La empresa agropecuaria Union Agriculture Group (UAG), liderada por Juan Sartori, estaba en pleno proceso de expansión. Los road shows para conquistar a nuevos inversores extranjeros eran un éxito, pero para el CEO de esa compañía el crecimiento todavía era insuficiente. Así que, a comienzos del 2012, para atrapar a un pez gordo de verdad, de esos que miraban poco a Uruguay, Sartori apeló al ex primer ministro británico Tony Blair, quien por entonces ofrecía sus servicios para facilitar negocios millonarios y recibir una comisión si se concretaban.
La decisión de Sartori fue un acierto para su compañía. Los buenos oficios de Blair lograron que por primera vez un fondo estatal chino invirtiera en el sector agropecuario local y UAG recibió una inyección de capital de US$ 75 millones de China Investment Corporation (CIC), la que se convirtió en su segundo mayor accionista en ese momento.
Casi ocho años después de aquella inversión y sin haber recibido un dólar de ganancia, el fondo chino decidió vender su participación accionaria en UAG —ahora llamada Agriculture Investment Group (AIG)—, dijeron a Búsqueda fuentes al tanto de la transacción.
Los servicios británicos
La dirección de UAG contactó a Tony Blair Associates a comienzos del 2012, cuando el expolítico llevaba un par de años de trabajo exitoso con su firma de asesoría.
Contratar a Blair, primer ministro de Gran Bretaña entre 1997 y 2007, no era para cualquiera. En 2010 la empresa PetroSaudi, propiedad de la familia real saudí, le pagó para que lograra concretar un acuerdo con inversores vinculados al gobierno chino, informó en 2016 The Guardian.
Tanto en el caso de los saudíes como en el de Sartori, Blair tenía previsto cobrar una comisión equivalente al menos el 2% de la inversión alcanzada, según la reconstrucción que realizó Búsqueda sobre el trabajo del ex primer ministro para UAG.
El trabajo de Blair implicaba reuniones cara a cara o por videoconferencia con posibles inversionistas.
Una vez firmado el contrato entre Sartori y Blair, el equipo del británico comenzó a trabajar con sus contactos, especialmente fondos soberanos.
A poco de iniciado el proceso estaba claro que los chinos, al igual que ocurrió cuando Blair trabajó para los saudíes, eran los más interesados en seguir adelante. Una delegación de CIC visitó Uruguay y recorrió los campos de la empresa, dijeron las fuentes.
Los chinos decidieron invertir unos US$ 75 millones para obtener más del 10% de UAG en esa época y quedaron como los segundos accionistas más importantes. Blair obtuvo alrededor del 2% de esa transacción como pago por sus servicios, es decir, cerca de US$ 1,5 millones.
La caída
La inversión de CIC llegó cuando el agro todavía disfrutaba de un período de bonanza. El valor neto de los activos (NAV, por sus siglas en inglés) de UAG era en 2012 de US$ 543 millones, y Sartori aspiraba a que siguiera aumentando.
En el acuerdo que firmó para comprar las acciones, CIC se aseguró un lugar en el directorio de la compañía, aunque no pidió cambiar los estatutos de UAG que otorgaban potestades especiales a Sartori, entonces CEO de la compañía, para tomar decisiones.
Una de las medidas que adoptó UAG a impulso de Sartori terminó por complicar la situación financiera de la compañía. En marzo del 2014 resolvió comprar los campos de El Tejar por US$ 170 millones, pero no tenía tanto capital. Por eso, recurrió a unos US$ 50 millones que tenía y llevó al máximo las líneas de crédito en los bancos para conseguir otros US$ 70 millones. Los dueños de El Tejar aceptaron la transacción y dieron un plazo de seis meses para que pagara el resto, de lo contrario ejecutarían la garantía y se quedarían con miles de hectáreas.
Sartori había asegurado en la interna de la empresa que obtendría dinero de inversionistas. En esa ocasión volvió a recurrir a los servicios de Blair, pero no tuvo suerte.
El road show de Sartori fracasó. La compañía debió optar por prestamistas privados para cubrir la deuda, a un interés del 10%, cerca del doble de lo que le cobraban los bancos. UAG fue embargada por la Justicia a pedido del Banco República por las deudas ocasionadas con la compra de El Tejar (Búsqueda Nº 1.998).
Sartori casi apela a Blair una vez más, en 2019, pero no para su empresa. Su equipo de campaña de cara a las internas partidarias de junio evalúo pedirle una reunión al ex primer ministro como para suscitar un “hecho político”, relataron fuentes de su entorno. La idea quedó por el camino y el precandidato millonario viajó a la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos, donde se fotografió con Blair y otros políticos de primera línea.
La salida
La situación económica de UAG siguió un proceso sostenido de deterioro, que empeoró a medida que el agro sentía la caída de los precios internacionales de las commodities.
El descontento con la gestión de la compañía crecía entre los accionistas extranjeros. En una conferencia telefónica de junio de 2017, a cuya grabación accedió Búsqueda, la amplia mayoría de los inversionistas criticó la gestión de Sartori.
El representante de CIC compartió con el resto de los accionistas su preocupación por la falta de rumbo de la compañía. Además, les dijo que habían presionado para cambiar los estatutos y para poder sustituir al directorio de la empresa con una mayoría simple, algo que antes era imposible sin contar con una “supermayoría” de votos (Búsqueda Nº 2.009).
La partida de Sartori se concretó al año siguiente cuando en una asamblea de accionistas no consiguió los votos necesarios para ser electo presidente de la compañía otra vez.
Su salida no fue suficiente para calmar los ánimos de CIC. Los chinos estaban en desacuerdo con que el empresario devenido en político cobrara la indemnización de US$ 3 millones prevista en su contrato, dijeron a Búsqueda fuentes de la compañía.
Sartori declaró a Fácil desviarse (Del Sol FM) en setiembre del 2019 que aún no le habían pagado el “paracaídas de oro” por su salida. “Todavía me lo deben”, respondió entre risas a la consulta de los periodistas. “Como no tienen plata, los dejo, estoy esperando”.
A comienzos de 2020, CIC vendió su participación en UAG, dijeron a Búsqueda accionistas y exdirectivos de la empresa. En ese momento, el fondo de inversión chino tenía alrededor del 10% de la compañía.
Consultado al respecto, el CEO de UAG, José Pedro Sánchez, respondió: “Por mi función no estoy autorizado a comentar sobre transacciones de accionistas, en tanto no afecten el funcionamiento de la empresa”.
Búsqueda le preguntó si la venta de sus acciones implicaba que CIC perdiera su lugar en el directorio de la compañía, Sánchez insistió en que no podía hacer comentarios.
Recuadro de la nota
? Un peso pesado descontento con la gestión de Sartori