—Las encuestas muestran una mayor fragmentación de partidos y una creciente posibilidad de que varios ingresen al Parlamento. ¿Le preocupa que el Partido Independiente pierda la banca del Senado?
—Nosotros sufrimos un par de traspiés. El primero fue haber intentado armar un proyecto que no funcionó (La Alternativa), esas cosas generan costos, y el segundo fue haber dejado pasar la interna sin ningún tipo de actividad, con lo cual nos generó una especie de pérdida de lugar en el escenario. A partir de que el partido definió una línea estratégica clara, estamos en un proceso de crecimiento y la verdad es que estamos muy convencidos de que el partido no solo va a mantener su bancada parlamentaria, en cuanto a la cantidad de legisladores, sino que probablemente la superemos. Creo que hay una elección muy distinta a otras en Uruguay. Es una elección con una alta volatilidad, con gente que no tiene definido el voto. Y uno ve los vaivenes en las encuestas, ellas tienen dificultades para medir adecuadamente la realidad, y lo que sentimos es un proceso de crecimiento y consolidación.
—¿Qué análisis hace del porqué de esa alta volatilidad del votante? ¿No hay una relación entre eso y la proliferación de partidos?
—Creo que la volatilidad tiene que ver con el final de una época. El país se está enfrentando a un momento de cambio, de cambio con respecto a tres períodos seguidos de una situación extremadamente estable, con el gobierno del Frente Amplio con mayoría absoluta. Eso se termina. Hay una sensación de agotamiento del proyecto del Frente, que no tiene capacidad de respuesta, que no ha logrado satisfacer los problemas que tenía planteado hace cinco años. Y además hay un desgaste de la política, una sensación de desconfianza de la gente en los partidos y los políticos. Las dos cosas juntas generan esta situación. Creo que la aparición de nueva oferta es más consecuencia que causa. Por eso creo que es muy importante dar señales firmes de que no alcanza con cambiar la educación, recuperar la seguridad, la competitividad y el empleo, sino que hay que dar una señal muy fuerte de transparencia y firmeza en cuanto a que la política se haga de una manera que recupere la confianza de la gente.
—Ustedes aspiran a mantener la banca, porque como se dieron las instancias electorales…
—La aspiración es crecer, es tener una bancada mayor. ¿Cuánto mayor? Veremos, pero el piso nuestro es mantener la representación.
—¿Pero hoy no están más cerca del piso que del techo?
—Hoy estamos en una situación en la que la perspectiva es que hay mucha gente indecisa y que esa gente, desde el punto de vista ideológico de sus ideas, está justo en el lugar que estamos nosotros. Toda la gente que dice que el Frente no da para más, pero a su vez tiene desconfianza en los partidos tradicionales y no es de derecha para votar a Manini Ríos, esa gente, que es mucha, dice que acá hay una garantía para que el cambio sea un cambio hacia adelante y que salga bien, que sea un cambio con sensibilidad y transparencia. Entonces, nuestra convicción es que ahí va a explotar un voto que el Partido Independiente va a obtener en este mes que falta y que nos va a permitir un crecimiento importante.
—A diferencia de otras campañas, el Partido Independiente anunció que en segunda vuelta no apoyará al Frente Amplio.
—Llegamos a la conclusión de que realmente un cuarto gobierno del Frente Amplio no le hace bien al país. El Frente Amplio no cumplió las promesas que formuló en el 2014, nos dijo que iba a cambiar el ADN de la educación y no le tocó ni un gen. Dijo que iba a recuperar la seguridad y que eso se cristalizaba diciendo que iban a reducir en un 30% las rapiñas y las rapiñas van a terminar un 40% por encima. Dijeron que iban a bajar el déficit fiscal a un punto y lo van a dejar en el 5%. Promesas, nada. Y encima se genera un freno a la economía, de pérdida de competitividad del sector productivo, de aumento del desempleo y no hay medidas potentes para revertir eso. Desde el punto de vista de las políticas, fracaso. Desde el punto de vista ético, bueno, una colección de irregularidades, de situaciones que terminan en la Justicia. El colmo de eso es que cuando el diputado (Daniel) Placeres renuncia a su banca convocado por la Justicia por corrupción, la bancada del Frente Amplio lo aplaude. Cuando aplaudís la corrupción, ya está. Ahí, para nosotros, hay un antes y un después. Pero hay dos cosas más. El tema de la democracia: cuando empezó este período de gobierno Venezuela no estaba en la situación en la que está y nunca pensé que iban a terminar abrazados a Maduro y su corrupción, de manera tal que implica una complicidad que rompe los ojos. Es un escándalo. Y después, este Frente no es el de hace unos años. Es un Frente desequilibrado, en favor de los sectores más radicales. Todas esas circunstancias sumadas hacen decir que no podemos acompañar eso y tenemos que decir que no vamos a acompañar al candidato que representa la continuidad de todo eso.
—¿Pero van a acompañar a otro o se pueden abstener?
—Eso lo mantenemos en suspenso hasta el 28 de octubre, cuando con el candidato más votado de la oposición discutamos una serie de contenidos que nosotros ya tenemos definidos y que son claves para que el cambio sea un cambio hacia el centro, o centroizquierda. Son seis cosas: políticas sociales potentes, distintas a las del Mides, particularmente concentradas en la primera infancia; un conjunto de normas que señalen cuestiones de transparencia y ética pública como la reducción sustancial de los cargos de confianza, que el Tribunal de Cuentas tenga poder de veto cuando se trata de decisiones de entidad patrimonial y recursos para la Junta Anticorrupción; una profunda reforma educativa; un paquete de medidas específicas de competitividad para las micro y pequeñas empresas, vinculadas con la tributación y relaciones laborales; un Ministerio de Medioambiente y una política ambiental de mayor potencia; la garantía de que habrá un esfuerzo en serio en la búsqueda de verdad con respecto a los desaparecidos. Si esos seis componentes son aceptados por el candidato que le tocó ser el más votado de la oposición, el Partido Independiente puede acompañar y apoyar a ese candidato. Es una señal para nosotros y los ciudadanos que nos votaron de que ese gobierno que puede emerger después, va a tener una tonalidad compatible con nuestro planteo socialdemócrata.
—¿Y si en ese bloque también está Manini?
—Nosotros no estamos dispuestos a negociar con Cabildo Abierto. Ahora, si el candidato presidencial acuerda con Manini Ríos, veremos, todo depende de qué cosas se acuerden. Nosotros queremos estar seguros de que, si damos el apoyo, va a ser un gobierno que no se vaya a la derecha, que no será un gobierno conservador.
—Algunos políticos especulan con que Manini podría ser ministro de Defensa en un gobierno de Lacalle Pou. ¿Se imagina que el Partido Independiente integre un gobierno de coalición en ese escenario?
—No, no me lo imagino. Me parece que eso sería un punto difícil para el Partido Independiente. ¿Por qué quería debatir con Manini Ríos? Sería bueno que la gente vea cuáles son las puntas del cambio. Qué pasa con un Manini Ríos fuerte y qué pasa con un Partido Independiente fuerte. Ese era un buen debate, era mostrarle a la ciudadanía que el tema no es solo cambiar, sino qué cambio se viene. Era marcarle a la gente que es importante que el Partido Independiente tenga un respaldo importante para asegurar un cambio hacia adelante, hacia el futuro, un cambio que no deje por el camino conquistas y derechos que han avanzado en estos años y a nosotros nos parece que no hay que revertir.
—El candidato colorado Ernesto Talvi planteaba el otro día que prefiere una mesa chica para negociar, que tendría que ser entre dos la futura coalición. ¿Cómo ve eso?
—Uno registra el cambio de posición. Él arrancó después de la interna hablando de una mesa de tres, sus razones tendrá para achicarla a dos. Lo que sí creo es que lo más importante en una coalición es que los socios sean confiables. ¿Qué quiero decir con eso? Partidos probados, con trayectoria, que no van a negociar por cargos, que van a acordar por propuestas y principios; porque el país que tenemos por delante está bien complicado y una coalición que va a integrarse por varios partidos necesita estabilidad y la estabilidad implica confiabilidad. Nosotros hemos dado muestras de eso. Somos un partido serio, responsable. Y si acordamos algo, le metemos para adelante. Eso es muy importante para una coalición en un país complicado.
—¿Hay que acordar paso a paso o un paquete de medidas?
—Eso depende de quién resulte electo presidente. El que gana es mano y es el que define el juego. Gobernabilidad siempre vamos a dar. Ayudar a que el país salga, siempre. Y si le toca ganar al Frente, tampoco vamos a ser necios y como no lo votamos... siempre vamos a dar gobernabilidad. Cosas que nos parecen bien, las vamos a acompañar. Ese es un nivel de acuerdos puntuales. Pero cuando hablamos de coalición, estamos hablando de un acuerdo global. Como ninguno va a tener mayoría, si el que gobierna busca acuerdos cada vez, en cada tema, el ritmo del gobierno va a ser muy tortuoso. Creo que lo razonable es ver si es posible acordar un paquete global que de alguna manera permanezca en el tiempo.
—¿Da el tiempo para que entre las nacionales y el balotaje se llegue a esos acuerdos?
—Yo creo que sí, porque todos más o menos sabemos cuáles son los problemas y todos tenemos las propuestas de solución y eso es un tema que hay que resolverlo en esas semanas. Antes no.
—Pero, por ejemplo, a diferencia de usted, Robert Silva no está 100% de acuerdo con Eduy21 y puede integrar el próximo Consejo Directivo Central de la Administración Nacional de Educación Pública en un gobierno de coalición. Entonces, puede haber acuerdo general en los problemas, pero no en las soluciones.
—Veremos. Antes del 27 de octubre, nosotros somos la garantía del cambio, de que no se vaya a posiciones conservadoras. Después, acompañar un proceso de cambio si hay garantías.
—¿Usted cree que si el Frente ganara, estarían dispuestos a negociar? ¿Hay alguna chance de negociar con Daniel Martínez?
—En la segunda vuelta, no. Creo que el Frente ha construido una estrategia dinamitando puentes. Se ha construido una soledad política hacia el centro y hacia la izquierda. El Frente tiene una cosa muy endogámica; y hacia adentro es una cosa muy dura que genera dificultades propias que los encierra mucho. Es un problema de ellos.
—Pero si el Frente es gobierno...
—Si el Frente gana en segunda vuelta, que lo veo difícil, otra vez, el que gana es mano y verá qué hace.
—¿Una coalición con el Frente Amplio hoy le parece difícil?
—Tendríamos que ponernos de acuerdo en un cambio educativo que no han querido hacerlo, ponernos de acuerdo en medidas de reducción del gasto público que no han querido hacer. Es decir, me parece que el problema es que toda la gestión del Frente y algunas definiciones que han tenido en estos años, nos han alejado mucho.
—Al comienzo de esta entrevista, usted decía que el Partido Independiente está en el lugar donde está el descontento de la gente, ¿no le ocupó ese lugar Talvi?
—Puede ser, yo lo que veo en el discurso del Partido Colorado es mucha variabilidad. Esta discusión que se generó en torno a los funcionarios públicos, me parece que fue una discusión mal dada y que ha desperfilado al candidato de esa postura más hacia el centroizquierda.
—Pero Talvi se presenta con un perfil socialdemócrata. ¿Eso no los afecta a ustedes, no les roba votos ahí?
—Que nos ha generado competencia, es verdad. Tengo dudas de que esa competencia la mantenga, creo que en las últimas semanas veo un cambio en el discurso y no sintoniza bien con el espacio.
—¿Le sorprende el nivel de votación de Cabildo Abierto?
—No sabemos cuál es el final, he visto de todo en las encuestas. Pero no me sorprende por esto: siempre en Uruguay hubo derecha y votaba un número determinado de votos que puede estar en el entorno de lo que hoy Cabildo Abierto marca, lo que pasa es que era parte de los partidos tradicionales. El tema es que los partidos tradicionales, en su afán de competir con el Frente, fueron corriendo sus discursos y programas hacia el centro. Por eso es posible dialogar nosotros con el programa de Lacalle Pou y Talvi. Dejaron un electorado huérfano, donde emerge un candidato que hizo igual que Sendic: usó un cargo de confianza donde tenía vedado hacer política para preparar su candidatura. Eso no tiene ninguna duda. Manini Ríos no actuó con rectitud en el ejercicio de su cargo. Usó el cargo para preparar su candidatura. Es más, tenía el partido pronto y se hizo echar, doble amarilla. Y después de que lo echaron, se vistió con ropa de combate, se paró delante del escritorio que no le pertenecía ya y filmó un video que mandó a todos lados. Y el gobierno no lo sancionó. Y eso a mí me genera suspicacia. Creo que Manini Ríos fue impulsado por el Frente Amplio.
—¿Lo dejaron jugar para afectar a la oposición?
—Me parece que al Frente Amplio le sirve que haya una derecha floreciente. Lo dejaron jugar. Hay una mutua ventaja entre el Frente Amplio y Cabildo Abierto. En el entorno de Manini Ríos hay gente vinculada a la dictadura, pero digo que hay una posible conveniencia de que el Frente haya dejado crecer este fenómeno. No acuso porque no tengo pruebas. Me sorprende que el gobierno no haya sancionado a Manini Ríos teniendo la obligación de hacerlo.
—Esta campaña ha sido rara para el Partido Independiente porque ha sido centro de ataques también. Está el hashtag #RenunciáMieres y luego los criticaron por el pase en comisión del periodista Jaime Clara. ¿A qué atribuye esta situación?
—Por algo es. Se ve que no tenemos tan poco relieve o podemos ser un riesgo para el Frente Amplio, porque las dos campañas tuvieron que ver con gente del Frente Amplio. En la primera les salió el tiro por la culata. Era un punto fuerte nuestro. Mieres cumplía, asistía a las sesiones. En la segunda tampoco hay nada, se cumple la ley, no hay una cuestión ética y recibo el servicio de un funcionario que está en comisión.
—¿No cree que le pega en la banda de flotación al Partido Independiente en un tema como este?
—Me parece que no hay nada que uno tenga que ocultar. Lo curioso es que esa decisión que tomé en febrero del 15, se convierte en noticia cuando quedan dos meses para votar. Pero bueno, no tenemos nada que ocultar, y no nos va a callar.
— Alguien que asesora a un parlamentario y trabaja en otros lugares además. ¿No le parece difícil de sostener eso?
—No, ese tipo de trabajo no es una cuestión de horario, es una cuestión de calidad de servicio. Está fuera de las características propias de una secretaría. Las prestaciones son diferentes y por eso es compatible. Todo legislador puede tener cinco pases en comisión, yo tengo cuatro.
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2019-09-26T00:00:00
2019-09-26T00:00:00