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    El agro y la competitividad: algunas mochilas están más livianas que en 2018, pero otras todavía pesan

    Los precios de los combustibles y la energía son más beneficiosos, hay mejores rutas y se habilitaron productos en determinados mercados, pero el tipo de cambio sigue siendo una carga, así como la falta de acuerdos comerciales

    El sector agropecuario se debate por sostenerse con una competitividad persistentemente adversa, al menos en el tipo de cambio y la apertura de mercados, un proceso más lento al que los exportadores quisieran. Hace seis años, en enero de 2018, con elecciones a la vista, muchos productores protestaron en un acto de grandes proporciones en Durazno. En vísperas de elecciones y con algunos problemas que siguen preocupando, cabe actualizar del estado de situación y la vigencia o no de las mochilas o trabas que en aquel momento generaron una movilización.

    Probablemente para muchos productores lo que está en el tope de la agenda de preocupaciones es la fortaleza de la moneda o el “atraso cambiario”. En mayo de 2018 promediaba $ 30,56 y en el mismo mes de 2019 $ 35,16. En lo que va de mayo de este año promedia $ 38,43. Desde enero de 2018 el dólar subió significativamente menos que la inflación. Mientras el tipo de cambio está 35% por encima de aquel entonces, el Índice de Precios al Consumo (IPC) subió 58%.

    Cabe apuntar que, en contrapartida, la inflación actual es de 3,68% por año, mientras que en enero de 2018 estaba en 6,67%.

    Todos los especialistas consultados coincidieron en que hay atraso cambiario. “Asistimos a un desalineamiento cambiario, que es el más grande del siglo XXI”, señaló el senador frenteamplista Mario Bergara, exministro de Economía (2013 a 2015) y expresidente del Banco Central del Uruguay (BCU).

    Bergara, que apoya la precandidatura de Yamandú Orsi, considera que la clave está en la intervención gradual del BCU, que “tiene las herramientas y la espalda financiera para cómodamente intervenir en el mercado”. Según Bergara, no se precisarían volúmenes “demasiado significativos” para “incidir en una corrección de esa desalineación”.

    Para el director del Centro de Estudios de la Realidad Económica (Ceres), Ignacio Munyo, el dólar bajo tenía el mismo peso que ahora. “La única intervención en el mercado de cambios con resultados sostenibles es cuando el gobierno compra dólares con pesos, que surgen de superávit fiscal y no de emisión monetaria o endeudamiento; algo que siempre fue utópico en Uruguay”, subrayó.

    Isaac Alfie, exdirector de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) en el actual gobierno, y exministro de Economía (2003 a 2005), dijo que “hay que disminuir el nivel de déficit por lo pronto, y el gasto público en términos del PBI a largo plazo, dado nuestro nivel de desarrollo”.

    El economista Agustín Iturralde considera que lo más probable es que sigamos teniendo un dólar barato en los próximos años. El coordinador de equipos técnicos del movimiento Uruguay Para Adelante, que apoya la precandidatura del nacionalista Álvaro Delgado, consideró que es necesario poner en marcha medidas pro competencia, que validen ese dólar barato, que en menor o mayor medida va a seguir estando. “Mejoras relevantes en la inserción internacional, relaciones laborales más modernas, un peso del Estado sobre la economía más razonable, reformas pro competencia que hagan más baratos los costos de vida y de producción. Una mirada de la competitividad integral”, dijo.

    El expresidente José Mujica, dijo en VTV tiempo atrás que el atraso cambiario “es la forma uruguaya de las detracciones”, en un paralelismo con la política tributaria argentina y el drenaje de recursos desde el agro al resto de la sociedad.

    La inflación es “una mochila que hoy pesa un poco menos”, apuntó Munyo. Aunque una de sus causas no ha tenido grandes variantes. En 2018 el déficit fiscal estaba cerca del 3,5% del PBI, igual que ahora, y el gasto público era el mismo, 31% del PBI.

    Energía

    Aquí el cambio es importante. Desde 2018 el precio de los combustibles subió menos que el petróleo. Al comenzar aquel año, con un precio del petróleo de US$ 69,1 por barril (que equivale a US$ 0,43 por litro), el precio del gasoil era $ 55,6 (US$ 1,95). El gasoil valía 4,5 veces más que el petróleo.

    En abril de este año, con un precio promedio del Brent de US$ 90,02 (US$ 0,57 por litro), el precio del gasoil se ubica en $ 62,1 (US$ 1,61). La brecha entre el gasoil y el petróleo se ha reducido de forma muy importante, de aquel 4,5 a 2,85. En cinco años este precio ha subido mucho menos que la inflación.

    Mientras el petróleo está 30% más caro en dólares, el gasoil en la misma moneda solo subió 17%. Y ahí el atraso cambiario también ayuda. La suba del gasoil en pesos es de 12%.

    Eso aplica también a otras formas de energía. “El peso de esta mochila hoy es menor. En términos reales la energía eléctrica industrial es 25% más barata, la residencial 15% y el gasoil 10%”, destacó Munyo.

    Alfie sostuvo que en el costo de la energía eléctrica y de los combustibles –los dos más pesados– “han reducido bastante la brecha en los últimos tiempos, en términos internacionales”.

    Iturralde, por su parte, considera que el grueso del problema sigue ahí. “Seguimos teniendo costos de energía entre los más altos de la región. Creemos en la libre importación de combustibles”, dijo. A pesar de la reducción de sobrecostos, “la realidad es que los combustibles tienen una carga tributaria muy grande y eso impacta en los costos de la energía. Seguimos teniendo un desafío importante”, apuntó.

    Impuestos e infraestructura

    No ha aumentado la carga tributaria. Y en la infraestructura hay un cambio muy importante en las rutas nacionales. En 2023 el Ministerio de Trasporte y Obras Públicas (MTOP) ejecutó más de US$ 1.000 millones en infraestructura vial, inversión similar prevista para este año, de acuerdo a los datos oficiales.

    En la vialidad rural –bajo la jurisdicción de los gobiernos departamentales– quedó de manifiesto un debe durante la cosecha de soja de este año, con un fuerte deterioro por las abundantes lluvias entre marzo y mayo.

    El 3 de mayo el Poder Ejecutivo decretó la Emergencia Nacional Vial, a pedido del Congreso de Intendentes, y el MTOP puede encargarse de hacer contrataciones directas para reparar los caminos en situación más crítica.

    Salarios

    El Índice Medio de Salarios en marzo de 2024 mostró una variación interanual de 8,44%. El Índice Medio del Salario Real fue de 144,4 y creció 4,47% en los últimos 12 meses. Se ubica 1% arriba de marzo de 2019 y 3,5% arriba de marzo de 2018.

    “Hay rigideces laborales que complican y aumentan mucho el costo laboral y de producción”, dijo Alfie. “Hay mucha rigidez con las categorías, en especial en la industria. El otro punto que se está viendo es un abuso en las licencias médicas”, apuntó el economista.

    Esta es una mochila cualitativamente diferente a las anteriores, en la que un aumento sostenible puede considerarse deseable, en tanto no tenga como contrapartida la pérdida de empleo.

    Precio de la tierra

    El precio de la tierra ha subido en los últimos cinco años. En 2023 el promedio por hectárea vendida fue de US$ 3.783, según datos de la Dirección de Información y Estadísticas Agropecuarias, del MGAP.

    Fue el segundo valor más alto de la serie, después del pico de US$ 3.934 en 2014. En 2018 fue US$ 3.257 y en 2019 alcanzó los US$ 3.342; se incrementó 13% en dólares en los últimos cuatro años. “La caída del precio de la tierra fue una mochila mencionada aquel día y que hoy ya no está”, señaló Munyo.

    Es un precio que se ha mantenido estable, pero hay productores que ven una asimetría de rentas con sectores como el forestal, que por diversas razones tiene más poder de pago por hectárea.

    Precios de los productos

    Una variable clave del resultado de los productores tiene que ver con la mayor o menor valorización de los productos. Y realmente el 2018 era de precios muy bajos. La situación actual de los arroceros, atravesando un auge de precios, es incomparable con la de aquel entonces. Pero también los precios ganaderos y de trigo y cebada tienen niveles que corren parejos con la inflación transcurrida. En tanto, el novillo gordo y la leche ha subido 65% en pesos, algo más que la inflación del período; y el ternero tiene una firmeza diferencial, con una fuerte exportación en pie y una buena situación forrajera, está 80% por encima de la situación amenazante de sequía de enero de 2018.

    Endeudamiento

    En una amplia mayoría, las empresas del sector presentaban en 2022 niveles de endeudamiento “saludables”, pero la sequía supuso un shock importante en casos que ya arrastraban dificultades, de acuerdo a un análisis de la consultora Exante presentado en la Expoactiva.

    Desde inicios de 2022 el endeudamiento bancario del sector agropecuario viene aumentando marcadamente, pero la morosidad ha bajado respecto al promedio de cinco años atrás.

    En enero de 2024 el endeudamiento bancario del agro superaba los US$ 3.600 millones, unos US$ 1.100 millones más que hace cinco años, pero la morosidad cayó desde un rango de 9% a 5% en 2018 y 2019 a 1% en el inicio de este año.

    La lechería resistió la sequía en base a endeudamiento. A nivel de los productores el endeudamiento en 2023 alcanzó el valor más alto en una década: US$ 240 millones, con un aumento de 24% respecto a 2022 y rompiendo la tendencia de descenso que venía desde el 2016.

    La industria atraviesa una situación inversa, por los buenos niveles de exportación. En 2023 el endeudamiento fue de US$ 131 millones, que representa una caída de 23% respecto al año anterior. El 70% del pasivo proviene de la banca pública, mientras que el 30% restante de la banca privada, de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de la Leche (Inale).

    En las explotaciones ganaderas el monto de créditos bancarios subió 15% interanual en el primer trimestre. En marzo fue de US$ 1.059 millones, contra US$ 1.033 millones de febrero y US$ 924 millones del mismo mes de 2023, según el BCU. El monto promedio mensual de crédito en el primer trimestre fue de US$ 1.042 millones, 15% más que los US$ 905,5 millones de igual período del año anterior.

    Comercio, integración y aranceles

    No se ha logrado disminuir el peso de los aranceles que pagan los productos uruguayos, que es relevante en tamaño, y si se pudiera avanzar tendría un impacto fundamental. Gonzalo Oleggini, consultor en comercio internacional y logística, señaló que se han registrado pocos avances en tratados comerciales con otros mercados, pero sí se ha avanzado en la habilitación de algunos productos puntuales.

    Por un lado, apuntó a las medidas arancelarias, en las que solo se puede avanzar a través de un tratado. “La reducción de aranceles o aumento de cuotas por esas vías obviamente es donde el proceso es menos avanzado, porque no se ha logrado prácticamente finalizar algún acuerdo comercial”, dijo.

    Por otro lado, sí se han registrado avances en la inserción vinculada con medidas no arancelarias, donde se encuentran las restricciones sanitarias, fitosanitarias y habilitaciones, destacó Oleggini, señalando por ejemplo la habilitación para exportar mondongo y librillo a China, así como el sorgo.

    Remarcó que el otro camino, que ha ido mucho más lento, son las negociaciones comerciales, principalmente por la negativa de los países del Mercosur a que Uruguay negocie de forma bilateral.

    Munyo consideró que hay dos mochilas que también siguen muy pesadas. La cargada con impuestos altos y baja eficiencia del Estado, que afectan demasiado el crecimiento productivo y la cargada con cientos de millones de dólares en aranceles y trabas no arancelarias que pagan las exportaciones del país por la falta de acuerdos comerciales con el resto de mundo.

    Para Iturralde el camino es “reformar la institucionalidad del comercio para tener un liderazgo más claro y potente. Y avanzar con decisión en algunos asuntos unilaterales que no dependen de nadie más que de nosotros”, dijo.

    Prejuicios

    “Para reducir este prejuicio, los esfuerzos son permanentes y trascienden a los gobiernos de turno. Es responsabilidad de todos, en cada acto, bregar por la unidad nacional”, consideró Munyo.

    “Para poder producir y competir es necesario hacer más eficiente al Estado, mejorar regulaciones, eliminar sobrecostos, profundizar la inserción internacional, para vender en mejores condiciones en mercados sofisticados que estén dispuestos a pagar por productos de calidad, elaborados bajo los más exigentes estándares de sostenibilidad social y ambiental. Un país caro, con mochilas pesadas, no avanza. Las mochilas pesan bastante menos que en 2018, pero todavía pesan demasiado”, dijo Munyo.

    Sobre esta base pareciera que los productores preocupados por el tipo de cambio real tienen buenas razones para tomarla como una preocupación principal, especialmente luego de recientes emisiones de bonos en pesos y unidades reajustables a plazos muy largos y con tasas muy moderadas.

    Isaac Alfie entiende que el desfasaje puede corregirse rápidamente sobre la base de tres componentes: “mejorar regulaciones, lógica laboral y tasas de interés. Ese es el punto clave. Las ganancias de productividad ayudan, pero en términos de competitividad la ganancia de productividad que importa es la comparada con el competidor y en términos de unidad de producto el aumento de costos en dólares del salario es muy superior al de EEUU y de Unión Europea, ese matiz en el diferencial de productividad es lo que importa”, señaló.

    Agro
    2024-05-21T12:38:00