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    El Uruguay económico hacia el 2020: un futuro probable con crecimiento del Producto Bruto Interno, niveles de inflación algo menores y consumo pagado con dinero electrónico

    Se levanta a la mañana, se pone la ropa que compró por Internet y sale para el trabajo. Paga con uno de sus dos teléfonos celulares el boleto del ómnibus, que va casi a paso de hombre en medio de una cola de vehículos. Es el año 2020, y en una economía uruguaya que no ha dejado de crecer —ahora con las plantas de celulosa como principal motor de las exportaciones—, los salarios siguieron aumentando su poder de compra. La inflación, que seis años atrás rondaba el 10% anual y consumía el presupuesto familiar, se moderó un poco.

    Algo así puede imaginarse la vida del hombre común en el Uruguay al comienzo de la próxima década si se cumplen las proyecciones gubernamentales y pronósticos realizados por consultoras, organismos e institutos internacionales acerca de la macroeconomía del país, si se concretan algunos planes empresariales conocidos, así como algunas promesas lanzadas por el Frente Amplio en la reciente campaña electoral. Un futuro hipotético, como si hoy fuera el 2020.

    PBI, empleo e ingresos

    La producción de bienes y servicios creció en torno a 3% en 2014, lo hizo 3,3% al año siguiente y 4% en 2016, su nivel de tendencia a largo plazo según las estimaciones que hizo el equipo económico para elaborar la última Rendición de Cuentas del período de José Mujica.

    Algunas proyecciones a largo plazo que elaboró el Centro de Investigaciones Económicas (Cinve) en una consultoría para el gobierno no difieren sustancialmente1. El Producto Bruto Interno (PBI) aumentó 3,5% en 2015 y algo más (3,7% en promedio) en el quinquenio siguiente, si bien algunos años fueron de caída para sectores como la construcción y la industria manufacturera (en particular la textil y cueros). Con esa expansión, el PBI del país en 2020 llegó a unos U$S 68.700 millones. Como los habitantes son 3.471.747 habitantes —según el Instituto Nacional de Estadística—, el Producto per cápita alcanzó una cifra cercana a U$S 19.800.

    La de este 2020 es una población cada vez más urbana (solo 4% reside en zonas rurales en ese año) y más envejecida: la edad mediana de los uruguayos alcanzó los 35,6 años (frente a 34 en 2014), de acuerdo con el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía. La pirámide etaria, con los mayores en su cima, continuó ensanchando su base: las personas de entre cero y 14 años pasaron de representar 22,5% en 2010 a 20,6% en 2020, mientras que la proporción de mayores de 60 aumentó de 43,1% a 46,9%.

    La esperanza de vida al nacer ronda los 78 años en ambos sexos, un año más que en 2014 según el INE 3.

    Son 408.595 los jubilados y 290.447 los pensionistas en este 2020, una cifra que vino en aumento, según las proyecciones actuariales publicadas en 2011 por el Banco de Previsión Social (BPS)4. Las AFAP, que ya llevan casi un cuarto de siglo administrando ahorros jubilatorios, empezaron a registrar retiros en más cantidad de afiliados que llegaron a la edad mínima requerida para hacerlo. Llegan a unas 386.000 las pasividades por ese régimen, según el cálculo de economistas del Banco Central2.

    En este 2020 el mercado laboral no muestra grandes tensiones y eso se refleja en una tasa de desempleo similar a la de 2014 (entre 6%-7% de la población económicamente activa), prevé la OIT. La cantidad de puestos formales continuó aumentando y los trabajadores con aportes al BPS superaron el millón y medio, según ese instituto previsional. Por ello, la asistencia financiera de Rentas Generales que recibe vino decreciendo en los últimos años (hasta el equivalente a 0,14% del PBI).

    A las empresas de varios sectores de actividad les sigue resultando difícil encontrar trabajadores capacitados, aunque las primeras generaciones “Ceibal” muestran más destrezas informáticas que las anteriores. También los egresados de carreras técnicas de la Universidad Tecnológica que empezó a funcionar en 2014 están sumándose al mercado como mano de obra más formada.

    Los ingresos de las familias incrementaron su poder adquisitivo; los salarios reales aumentaron 3,2% en 2014, otro 1,5% en 2015 y 2% en 2016, de acuerdo con las proyecciones que fueron la base de la última Rendición de Cuentas.

    A esa mejora del poder de compra ayudó la ligera moderación del ritmo de aumento de los precios al consumo (a un nivel cercano a 6%-7% anual) en los años recientes. Los miembros del equipo económico del presidente Tabaré Vázquez ya no hablan de la inflación como el principal problema de la economía, como repetían sus antecesores cuando la tasa anual estaba lejos de la meta.

    Sectores.

    Las dos fábricas de celulosa —UPM, en Río Negro, y Montes del Plata, en Colonia— producen a pleno (unos 1,3 millones de toneladas anuales). La pasta en láminas son ahora la principal exportación del país y su precio internacional aumentó fuerte en 2015 (6,8%) y más modestamente en los años más recientes (0,8% entre 2016 y 2020, según estimaciones del Instituto de Investigación sobre Políticas Alimentarias y Agrícolas —Fapri, por su sigla en inglés— de las universidades estadounienses de Iowa y Missouri)5.

    Una tercera planta era una posibilidad alentada en 2014 por el entonces presidente Mujica. Poco antes de las elecciones de ese año llegó a viajar a Finlandia para intentar convencer a los ejecutivos de UPM, pero no le pusieron mucho calor a la idea.

    La soja, como la carne bovina, continúa siendo un rubro importante, aunque quedó atrás el boom de finales de los 2000 y comienzos de la década siguiente estimulado por argentinos y otros inversores extranjeros. Ambos productos registraron una valorización casi todos los años entre 2015 y 2020, y la suba en todo el período fue de 3,3% en el caso de la soja y de 5,4% en el de la carne, conforme con el Fapri. La demanda continúa firme desde China, que aunque moderó su crecimiento económico en este 2020 tiene una población de 1.432.867.000 con mayor poder adquisitivo (si bien se acerca el momento en que empezará a decrecer en cantidad), de acuerdo con las proyecciones poblacionales del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas.

    La fisonomía de los campos uruguayos siguió cambiando en los años recientes con la instalación de más y más molinos de viento, como parte de una transformación de la matriz energética que explotó durante la administración de Mujica. A fines de 2014, el entonces ministro de Economía, Mario Bergara, advertía el riesgo de una “sobreinversión” en el sector.

    Simultáneamente, una regasificadora flotante construida en Puntas de Sayago, frente a la bahía de Montevideo, quedó operativa parcialmente en julio de 2015.

    La minería, que perfilaba como un nuevo sector a partir del hallazgo de yacimientos importantes de hierro en el centro del país, todavía está por despegar. Si lo hace, se tensionará un sistema de transporte que ya en 2014 corría riesgo de colapsar: la mayor parte de las rutas se encontraban en mal estado, había unas pocas líneas de tren que funcionaban lento, y el puerto estaba sobrecargado (salvo cuando Argentina aplicó medidas para perjudicarlo). En ese año había empresas chinas interesadas en reactivar el ferrocarril e intentos para captar inversiones en obras viales bajo un régimen de asociación público-privada que generó más expectativas que resultados concretos.

    El muelle C —un atracadero multipropósito en el puerto capitalino para contenedores, graneles sólidos y otras cargas— empezó a construirse en 2014 para potenciar el transporte marítimo. Ese mismo año se licitó la construcción de una Zona de Actividad Logística Multimodal de Montevideo, un emprendimiento liderado por la comuna, la Administración Nacional de Puertos y la Dirección de Aduanas que abarca 50 hectáreas sobre la Ruta 102 y otras siete sobre la Ruta 1.

    Una serie de acciones adoptadas para simplificar los procesos aduaneros agilizaron el comercio exterior y redujeron costos. Una fue la creación de la figura del operador económico autorizado —que tuvo una experiencia piloto a mediados de 2013—, que son agentes certificados como tales ante la Dirección de Aduanas beneficiados con menos controles y prioridad en su aplicación, entre otras ventajas.

    El comercio minorista siguió su expansión de la mano de niveles de consumo en aumento, aunque ya no tan vigoroso como a principios de los años 2010. En la década siguiente aparecieron nuevos shoppings, su máxima expresión. En el primer semestre de 2016 el Estudio Lecueder terminó la construcción de uno de aproximadamente 9.000 metros cuadrados con locales de outlet en Avenida Italia y Mariscala. Casi simultáneamente el mismo grupo abrió otro en Paysandú, junto a la nueva terminal de ómnibus.

    Después del parate que tuvo la inversión inmobiliaria a comienzos de la década del 2010 por restricciones cambiarias aplicadas por Argentina y un tratado bilateral para facilitar la investigación de supuestos evasores, algunos proyectos edilicios se reactivaron. La obra más glamorosa —y millonaria, con una inversión de U$S 100 millones— estuvo pronta para la temporada estival de 2016-2017; son 157 apartamentos distribuidos en 24 pisos que conforman la Trump Tower de Punta del Este. El balneario cuenta también desde hace pocos años con un Centro de Convenciones y Predio Ferial adjudicado en 2014, que requirió una inversión del Estado algo superior a los U$S 30 millones.

    El crecimiento del parque automotor que se dio al comienzo de este siglo —cuando se llegaron a vender unos 50.000 cero kilómetro anuales— aflojó, pero lo que ya era un problema de calles atestadas en Montevideo durante las horas pico se agravó en los años recientes. Propuestas para hacer un corredor que agilice el tránsito por Avenida Italia aparecieron y desaparecieron.

    Dinero y tecnología

    La forma de usar el dinero fue cambiando lentamente. La ley —denominada de “inclusión financiera”— promovida durante el segundo gobierno del Frente Amplio alentó los pagos con tarjetas de débito y otros medios electrónicos con una rebaja del IVA como estímulo que quedó en solo dos puntos porcentuales desde mediados de 2016. Cuando empezó a regir eran unos 26.000 los comercios que tenían los aparatos (POS, sigla del inglés point of sale) que permiten efectuar las transacciones, pero la cantidad fue incrementándose apoyada por estímulos fiscales. Actuando como emisores, algunas redes de cobranza y otras empresas hicieron algo común el dinero electrónico surgido en 2014.

    Además, dicha ley de inclusión financiera forzó a dejar de emplear el efectivo para el cobro de salarios, pasividades y honorarios profesionales, y también en transacciones relacionadas con tributos, compras de casas y autos, entre otras. Circulan menos billetes.

    El IVA sigue siendo el impuesto que más recauda y el IRPF, que grava las rentas personales, tuvo un ligero alivio en los últimos años al incorporarse nuevas deducciones que habían sido prometidas por Vázquez en la campaña que lo llevó por segunda vez a la Presidencia.

    En 2013 en Uruguay había unos 5,2 millones de teléfonos celulares y unos 737.000 servicios de Internet con banda ancha, cifras que siguieron aumentando en los años posteriores mientras se abarataron los aparatos y bajaron las tarifas. Esa penetración de las tecnologías de la información hizo más frecuente el pago de impuestos y otros servicios on line, algo que empezaba a insinuarse en el país pocos años atrás.

    1. “Construcción de escenarios socioeconómicos 2012-2035 para prospectiva energética”, Cinve, setiembre de 2013.

    2. “Maduración del sistema previsional: proyecciones y agenda”, documento de trabajo del Banco Central Nº 3 de 2014.

    3. http://www.ine.gub.uy/banco%20de%20datos/soc_proyecciones/Indicadores.xls

    4. “Proyección financiera del sistema previsional contributivo administrado por el Banco de Previsión Social. Período 2015-2060. Análisis Global”. Comentarios de Seguridad Social, noviembre 2011.

    5. http://www.fapri.iastate.edu/