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Semanas atrás un estudio del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración puso en números un fenómeno relacionado con la imagen de la OSE. El trabajo para el que se encuestaron 474 hogares urbanos de Montevideo determinó que el 73% consumía agua embotellada o utilizaba purificadores domésticos. Además, el 67% de los hogares declaró que cree que el agua de cañería representa algún riesgo para su salud, aunque, al mismo tiempo, el 57% consideró que es potable (Búsqueda Nº 2.100).
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El presidente de OSE, Raúl Montero, ve con preocupación ese diagnóstico. Dice que quiere “hincarle el diente” al tema, pero aún no tiene del todo claro cómo ni si el terreno dentro de la empresa es el propicio. “Es la lucha más importante que tenemos y la más dura, porque estamos peleando contra algo subjetivo”.
Montero fue jefe técnico de OSE durante 20 años. Cuenta que en ese tiempo se convirtió casi en un catador de agua y que probándola podía saber si la usina había tenido algún problema. Desde el punto de vista bacteriológico, asegura que el servicio de OSE es “inobjetable” y que la prueba es la inexistencia en Uruguay de las habituales enfermedades derivadas. En el plano fisicoquímico, asegura que Uruguay cumple con las normas internacionales, que son muy estrictas. “OSE tiene normas de país rico, siendo que Uruguay no es un país rico”, dice.
Con esas certezas, Montero aspira a cambiar la percepción de la ciudadanía. Lo mínimo que espera es que si no toman el agua de OSE “sea por un tema de gusto y no de desconfianza”, y que eso esté claro. Según su visión, en el fondo hay un problema de responsabilidad social.
“Me preocupa esa desconfianza porque hay mucha gente que no tiene posibilidades de acceder a otro tipo de agua que sale por lo menos 1.000 veces más. Lo que sale un metro cúbico de OSE es lo que sale un litro de agua comercial. Entonces, a gente humilde, desacreditarle de forma injusta el agua de OSE la empuja hacia fuentes de agua mucho más inseguras. No sé hacia qué empujamos a esa gente. Yo digo que la empujamos hacia la nada”, dice.
La solución para Montero pasa por la transparencia, con comunicar bien los problemas de calidad de agua cuando surgen para que, cuando no los hay, que es la mayor parte del tiempo, la gente lo valore adecuadamente. Sin embargo, ahí sí reconoce un punto débil en la empresa.
“He notado que la OSE misma no está madura como para asumir esa transparencia. Por más que tengo aliados todavía no tenemos la fuerza para dar ese paso”.