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Durante los primeros meses de la emergencia sanitaria por el Covid-19 el club de ejecutivos Piso 40, en el World Trade Center del Buceo, estuvo cerrado. En junio retomó varias actividades y hoy funciona casi normalmente. Con la crisis que trajo la pandemia perdió “dos o tres” socios, pero también sumó alguno nuevo, aseguró a Búsqueda su presidente, el empresario Ernesto Kimelman. Una de las recientes membresías tiene carácter honorífico: la del mandatario Luis Lacalle Pou.
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Es un reconocimiento que Piso 40 les dio también a los expresidentes Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle y Julio María Sanguinetti. A los frenteamplistas Tabaré Vázquez y José Mujica intentaron hacerlos socios honorarios, pero eso no se concretó. “No pudimos llegar”, y si bien “no hubo una negativa expresa no pudo haber una reunión” con ellos para comunicarles la intención de reconocerlos dándoles la tarjeta honorífica, explicó el director del estudio de arquitectos Kimelman Moraes.
Lacalle Pou recibió la suya a fines de setiembre; un pequeño grupo de directivos del club de hombres y mujeres de negocios fue hasta la Torre Ejecutiva para entregársela. “Se sintió halagado”, comentó el empresario. No hace mucho, siendo candidato el ahora jefe de Estado había visitado Piso 40, como otros políticos, para exponer sus planes.
También a fines del mes pasado la esposa del hoy mandatario, Lorena Ponce de León, participó en un “almuerzo de networking” en la sede del club. Ella lidera el programa Sembrando, creado por un decreto de marzo en la órbita de la Presidencia de la República para fortalecer, a través de capacitaciones y talleres, iniciativas emprendedoras y desarrollar las micro, pequeñas y medianas empresas en el país.
Piso 40 tiene la forma jurídica de una asociación civil sin fines de lucro. Su creación, hace poco más de cinco años, “retoma la antigua tradición de los clubes de ejecutivos de varias de las principales ciudades y capitales del mundo como Buenos Aires, San Pablo, Santiago de Chile, Madrid, Londres, Cape Town, Toronto y New York”, explica en su sitio web. Promueve el “intercambio cultural, profesional y social de empresarios referentes y exitosos del ámbito local e internacional”, propiciando una “comunidad que los congregue y los identifique”. Pretende contribuir desde el sector empresarial a la mejora de la sociedad, “colocando al empresario y al emprendedor como agentes de cambio”.
Hoy los socios de Piso 40 superan en algo los 240. Son dueños o ejecutivos de empresas, muchos “destacados” en sus sectores de actividad, informó Kimelman. En la directiva lo acompañan, por ejemplo, Carlos Alberto Lecueder, Pablo Marqués, Gabriel Rozman y Roberto De Luca.
El presidente de la asociación prefirió no informar cuánto se paga por la membresía y cuota mensual por considerar que “no es relevante”. Un empresario socio dijo a Búsqueda, también sin dar montos, que el costo es “mucho menos de lo que la gente piensa”. Es más barato que el Club de Golf de Punta Carretas, comparó, también porque el presupuesto de Piso 40 es menor, ya que su infraestructura son básicamente salas y los espacios de comidas.
Kimelman aseguró que la “primera etapa” de la asociación fue “de mucho esfuerzo para poder hacer obras” en el piso y que ahora tiene las “finanzas saneadas”.
Ser miembros da el derecho de uso de las instalaciones del club: una sala de conferencia para 60 personas sentadas, además de varias más para reuniones en grupos reducidos, bar y restaurante. Los espacios para encuentros, además de la “sinergia” que se ocasiona y dispara oportunidades de negocios —y a veces de inversión—, son de los aspectos más apreciados por algunos socios consultados por Búsqueda. Los convenios con instituciones deportivas y algunas empresas son otros beneficios.
Planes y preocupaciones
Al hacer balance de los cinco años de la asociación, Kimelman habla de Piso 40 como un ámbito “fermental” que, entre otras cosas, permitió recibir conferencistas de “altísimo fuste” —incluido algún premio Nobel—, a ministros, y a candidatos y políticos de todos los partidos en la última campaña electoral.
“No es un proyecto que se agota en cinco o 10 años”, apuntó el empresario. Aspira a que el club de ejecutivos siga ambientando un diálogo fluido con las autoridades nacionales y departamentales. También está en los planes apoyar alguna “causa de interés social empresarial”, que será seleccionada.
Algunos socios creen que Piso 40 puede ser útil para proyectar a Uruguay hacia el exterior y atraer inversión foránea, de forma que el país no quede “tan pegado a la región”.
Del club bajó también alguna preocupación en torno a la escasez de recursos humanos calificados que, según entienden sus intengrantes, está operando como un freno al crecimiento de la actividad en ciertos sectores.