Mientras baja una decena de escalones y cruza la puerta hacia la calle Maldonado, el rostro de Irma Leites, la fundadora de Plenaria Memoria y Justicia, deja en evidencia que está shockeada. Pese a que pasó años detenida en la década de 1970 durante la dictadura, lo que vio no dejó de sorprenderla.
Es miércoles 11 por la tarde, y minutos antes dialogaba con los ex detenidos de Guantánamo que Uruguay recibió hace ya dos meses. Recorrió las habitaciones, vio cómo viven, y apoyada en el ex preso Ali Shaaban como traductor improvisado, habló con ellos.
Sus ocho años en el penal de Punta de Rieles por integrar el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros la llevan a identificarse con los ex presos. No por sus creencias, porque no las conoce, sino por “la condición humana al salir de la cárcel”, sostiene.
Al salir de prisión, Leites fue deportada a Suecia y por eso sabe cómo es salir de prisión y pasar a vivir en un país lejano y diferente. Le preocupa que Uruguay se convierta en “Guantánamo II”, porque en su opinión, traer a los ex detenidos al país “sin contención” hace al gobierno uruguayo “cómplice de una prolongación en la cárcel”.
“Es como si se hubieran mudado de celda”, afirma Leites.
La falta de un traductor y la incertidumbre sobre el futuro de los ex prisioneros le demuestra, dice, que la iniciativa del gobierno es “pura demagogia” y la motivación no es otra que hacerle “un favor a Estados Unidos”.
Cree que en la estrategia de Mujica hay mucho de “marketing”, y que utiliza “situaciones de tragedias extremas” para “dar una imagen de gobierno humanista”.
—El gobierno de José Mujica tuvo dos gestos humanitarios con gran repercusión internacional: recibir ex presos de Guantánamo y dar refugio a familias sirias. ¿Qué opina de estas acciones?
—Uruguay ha hecho distintos mandados a nivel internacional. Por ejemplo, ha enviado tropas a Haití, al Congo, a distintos lugares de África. Esos envíos de tropas no solo es la preparación del Ejército, sino que es también el cumplimiento de negociaciones que tienen con los grandes centros de poder, entre ellos Estados Unidos, Francia, Israel, Inglaterra. El tema de los seis presos de Guantánamo que vinieron a parar acá no está desvinculado de toda esta política. Toda la alharaca que se hizo con la traída de los presos estuvo en el marco de una negociación con Estados Unidos. Es un mandado que Uruguay le hace, un favor. Uruguay queda como un país que lo hace de forma humanitaria, pero nosotros no creemos eso, porque cuando esto se hace de forma humanitaria las personas tienen determinadas condiciones de amparo y de reparación de esa situación que han vivido que acá no hubo. Por un lado, se dice que pueden trabajar, pueden moverse, pueden salir del país, pero eso no es cierto. Vos con una cédula no podés obtener pasaporte. Ni Siria, ni Túnez, ni Palestina les van a dar pasaporte. Entonces ellos no pueden ir adonde quieran, esa es la primera mentira. Siguen estando presos de la política de Estados Unidos y de la política limitante que el gobierno uruguayo acepta, y por la que termina siendo cómplice de una prolongación de la cárcel.
—¿Cree que no han tenido el apoyo suficiente?
—Está claro que fue una traída sin contención de muchas cosas. Más allá de que estás agradecido al país que te sacó de la cárcel, no es cierto que tengas opción. A vos te dan la opción de salir de la cárcel y tú vas a donde te lleven. Tanto Mujica como este gobierno saben que el exilio es una prolongación de la cárcel. Entonces, que Uruguay no se convierta en Guantánamo II, porque las personas que han vivido ese nivel de destrucción humana y hoy se las coloca en una situación de una cultura totalmente distinta, desde cómo te vestís hasta lo que comés.
Se habla de que ellos tuvieron una cantidad de empresas que les ofrecieron trabajo y se desliza que no quieren trabajar o estudiar. Eso es una absoluta superficialidad, una absoluta mentira y desconocimiento de la devastación que implican estas torturas en el ser humano y el tiempo que implica su recuperación. El des-exilio implica un proceso psicológico en el cual vos no te sentís libre hasta que no vas adonde querés. No podés deshacerte de esas cosas porque vos no elegiste ir a donde fuiste.
—¿Cree que es como si se hubieran mudado de celda?
—Como si se hubiera mudado de celda. No llegás a sentirte libre de verdad hasta que no abraces a tu familia, hasta que no estés en tu ambiente, hasta que no vayan a donde quieren ir. Cuando salís de esa trituradora, de ese laboratorio de miedo que es la cárcel, deberías estar en el ambiente más reparador, que sería el núcleo original al que querés ir. ¿Estas personas quieren integrarse? Yo no quería aprender sueco, por ejemplo.
—Usted se reunió con los ex presos. ¿Cómo los vio?
—Vi la angustia de no saber dónde estás parado y la incertidumbre de qué va a pasar. El aislamiento, por la barrera del idioma, y el aislamiento de la cárcel son todos elementos de terribles consecuencias humanas. Cuando una persona es rescatada de una cárcel y llevada a otro sitio que le es ajeno, tiene que empezar a aprender todo y de repente no está en condiciones de aprender todo. Esa angustia que se genera es destructiva, la siente tan represiva como la otra, más allá de que no tenga que ver. Hay quienes dicen que los exilios son cárceles de lujo.
—Ahora organizaciones internacionales se harían cargo de los ex detenidos. ¿Cree que pueden mejorar su situación?
—Espero que todas las necesidades que tienen se las solucionen. Y si es un problema de plata que pague Estados Unidos, que fue el que generó todo esta situación, porque tiene que haber una reparación para ellos. Uruguay no debe quedar con esa imagen que adorna con aparente humanidad.
—¿Se siente identificada con los ex detenidos?
—Es imposible responder eso porque no sé políticamente lo que son, por la barrera del idioma. Sí puedo entender la condición humana que se crea después de la salida de la cárcel. Esas cosas te indignan. Si no creo en la humanización del capitalismo en general, menos creo que en las cárceles vaya a haber humanidad. Las personas deberíamos tratarnos de otra manera, cosa que ningún Estado va a hacer, porque únicamente lo que hay es un cálculo político estratégico entre el gobierno de Estados Unidos y el uruguayo.
—¿Seguirá en contacto con ellos?
—Nos gustaría saber cuál es su futuro y ellos tienen que tener todos sus derechos para poder moverse a donde quieran ir. Lo más grave es que las organizaciones de derechos humanos no sabíamos nada de las condiciones verdaderas en las que ellos estaban porque la condición mediática era otra, parecía que todo estaba solucionado.
Ahí confirmé que la política sigue siendo la demagogia, porque hay una cantidad de necesidades no atendidas. Nos dijeron que había una situación aparentemente ideal de que había laburo, estudio, esto y lo otro. Y después te encontrás con que ni siquiera hay permanencia de un traductor y que faltan los tratamientos adecuados de salud para reparar los daños de las prolongadas huelgas de hambre, por ejemplo.
—¿Usted cree que la imagen que dio el gobierno sobre el traslado de los prisioneros es falsa?
—Lo peor es la operación mediática, que es un poco la imagen que yo tengo de Mujica. Todo lo que hace tiene una mística, donde las políticas se adornan de la misma manera.
—¿Lo hizo como marketing?
—Obvio. En ningún momento tuve dudas de que este es un favor para Estados Unidos. Se utilizan situaciones de tragedias extremas que provoca el capitalismo para de alguna manera dar una imagen de gobiernos humanistas. Pero con un país que mantuvo Guantánamo tenés que romper relaciones.
—Pese a sus críticas, parece evidente que los ex detenidos están en una situación mejor a la que estaban en la cárcel de Guantánamo...
—Sí. No lo discutimos. Entre la posibilidad de estar en una cárcel con visitas cada 15 días, sin poderme mover de la celda, a la posibilidad de viajar a Suecia fue una situación mejor para mí. Y para ellos también. Lo que pasa es que la dignidad humana pasa por otros lados. No podemos pensar en lo peor, porque si no toda la humanidad estaría mejor que los palestinos que están siendo bombardeados. Estamos hablando de sus derechos como ciudadanos que no fueron enjuiciados nunca y estuvieron 12 años en cárcel sin ser reparados. Les tienen que restituir sus derechos y que puedan ser realmente ciudadanos libres para optar por lo que quieran.