.00 a 18.00 horas; de urgencia y emergencia, más de 150, durante 24 horas. El Cerro descomprimiría esa parte. Lo que no se pueda solucionar ahí vendría para acá.

    —Usted es cirujano. El Hospital del Cerro no tiene tomógrafo. ¿Qué se puede hacer sin él?

    —Una cirugía, atender a un baleado, algo se puede hacer. Cuando estaba en la Dirección de Cirugía (de ASSE, antes de asumir en el Maciel) yo había pedido un tomógrafo para el Cerro. Había insistido. No sé en qué quedó. Aunque sea alguno de baja resolución se debería tener.

    —Habló de la Rendición de Cuentas, ¿espera algo? Habían pedido $ 133 millones pero lo único que aparece para el Maciel son unas plazas más para desintoxicación.

    —Es más que eso, es un centro diurno. Nosotros habíamos incluido un artículo, elevado a ASSE, donde pedíamos que volviera a esta unidad ejecutora el dinero que se recaudaba con los seguros, con la gente que viene a atenderse desde el puerto, que no fuera a Rentas Generales. Bueno, el artículo desapareció en el camino… Ya está… Vamos a tener un centro diurno para adicciones y patologías psiquiátricas, para 18 o 19 personas, en un lugar grande por calle Lindolfo Cuestas (N. de R.: es donde funcionaba el restaurante Lindolfo). No es tanto un centro de desintoxicación sino de ayuda, con talleres.

    —¿No haber obtenido lo que pidió le causa malestar?

    —(Piensa la respuesta) Malestar no, porque se saben las condiciones en las que está el país… Sí creo que habría que haberle dado más recursos a toda la salud, no solo a la salud mental y las adicciones. Es un tema candente que se ve a diario, pero también habría que haber destinado dinero a la renovación de tecnología. No es mala la que hay, pero hay que modernizarla. Acá hubiese invertido en block quirúrgico, en torres laparoscópicas, mejorar la infraestructura edilicia, y terminar la emergencia, que nos está quedando chica. Por eso tenemos esperanza de que el Hospital del Cerro nos aliviane un poco.

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