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Hace ocho años, un grupo de exploradores subacuáticos, coordinado por el buzo Héctor Bado, extrajo el águila del “acorazado de bolsillo” Graf Spee, hundido en aguas territoriales uruguayas en diciembre de 1939, en la llamada Batalla del Río de la Plata.
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Apenas emergió del agua con las alas desplegadas y su esvástica en la base, desató la polémica entre la empresa de rescate, que tiene como titular a Alfredo Etchegaray, y el entonces presidente de la Comisión de Patrimonio, Manuel Esmoris. La discusión se centró en cuál sería el destino final de la pieza y el tratamiento que debe dárseles a los bienes culturales subacuáticos. Esmoris sostenía en ese momento que no se podían fraccionar los bienes patrimoniales y que el águila no podía salir de Uruguay.
El 2006 fue un año agitado. El gobierno alemán le concedió en “estado de préstamo permanente” el águila a Uruguay, y la discusión se centró en a qué Estado pertenecía la pieza. Por otro lado, el Ministerio de Defensa dejó en suspenso las solicitudes de las empresas para extracciones del patrimonio subacuático.
Luego de aquellas idas y venidas en las que el águila era tema en los medios internacionales, vino una etapa de silencio. La pieza se había exhibido durante un tiempo en el hotel Best Western Palladium y después fue a parar a un depósito de la Armada hasta que se definiera su destino. En este momento está en custodia del Cuerpo de Fusileros Navales en el Cerro, “con estrictas normas de seguridad”.
Según el contrato, el 50 % del valor del águila pertenece al Estado y el otro 50 % a la empresa permisaria. Ante la falta de resolución, en el 2011 Etchegaray decidió iniciar un juicio pidiendo que tanto su empresa como el Estado fueran cotitulares del águila. Recién en julio pasado la Suprema Corte de Justicia entendió que el único propietario del águila es el Estado uruguayo y que a los rescatistas les corresponde el 50% de su valor.
“Tenemos el derecho al beneficio del 50 %, el problema es cuándo, cómo y dónde se hace la subasta para obtenerlo. Si no nos ponemos de acuerdo, haremos un juicio por incumplimiento de contrato”, dijo Etchegaray a Búsqueda. “Lo ideal es que se haga una copia y se exhiba en el Museo Naval este año, en el 75º aniversario de la Batalla del Río de la Plata”, agregó.
Mientras tanto, no está claro qué autoridad debe decidir qué hacer con el águila. Para el periodista Yuri Gramajo, especialista en temas de defensa, la Armada no tiene ninguna capacidad de decisión porque no entra en su jurisdicción. “La Comisión del Patrimonio tendría que ser la que libere o tome una resolución”, le dijo a Búsqueda.
Consultado al respecto, Alberto Quintela, actual secretario de la Comisión de Patrimonio, afirmó: “En este momento no puedo contestar esa pregunta porque es un tema bastante discutible y necesitaría más tiempo. Quién decide qué hacer con el águila tiene varias puntas, es un tema muy delicado”. Por su parte, Pablo Álvarez, director general del MEC, dijo que aún no hay resolución de qué se va a hacer con la pieza. “Si no me equivoco, sería el Ministerio de Defensa quien se tendría que hacer cargo”.
El arquitecto William Rey, quien también fue presidente de la Comisión, cree que es necesario generar opinión en torno al tema. “Todo esto es increíble por pacato y no hay que moverse por prejuicios. Lo que no es razonable en el mundo de la arqueología es retirar objetos y exhibirlos descontextualizados y ese es el problema con el águila”. El arquitecto considera que se cometieron dos errores: retirar partes del Graf Spee sin pensar en su contexto y no tomar las medidas necesarias para el mantenimiento del bien.
Para Rey no hay dudas de que el águila es patrimonio de Uruguay y de Alemania. “Deberían hacerse cargo ambos países de su mantenimiento y seguridad. Posiblemente, los alemanes no quieran la pieza, pero no pueden seguir mirando para el costado. El patrimonio se disfruta y también se sufre, es parte de la memoria de los dos países”. En cuanto a la posible propiedad de Inglaterra, afirma que “solo sería inglés en tanto trofeo de guerra y eso es lo que no se concibe como patrimonio”.
Cuánto vale el águila es otro misterio. “He escuchado cifras delirantes sobre el valor de esa pieza. Puede valer muchísimo o nada. En muchas subastas en el mundo europeo no realizan ningún tipo de negociación con piezas que tienen esvásticas”.
Etchegaray, por el contrario, dice que en su momento recibió ofertas de particulares por cerca de diez millones de dólares. Ahora está evaluando pasarle la historia del Graf Spee a un productor de cine. “Aquí hay una historia de amor y también de espionaje, porque la inteligencia inglesa compró a través de un testaferro uruguayo el acorazado como despojo”, explica, y le agrega más misterio al acorazado y a su águila encerrada en el Cerro.