La investigación indica que la evolución del Producto Bruto Interno (PBI) del sector forestal entre 1988 y 2015 muestra un aumento de 7,3%, que se explica por incrementos de 4,4% en la fase primaria, de 8,1% en la industrial y de 16,9% en la producción de papel y cartón. La producción forestal representó 2,51% del PBI de Uruguay, señala.
“El análisis de la evolución del PBI, en sus distintos componentes, confirma con claridad la contribución creciente de la cadena forestal al desempeño global de la economía uruguaya, así como la relevancia de la industria de la celulosa en esa dinámica”, advierte.
Según el trabajo de Opypa, en las últimas tres décadas, con el impulso inicial de la ley forestal (15.939) de 1987, que promovió la forestación en suelos identificados como de “prioridad forestal”, esa actividad exhibió un “notorio” crecimiento que cambió el paisaje del país: hoy, además de ganado y cultivos hay extensas masas forestales que ocupan más de un millón de hectáreas.
Asociada a esa transformación productiva se desarrolló inicialmente una industria forestal vinculada con la producción de madera sólida para la fabricación de diversos productos, señala el informe.
Valora que “el cambio más importante se deriva de la instalación de dos plantas de celulosa, destino de dos terceras partes de la extracción de madera” en el territorio. Esa industria, por un lado, potenció el desarrollo de la fase primaria (plantaciones) y, por otro, colocó la celulosa entre los tres principales productos de exportación del país, destaca.
El trabajo de Opypa intentó “caracterizar y cuantificar algunos de los impactos, en distintas dimensiones: a nivel general —en aspectos económicos y sociales— y a nivel local del territorio —en los sistemas productivos agropecuarios”.
La dinámica exhibida por las exportaciones uruguayas también estuvo influida “significativamente” por el crecimiento de la cadena forestal, considera la investigación. Y resalta que las ventas al exterior de los productos de las cadenas agroindustriales explicaron en 2015 más del 70% del valor de las exportaciones totales de bienes de Uruguay.
La cadena forestal representa casi la cuarta parte de esas exportaciones agroindustriales y específicamente la celulosa alcanza una participación del 20%, menciona.
Agrega que la cadena forestal contribuye al 17% de las exportaciones de bienes del país, con un “alto peso” de la celulosa.
“La información analizada permite identificar un conjunto de consecuencias positivas —en diversas dimensiones— provocadas por el proceso de consolidación y crecimiento que ha exhibido la cadena agroindustrial forestal en el país”, sostiene el trabajo del MGAP.
Empleos
El empleo directo en la cadena forestal acompañó el crecimiento de los indicadores productivos, alcanzando en 2015 algo más de 21.000 puestos de trabajo, que representan 1,3% del total de empleos, de acuerdo con el informe de Opypa.
Agrega que esa cantidad de empleos forestales es 6% mayor a la registrada una década atrás, acompañando —aunque con menor intensidad— la dinámica de crecimiento del empleo en la economía uruguaya.
La información disponible no permite identificar los puestos de trabajo indirectos, en particular los generados en los servicios demandados por la actividad forestal —entre los que se destacan las cargas—, lo que ocasiona una “subestimación importante” de la contribución de la cadena forestal al empleo, aclara esa repartición ministerial. Eso señala considerando que los puestos de trabajo en la etapa del transporte de la madera se estiman en siete a ocho veces más que los generados en la fase primaria.
La mayor parte de los empleos directos de la cadena forestal están en la fase primaria (55%), repartiéndose el empleo industrial en 32% para procesamientos de madera sólida (paneles, aserrío y demás) y 13% para pulpa (celulosa, papel y otros), indica.
Detalla que el empleo se concentra mayoritariamente en el interior urbano (81% en 2015, frente a 75% en 2006), con creciente peso de las localidades menores a 5.000 habitantes (22% en 2015 contra 15% diez años atrás). Los puestos de trabajo en el medio rural y en Montevideo tienen una baja participación, con 8% y 11% del total, respectivamente, añade.
El informe de Opypa señala que el “no registro” en la seguridad social en la cadena forestal afectó a la mitad de los ocupados en la última década, cifra que duplica el promedio estimado para la economía en su conjunto. En cambio, la industria de celulosa y papel presentó niveles de “no registro” en la seguridad social inferiores al promedio de la economía, indica.
En cuanto a los ingresos medios líquidos del total de ocupados en el sector en 2015, esa repartición del MGAP advierte que “reflejaron diferencias sustanciales entre sí”. En el grupo correspondiente a la fase primaria y aserraderos los ocupados registraron ingresos 23% y 18% inferiores al promedio de la economía, respectivamente, detalla. Y agrega que en tanto, los ocupados en la industria de celulosa y papel percibieron ingresos líquidos alineados al promedio nacional.
Respecto a la evolución de los ingresos en la última década, la fase primaria forestal y los aserraderos presentaron incrementos reales anualizados mayores al de celulosa y papel, si bien en 2006 partían de niveles inferiores.
Vacas, árboles y granos
Al analizar el impacto que tuvo la forestación sobre otras actividades del campo uruguayo en el uso del territorio, los técnicos del MGAP parten de la “fuerte expansión” de las plantaciones de árboles en algunas regiones de Uruguay. El foco se centra especialmente en la ganadería, ya que es donde se podría plantear competencia por el uso alternativo de suelos que podrían dedicarse a ambas actividades o inclusive a las dos, a través de sistemas silvopastoriles.
Los técnicos se plantearon la interrogante sobre cómo afectan estos cambios de superficie a la dotación animal.
Para eso dividieron las regiones de estudio en sur-sureste: Canelones, Florida, Lavalleja, Maldonado, Rocha y Treinta y Tres, litoral: Paysandú, Río Negro y Soriano, y centro-norte: Durazno, Tacuarembó, Rivera y Cerro Largo. Y compararon los datos de los censos agropecuarios.
Consideran que la evidencia censal demuestra que no existe un “efecto negativo” de la forestación sobre la ganadería: en la región del litoral oeste y centro-norte, la superficie destinada a la ganadería disminuye prácticamente lo mismo que a escala nacional (8%, 7% y 9%, respectivamente); en la región sur-sureste disminuye bastante más.
Entre los censos de 2000 y 2011 el número de ovinos disminuyó 43% en el país y bastante más en cualquiera de las tres regiones.
El número de vacunos de carne aumentó 6% entre censos; en dos de las regiones también aumenta el ganado vacuno de carne: 3% en la sur-sureste y 8% en la del centro-norte.
En la región sur-sureste, a pesar de ser la que mayor disminución de área ganadera tuvo, hay un aumento en el número de ganado de carne y también un incremento de los vacunos para producción de leche, según Opypa.
El trabajo indica que en la región litoral, en cambio, hay una disminución del ganado de carne (13%), en parte compensado por un aumento del ganado de leche (33%). “El desarrollo de la forestación no afectó negativamente la ganadería”, sostiene la investigación basándose en los datos correspondientes a las áreas de enumeración, que es la unidad territorial mínima definida en el censo agropecuario. Y concluye que “tampoco afectó negativamente la agricultura”, ya que en ese período en el centro-norte la agricultura se incrementó en algo más de 5.000 hectáreas (159%), y en el litoral la superficie agrícola aumentó 46.000 hectáreas (150%). Mientras que en el sur-sureste disminuyó 32%, pero al ser de una magnitud de 54 hectáreas en términos absolutos, no es de significación.
El trabajo destaca que “la expansión del rubro forestal tuvo su expresión económica al aumentar las explotaciones que la tuvieron como ingreso principal o secundario en las regiones del centro-norte y sur-sureste; en el litoral, la expansión agrícola es la responsable de que esto no ocurriera en igual forma”.
Tractores
Otro dato novedoso en el informe del MGAP es la cantidad de tractores, como indicador de incorporación de tecnología en el agro. Entre 2000 y 2011 el número de ese tipo de maquinaria agrícola aumentó 34%; un porcentaje similar se incrementó en la región centro-norte, pero fue “marcadamente más fuerte” en las zonas del litoral y del sur-sureste, donde creció 76 y 86%, respectivamente, señala el trabajo. En esas regiones se concentró la producción de granos y la forestación.
Una característica de esa incorporación de maquinaria es el avance tecnológico, que permite el manejo informático de los equipos.