Con sorpresa, desazón y frustración. Así dice haber recibido el rector de la Universidad de la República (Udelar), Rodrigo Arim, el mensaje económico y político enviado por el Poder Ejecutivo en el proyecto de Rendición de Cuentas a la mayor casa de estudios del país.
Desazón por el mensaje en sí, que no incluye ningún incentivo para la institución, mientras sí lo hay para otras entidades autónomas, como la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), y de enseñanza terciaria, como la Universidad Tecnológica.
Y frustración por comprobar que “no hay contemplación”, ni una señal de apoyo al colectivo universitario y académico. Durante la pandemia el gobierno ponderó el esfuerzo de la ciencia, tecnología e investigación para enfrentar al Covid-19. Pero ese relato no condice con la asignación presupuestal, según el rector, aunque niega cualquier “trasfondo ideológico” y confía en enmendar el mensaje en el ámbito parlamentario.
La universidad pidió $ 1.500 millones (US$ 38 millones) para destinar a la recuperación salarial, a los proyectos del Hospital de Clínicas, a la apertura de sedes en el interior y fundamentalmente a atender al aumento “récord” de la matrícula universitaria. “¿Es razonable que la universidad atienda a 21.000 estudiantes con una relación tal que obliga a tener grupos de 300 personas en primer año?”, plantea.
Lo que sigue es un resumen de la entrevista de Arim con Búsqueda.
—“¿Cómo puede ser tan corta la memoria del gobierno?”, escribió la académica Judith Sutz en un artículo publicado en Brecha, referido a la inversión para ciencia, tecnología e innovación en la Rendición de Cuentas, tomando en cuenta el aporte que hicieron los universitarios durante la pandemia. ¿Comparte este cuestionamiento? ¿Cuál es su lectura del “gasto cero” para la Udelar?
—Yo, más que olvido, digo que no hay contemplación. En este mensaje de la Rendición de Cuentas no se refleja ni una mínima consideración hacia lo realizado por la Universidad de la República en los últimos años. Como sí se refleja en el apoyo a otras instituciones educativas; aunque no competimos con otros espacios del sector público por políticas. Por el contrario, nos parece absolutamente válido e imprescindible que la ANEP y la Utec sean contempladas. Lo cierto es que no hay un apoyo a la Udelar como principal prestador de formación universitaria del país. Y somos el 80% del sistema de generación de conocimiento.
También hay recursos incrementales para la Administración de los Servicios de Salud del Estado que repercutirán en la calidad de prestación de los hospitales públicos. Y no hay para el Hospital de Clínicas, que representa entre 10% y 12% del conjunto de prestaciones de salud del sector público del país y un quinto del presupuesto de la Udelar. En realidad, no hay recursos que señalan una concientización del sistema político, en particular del Poder Ejecutivo, que de esta manera no reconoce la relevancia y el esfuerzo realizado por los colectivos universitarios y académicos durante la pandemia. Por lo que esta serie de elementos constituye parte de nuestra sensación de sorpresa, desazón y frustración ante esta señal.
—De no mediar una mejora, ¿qué connotaciones tendrá esto para la Udelar?
—Si la escena queda congelada al proyecto del Poder Ejecutivo, la realidad es que la universidad terminará el quinquenio con una caída de 7% del presupuesto en términos reales. Y a eso habrá que sumarle la eventual quita del 3% del adicional del Fondo de Solidaridad. Da un poquito más del 10% de reducción presupuestal porque todo es acumulativo.
—¿Qué planes quedan comprometidos por falta de recursos?
—En primer lugar y bien importante a esta altura es la atención al incremento de estudiantes. La cantidad de inscripciones viene creciendo a tasas aceleradas, en particular en los últimos dos años. Pasamos de una inscripción del entorno de 16.000 o 17.000 a unos 21.000 estudiantes. Estamos hablando de una facultad de tamaño medio más por año. Esa es una muy buena noticia, porque Uruguay necesita más universitarios, y además provienen de contextos y trayectorias más heterogéneas. Pero los estamos atendiendo con cada vez menos recursos, sobre todo docentes. No es posible pretender mejores resultados en términos de retención y egreso con cada vez más estudiantes y los mismos recursos. No es un acto de solventar recursos para construir espacios suntuosos de enseñanza sino para objetivos con ciertos visos de austera racionalidad.
—La universidad también tiene aprobadas nuevas carreras en Montevideo y proyecta otras sedes, como Colonia y Soriano. ¿En qué quedará todo eso?
—Las carreras que están aprobadas y que el país necesita no tienen muchas posibilidades objetivas de implementarse porque no hay recursos. Por ejemplo, las licenciaturas en Administración de Sistemas de Información (carrera conjunta entre las facultades de Ingeniería y de Ciencias Económicas), en Educación Artística, en Psicopedagogía (junto con la ANEP), en Viticultura y Enología (entre Agronomía y Química, en Canelones), Ingeniería en Medios de Comunicación, entre otras. Hay otras tantas carreras que se podrían hacer en el interior, como Oceanografía en el este, Biotecnología en el noreste o Ingeniería Civil en el litoral norte, entre Salto y Paysandú, con pocos recursos incrementales, porque las capacidades ya están instaladas. Por eso solo estamos pidiendo $ 120 millones más, porque eso destrabará un potencial que tenemos casi que agazapado en el interior.
—Una buena noticia es la asignación de US$ 7 millones a la Intendencia de Paysandú para la construcción de un nuevo edificio para crear un campus universitario en esa ciudad.
—Es una muy buena noticia y yo lo reconozco explícitamente. Hay un esfuerzo muy importante del Poder Ejecutivo de colocar estos recursos para la Intendencia de Paysandú. Con una salvedad, y es que la Udelar tiene que poner otros US$ 7 millones y buscar una fórmula para completar los US$ 20 millones que costará la obra. Pero sin recursos incrementales mínimos será difícil pensar en más horas docentes para ampliar la oferta y densificar lo que hacemos en investigación, extensión y enseñanza también en Paysandú.

Universidad de la República. Foto: Ricardo Antúnez / adhocFOTOS
—Sin embargo, la ministra de Economía, Azucena Arbeleche, dijo en el Parlamento que la Udelar cuenta con un “muy significativo presupuesto” de US$ 470 millones anuales para hacer frente a sus obligaciones. ¿Qué responde a eso?
—Si hago una comparación del nivel presupuestal de la Udelar con respecto a instituciones públicas de similar porte y características en la región, lo que veo es que la universidad tiene un atraso relativo relevante en este plano. Si se compara con Chile, Brasil o Argentina, lo que se encuentra es un nivel de atraso relativo que no es trivial. Entonces, me parece que hay que ser cuidadoso a la hora de plantear estas discusiones públicas de políticas de inversión. Porque cuando hablamos de recursos siempre hay que relacionarlo con las actividades que efectivamente se realizan. ¿Es razonable que la Udelar atienda 21.000 estudiantes con una relación tal que obliga a tener grupos de 300 personas en primer año? Eso también exige un nivel de autonomía de los estudiantes que hace muy probable una desvinculación. Ese es el punto central.
—La Udelar también se beneficiará por el “casi 6% de aumento real” que recibirán los funcionarios públicos, según Arbeleche.
—Todavía no tenemos la certeza de que están incorporados al incremento salarial en el cual está ANEP. Hay una instancia de negociación colectiva en estas horas. Espero que se dé, porque si no sería un acto de discriminación salarial muy importante.
—La ministra también señaló que aumentará el presupuesto universitario por vía de la Agencia Nacional de Investigación (ANII), ya que la mayoría de sus investigadores pertenecen a la Udelar. ¿Qué dice a eso?
—Bienvenidos sean los recursos para la ANII, que sin duda los necesita. Pero asociar eso al presupuesto de la Udelar no es lógicamente razonable. Primero, porque la Udelar no decide sobre cuáles son los programas que prioriza la ANII. Sobre esos US$ 4 millones, la Rendición de Cuentas no aclara a qué programas se van a dirigir. Y estamos hablando de recursos particularmente escasos. El sistema de becas de posgrados de Uruguay, sumando las becas de la Udelar y la ANII, está básicamente estancado, y la cantidad de estudiantes que quieren seguir formándose a alto nivel está creciendo. Nosotros queremos más recursos para eso.
—Hay quienes relacionan esta “mínima consideración” del Poder Ejecutivo con la Udelar a un tema ideológico. ¿Cree que esto pesó en la asignación presupuestal?
—Para hacer esa afirmación, que podría ser absolutamente válida, deberíamos explicitar los términos del debate público sobre qué entendemos por un verdadero sistema universitario en Uruguay. Mi impresión es que ese no fue un factor preponderante. Las universidades en general son entidades autónomas. Y esa autonomía muchas veces genera conflictos con los poderes políticos, de distinto signo. Basta con ver los conflictos latentes o explícitos que hay, por ejemplo, hoy en México entre las universidades públicas y el gobierno nacional. O los conflictos absolutamente explícitos que encontramos en Brasil. Pero acá no hay que buscarle una lógica maniqueísta. Lo que sí es cierto es que en este período hay una reducción importante en términos presupuestales. Pero también es cierto que en otras áreas hemos tenido avances que no logramos con gobiernos anteriores.
—En los últimos días hubo avances a nivel parlamentario. Usted dijo tener la certeza de que la eliminación del adicional del Fondo de Solidaridad (US$ 15 millones) no afectará los recursos presupuestales de la Udelar. ¿En qué está el tema?
—Hubo avances en contactos que he tenido con legisladores del oficialismo que me han demostrado una señal clara de que en caso de eliminarse el adicional del Fondo de Solidaridad, eso tendrá como contrapartida un incremento en la línea de base presupuestal universitaria. Eso da un poco más de tranquilidad. Eso que planteó originalmente el senador Jorge Gandini (Partido Nacional) lo entendemos razonable. Lo que no es razonable es la eliminación de un flujo de ingresos sin contrapartida de ningún tipo. Para tener una idea de magnitud, la Udelar invierte algo más de $ 1.000 millones por año, y este adicional son $ 600 millones. Es una inversión muy importante de algunas líneas programáticas, en particular de inversiones en el interior. Desconozco cuál es la arquitectura financiera que implicará esa redistribución de recursos. Pero para decirlo de una manera llana: yo salgo de estas reuniones con la certeza de que discutimos cómo obtener recursos para los programas que presentó la Udelar.
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