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    El artista, su intimidad y su época

    Fue abogado, político, filósofo, escritor, periodista, director de un proyecto educativo de avanzada y padre de una familia numerosa. Cuando rondaba los 60 años, Pedro Figari (Montevideo, 1861-1938) se volcó por completo a la pintura y se convirtió en uno de los grandes artistas uruguayos del siglo XX. Pintó la tierra y la identidad, pintó a los negros y al candombe, a los gauchos y sus paisajes. “Ya sabemos que la manera del recuerdo es la lírica. La obra de Figari es la lírica”, escribió Jorge Luis Borges en 1930 en el prefacio de un libro sobre el artista.

    El año pasado, como parte del festejo por su décimo aniversario, el Museo Figari, en alianza con el Centro de Fotografía de Montevideo (Cdf), inauguró la muestra Memorias de la luz. El registro fotográfico en la vida y en la obra de Pedro Figari en la Fotogalería del Prado. Ahora, hasta el lunes 1º de marzo, parte de esa muestra puede disfrutarse a cielo abierto en la Fotogalería Unión, ubicada en la Plaza de la Restauración (Asilo y Domingo Ereño).

    La exposición, con curaduría de Pablo Thiago Rocca, director del museo, y de Lucía Draper, fotógrafa y encargada del archivo, recorre etapas de la vida y obra del artista y los vínculos entre la pintura y la fotografía. Hay muchas fotos familiares y otras que provienen de la prensa o de encuentros con amigos. Algunas pertenecen a colecciones privadas o públicas, pero mayormente son del archivo del propio museo. “La vida de Figari coincide con una serie interesante de cambios en la fotografía desde el punto de vista tecnológico y de los usos sociales. Hay desde registros de ambrotipos, una técnica muy antigua de fines del siglo XIX, que se usó después del daguerrotipo, hasta fotografías de gelatina de plata y otras técnicas más recientes. Pero además fue cambiando la concepción social y el estatus de la fotografía. Las cámaras comenzaron a salir de los estudios y a aparecer al aire libre”, explica Rocca a Búsqueda.

    En 1886, Figari se casó con María de Castro Caravia y con ella tuvo nueve hijos. La primera se llamó Isabel y murió poco tiempo después de nacer. Luego vendrían otras seis mujeres y dos varones: Juan Carlos, arquitecto y también artista, que murió en París a los 33 años, y Pedro, el menor de todos. El año 1918 fue crucial: Figari se separó de su esposa y decidió dedicarse de lleno a la pintura. Había presentado renuncia como director de la Escuela Nacional de Artes y Oficios, un proyecto educativo vanguardista que no prosperó por impedimentos políticos y económicos. Tres años después se mudó a Buenos Aires con cinco de sus hijos.

    “Estaba siempre con su familia, eran muy unidos, incluso cuando se separó de su mujer. Eso quedó reflejado en la muestra en la que aparecen sus hijos y su esposa. Hay muchas fotografías de sus viajes, pero en esta muestra quedaron fuera. Blanes Viale retrató a María de Castro en un cuadro que está en el Museo Nacional de Artes Visuales y esa pintura nos sirvió también para mostrar cómo la fotografía iba tomando relevo en la pintura y de alguna forma la fue masificando”.

    Ese vínculo entre la pintura y la fotografía se ve en el retrato más icónico de Figari, el que aparece en los billetes de 200 pesos y que fue inspirado en una foto de 1924, encontrada en Buenos Aires y de autor desconocido. El propio artista, a quien no le gustaba pintar a partir de modelos, se basó en una foto de su hijo Juan Carlos, para pintarlo y recordarlo después de su muerte repentina.

    A través de estas imágenes se puede hacer un seguimiento de las costumbres, de la vestimenta y de las modas. Figari aparece en el Hipódromo de Maroñas, todo vestido de blanco, sentado al lado de su esposa y tomando mate. La pareja Figari-Castro en París, en 1886, él de galera, ella de sombrero de copa. Hay preciosas fotografías con estudiantes o espacios de exposición de la Escuela de Artes y Oficios que fueron prestadas por el Centro Cultural Pedro Figari de la UTU. Otras con sus hijas María Isabel, Emma, Delia o del mobiliario hogareño. En algunas el artista y su familia aparecen entre figuras que no se han podido identificar.

    “Al fallecer muchos de quienes tenían conocimiento de Figari y su entorno, no fue sencillo reconocer a algunas personas que aparecen en las fotos. Hay que fijarse en recortes de prensa, en catálogos donde aparece fugazmente alguien, es un trabajo de investigación muy lindo, pero que a veces se torna muy difícil”, explica Rocca.

    En especial les costó mucho reconocer a quienes rodeaban a Figari en una de esas fotos: son cuatro hombres y uno tiene un arma que apunta de frente a la cámara. Todos vestidos de negro miran serios hacia el mismo lugar. “Después de mucho estudiarla, nos dimos cuenta de que estaban en una feria de París y que el revólver estaba apuntando a un blanco y los otros están mirando para allí. Con los sombreros parecen unos gángsters”, dice Rocca.  Finalmente, llegaron a los nombres de esos “gángsters” fotografiados en 1925: Alberto Girondo, Raúl Monsegur, Alfredo González Garaño y un escritor que se hacía llamar Vizconde de Lascano Tegui.

    Para el director del museo, desde hace unos diez años se han revalorizado los registros fotográficos. “No solo por el trabajo del Cdf, que ha mostrado la importancia de la fotografía desde el punto de vista histórico. El museo también ha ido conformando un archivo interesante que se encuentra en red con otros dos archivos públicos de Figari, uno está en el Archivo General de la Nación y otro en el Museo Histórico Nacional. Parte del archivo del artista se encuentra en la Biblioteca Blanco Acevedo en la Casa de Lavalleja. Pertenece a nuestro museo, pero por motivos de conservación se mantiene allí”. A este acervo se suma la reciente adquisición de fotografías de Figari que la Comisión de Patrimonio compró en un remate.

    En los planes del Museo Figari está imprimir una publicación con todo el material de este acervo. También están pensando en organizar muestras itinerantes. Además, van a mantener la difusión que vienen haciendo en las redes sociales. “Todos los días colgamos información referente a efemérides, documentos o recuerdos, con mucho apoyo precisamente de la fotografía”.

    El año pasado, durante el segundo cierre de los museos debido a la pandemia, a Rocca y su equipo se les ocurrió proyectar en la fachada la obra de Figari. Aprovecharon que los ventanales que dan a la calle son de un vinilo opaco y que por ese motivo las imágenes no iban a traspasarlos y a proyectarse en la fachada de enfrente. Entonces armaron un video con algunas obras de la sala y las pasaron como en una pantalla de cine. Tuvo tan buena aceptación la propuesta que continuó después de abierto el museo. Ahora se pueden ver todas las noches, hasta el lunes 1º, de 20.30 a 22 horas.

    A este proyecto en la fachada le llamaron Figari encendido. Al final, como escribió Borges, Figari está siempre presente “en méritos de luz”.

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