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De un lado una tortuga, del otro un tren de alta velocidad. Si lo que se quisiera ilustrar fuera la personalidad del gerente general de OSE, sin duda la imagen acertada sería la del tren. Arturo Castagnino tiene un ritmo vertiginoso. Puede hablar más de dos horas de corrido de la empresa a la que entró en 1980 en la planta de la calle Propios y de todos los proyectos que tiene en carpeta. Cuando parece que la charla se agota, el ingeniero civil se acuerda de más asuntos importantes pendientes y retoma con el mismo vigor. Mientras habla, revuelve los armarios de su despacho donde guarda decenas de cuadernillos escritos por él, con sus análisis de distintos temas y con títulos sugerentes, como Casandra y el dilema de la falsa oposición o Epifanía. Una vez terminada la entrevista, el lunes 24, al tren bala le siguen viniendo asuntos a la cabeza que considera relevantes y, entonces, retoma los comentarios a través de mensajes de texto. Entonces llegan fotos de decenas de documentos, artículos de prensa y también fotos en las que se lo ve recorriendo el mundo con un mameluco de OSE o de traje con pañuelo asomando en el bolsillo. Castagnino, el inventor de las famosas UPA (unidades potabilizadoras de agua), en El Salvador, en la India, en Nicaragua, en Venezuela, rodeado de lugareños, de niños, o junto al expresidente Hugo Chávez.
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Pero la tortuga y el tren no aluden al gerente general sino a OSE. Son imágenes utilizadas por Castagnino en uno de esos tantos cuadernillos. La tortuga es OSE actualmente. Castagnino no le quita méritos. Es una tortuga grande, robusta, confiable. Impidió, por ejemplo, que en Uruguay hubiera cólera y le da acceso al agua potable a casi 100% de la población. Sin embargo, avanza muy lento hacia los grandes desafíos que tiene por delante. Por ejemplo, al ritmo que va le llevaría casi 80 años darles acceso al saneamiento a todos los ciudadanos. Tampoco puede, de ninguna manera, pagar por sí misma las dos grandes obras que necesita para fortalecer el suministro de agua potable para el área metropolitana. Por eso, Castagnino concluye que, en este momento, OSE debe convertirse en un tren de alta velocidad.
En el entorno de la empresa se señala al gerente general como el hombre que está detrás del Proyecto Neptuno para construir una toma de agua sobre el Río de la Plata y una nueva planta de producción de agua potable, para que la zona metropolitana no dependa exclusivamente de la fuente de la cuenca del Santa Lucía y de la planta de Aguas Corrientes. Castagnino lo reconoce. Recuerda que es una idea que está tratando de concretar desde su anterior pasaje por la gerencia general (entre 1994 y 2005). En particular, que en 1998 y 1999 estuvo a punto de hacerlo cuando dos sequías tuvieron en jaque el suministro de agua potable, pero en ambos casos llegó la lluvia y pasó el impulso. A principios de los 2000 la idea siguió siendo objeto de análisis, con menos urgencia. Se hicieron estudios de prefactibilidad, se estaban planificando los de factibilidad, pero el cambio de gobierno en 2005 dejó el proyecto de lado.
Castagnino fue removido de la gerencia general y se fue a trabajar al exterior. Desde la publicación mensual Miradas, de Eleuterio Fernández Huidobro, publicó una serie de artículos que insistían en la necesidad de que Uruguay tomara agua del Río de Plata para abastecer a la zona metropolitana. Quien fuera senador y ministro de Defensa tupamaro, con quien dice que mantenía una amistad, compartía esa visión.
Los gerentes generales suelen ser nombrados por los directorios de los organismos públicos. Castagnino, en cambio, supo de su regreso a OSE directamente por Luis Lacalle Pou, que lo llamó en 2019. En la reunión que tuvieron poco después de ese llamado ya le dejó claro al presidente cuál era su visión: la toma de agua sobre el Río de la Plata y la nueva planta de potabilización debían ser una prioridad. Más de un año después, el 2 de marzo de 2021, Lacalle Pou anunciaría la obra en su discurso de rendición de cuentas ante el Parlamento.
Con el nombre Proyecto Neptuno la obra había entrado a la OSE en octubre de 2020 bajo el formato de una iniciativa privada presentada por el consorcio Aguas de Montevideo, integrado por Saceem, Berkes, Ciemsa y Fast. Hasta ese momento, el directorio de la empresa, encabezado por Raúl Montero, se inclinaba por continuar la línea de trabajo que había heredado de la administración anterior, de apostar a la construcción de una represa en Casupá para mejorar en cantidad y calidad de agua el manejo de la cuenca del Santa Lucía y la planta de Aguas Corrientes (Búsqueda Nº 2.070).
Al mismo tiempo que se asume como uno de los principales impulsores de este proyecto, Castagnino aclara insistentemente que no es una idea suya. La toma de agua en el Río de la Plata viene de décadas atrás. En 1970 se realizó un estudio financiado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización de Estados Americanos (OEA) y con la participación, entre otros, de OSE y del Ministerio de Obras Públicas. En ese trabajo se delinearon varias de las obras que la empresa estatal concretaría en los años siguientes, como la represa de Paso Severino, la quinta línea de bombeo y la sexta. El jefe del equipo que llevó a cabo esos estudios era su padre Walter Castagnino, que trabajaba como ingeniero en la OPS.
Cómo es que aquel proyecto ya esbozado en 1970, que Castagnino se empeñó en concretar sin éxito a fines de los 90 y que volvió a poner sobre la mesa en 2019 cuando lo llamó Lacalle Pou, llegó en 2020 como una iniciativa privada es el único punto en el que el gerente general, el tren de alta velocidad, se muestra algo zigzagueante.
—La idea del consorcio no sé por dónde llegó. Hay mucha gente del consorcio que conoce todos esos proyectos porque en algún momento han intervenido en estudios de OSE. (...) Yo lo conversé antes de asumir el cargo con Lacalle y después con el directorio. Supongo que alguien imaginó que como yo estaba aquí y era partidario de hacer esa obra en forma prioritaria... Se les ocurrió presentar el proyecto.
Foto: Nicolás Garrido / Búsqueda
“Epifanía”
Las estimaciones con las que cuenta OSE acerca del proyecto Neptuno indican que la obra tendría un costo de entre US$ 123 millones y los US$ 235 millones. Hay aspectos técnicos que podrían elevar esos costos. La represa de Casupá, en tanto, costaría según las proyecciones entre US$ 90 millones y US$ 120 millones.
Hasta ahora, en el debate político, ambas obras se han presentado como opuestas: se toma un camino o el otro. Castagnino, que se precia de decir lo que piensa aunque eso le genere problemas, asegura que hay que hacer las dos. Eso es lo que desarrolla en su librillo Casandra y el dilema de falsa oposición.
La prioridad, según su visión, debe ser la toma y la planta en el Río de la Plata. El argumento es el siguiente: “El Proyecto Neptuno tiene que ver con todo el sistema y Casupá solo con Aguas Corrientes”. En esa misma línea, sostiene que el país no puede tener a más del 60% de la población dependiendo de una sola fuente de agua bruta y un solo centro de producción.
“Es como si 40 millones de franceses dependieran solo del Sena y de un solo centro de producción. Si se diera una catástrofe en la cuenca del Santa Lucía o en Aguas Corrientes, el país se derrumbaría. Un día va a pasar. Y esta es la solución para la seguridad completa del sistema”, insiste.
Aunque conceptual o estratégicamente no exista una oposición entre el Proyecto Neptuno y la represa de Casupá, sí existe una limitación económica. Castagnino la reconoce y de hecho recuerda el lineamiento de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto que encomienda reducir los montos de inversión respecto al quinquenio pasado. Aun así, redobla la apuesta. Vuelve a repetir que deben concretarse las dos obras y que, además, eso debe hacerse sin subir la tarifa de OSE.
En este caso, recurre como argumento a una mirada nacional sobre la importancia de las inversiones en los servicios básicos que considera que son los de agua potable, saneamiento y energía. Castagnino considera que en los últimos años hubo un desarrollo dispar entre lo que hicieron UTE y Antel y lo que hizo OSE. El jerarca comparó el período 2008-2019 en cada caso. En esos años OSE realizó inversiones por US$ 1.160 millones, UTE por US$ 3.600 millones y Antel por US$ 1.866 millones.
No es un cuestionamiento a las otras empresas públicas. Por el contrario, agradece esas inversiones que hacen que Uruguay sea un país moderno en energía y telecomunicaciones. Pero al mismo tiempo hace énfasis en que es necesario que OSE se ponga a tiro.
“UTE, por ejemplo, hizo la planta de ciclo combinado de Punta del Tigre. Esa planta cubre por 30 años un porcentaje enorme de la demanda de energía para todo el país. Es nuestro Neptuno y nuestro Casupá. Eso ya lo hizo UTE, demoró siete años y salió US$ 500 millones, pero lo hizo. El cambio de matriz energética de UTE, para la OSE es empezar a tomar agua del Río de la Plata”, asegura.
Por eso, Castagnino vuelve sobre la necesidad de disipar la falsa oposición. Si el gobierno debe definir dónde invertir, el gerente general de OSE opina: “Yo diría: ‘UTE, Antel, no hagan más inversiones por un rato y el dinero que recaudan que el gobierno se lo dé a OSE, así equilibramos un poco’”.