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Si hubo un punto que ninguno de los presentes discutió el miércoles 19 y jueves 20 es que el Mercosur, como proyecto de integración, tiene problemas y necesita “cambios” para adaptarse a las necesidades de sus países miembro y para ocupar un lugar relevante en el mundo. Buena parte de los análisis realizados por académicos, diplomáticos y políticos de Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile y México en las “Segundas Jornadas Internacionales. Prospectiva de la integración regional en América Latina”, respondieron a la idea de que el bloque debe ser “repensado” y hasta “rediseñado” desde su base, para salir de la “trampa” en la que entró al mantener su esquema original de unión aduanera, por temor a que no cumplir con sus reglas significara “retroceder”.
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“Es un buen momento para plantearnos qué Mercosur queremos si es que nos deja tan insatisfechos. Yo conté algo así como siete relanzamientos del bloque en estos 20 años, cinco agendas estratégicas o planes de trabajo y más de 40 cumbres de presidentes del Mercosur. Aun así, no ha sido posible concretar cambios”, dijo al abrir el panel “Cambios visibles y deseables en el Mercosur” el director de Proyectos de la Fundación Friedrich Ebert en Uruguay, Álvaro Padrón.
Más adelante, el argentino Fernando Porta —académico e investigador principal de Redes, un centro de estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior de Argentina— manifestó que el bloque “evoluciona en el marco de paradojas e insuficiencias que debilitan el impacto” que su agenda podría tener, que en la actualidad es sobre todo “comercial” y como consecuencia de ello, “superficial” en cuanto a integración.
“Hasta el conflicto comercial más minúsculo debe resolverse casi en instancias de diplomacia presidencial”, manifestó Porta como ejemplo de las debilidades del bloque.
“Salir de la trampa”.
Tras enumerar varios problemas del Mercosur, el académico aseguró que la clave es que “el diseño es incompatible con la actual visión y los paradigmas que se están discutiendo en la región”. “Imagínense si empezara hoy la negociación por el Mercosur. El formato resultante sería bastante diferente del formato original”, agregó.
A su juicio, “es necesario una redefinición profunda”. “No es un tema de relanzamiento, de emparchamiento. Es rediseñar ciertas lógicas de funcionamiento”, indicó.
Según dijo, “hay que romper con esa idea de que si se abandona el proyecto de unión aduanera pura se retrocede”. “Tenemos que salir de la trampa de avanzar por donde no se puede. Estamos en una trampa porque creemos que las reglas deben ser cumplidas y si no se cumplen se genera incertidumbre”, reflexionó.
En una de las exposiciones centrales, el presidente José Mujica coincidió al explicar que el Mercosur “debió usar la moda del momento” en el que nació, en el que predominaba el “neoliberalismo”.
“La magia (de ese entonces) construyó un andamiaje jurídico al cual hoy no respetamos, como si no existiera y tendríamos que hacernos la pregunta de por qué. Porque no nos sirven —remarcó—. Tendríamos que darnos cuenta que las leyes están para servir a los hombres y si no sirven hay que hacer nuevas cosas y no vivir a regañadientes con una realidad que no va a cambiar”.
Pese a la “crisis de carácter jurídico” y a que “el Estado nacional está jugando” en contra de “las ideas de real integración”, el Mercosur “va caminando”, dijo.
El embajador de México en Montevideo, Cassio Luiselli Fernández, comentó que siempre se “pregunta” por el rol del Mercosur en el nuevo contexto internacional multilateral y añadió que su país se planteó de forma “apresurada” tener participación ya que no tiene “por qué estar” allí.
En tanto, el economista José Manuel Quijano concluyó que el Mercosur ha aplicado “una modalidad de apertura inversa”. “Apertura importadora con políticas cambiarias funcionales a las importaciones de bienes, y castigo a las exportaciones. Ese es un serio problema para el proyecto de integración” que debería “ser repensado”, advirtió.
“Algo más”.
Aunque sostuvo que “las críticas al Mercosur están a la orden del día”, el director nacional de Industria, Sebastián Torres, afirmó que los mayores problemas responden a la falta de tiempo de los “procesos de integración”.
“El Mercosur tiene 20 y poquitos años de conformación y los Estados que miran a la integración desde lo económico pero también desde lo político, social y cultural, que creen que con la integración se debe hacer algo más que intercambiar mercancías, han llegado a la región sobre todo en los últimos diez años”, expresó, en alusión a la serie de gobiernos declarados de izquierda que se instalaron en la región en los últimos años.