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    El “héroe central de las soluciones” a la crisis del 2002 fue el “mancomunado trabajo” de los equipos uruguayos y del FMI

    En la trama de la crisis del 2002 y su salida hubo actores principales —el ministro Alberto Bensión y su sucesor, Alejandro Atchugarry—, otros tuvieron roles de reparto, como los presidentes de los bancos Central o República (BROU), varios jerarcas y técnicos del gobierno, además de algunos gerentes de bancos privados y hasta dirigentes del gremio de bancarios. También tuvieron protagonismo, por momentos no menor, ciertas figuras del exterior, como el chileno Eduardo Aninat, desde su posición de subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI).

    Ese exministro de Hacienda de Chile (1994-1999) está enfocado por estos días en el proyecto de la nueva Constitución de su país, cuyo articulado definitivo será presentado a la ciudadanía en julio para, luego, ser plebiscitado en setiembre. Por eso, Aninat contestó muy brevemente a un cuestionario que le remitió Búsqueda para repasar la debacle económica que vivió Uruguay dos décadas atrás y su visión desde el cargo que ocupó en el organismo financiero multilateral hasta 2003. “Era evidente para mí como coordinador del FMI que ustedes tenían un complejo tema de contagio desde los vecinos”, aunque “también sostenían una inadecuada política cambiaria en ese entonces, y que fue reconocida a tiempo por el ministro Bensión”, respondió el economista chileno.

    Tras agravarse los problemas en Argentina, a comienzos del 2002 se inició en Uruguay una corrida bancaria que se fue profundizando con el paso de los meses. Por entonces regía en el mercado uruguayo un esquema de “banda” cambiaria, con un valor del dólar mínimo y máximo preanunciado por las autoridades y cuyo respaldo eran las reservas bancocentralistas, que empezaron a debilitarse por la salida de depósitos. En junio ese régimen fue abandonado y se pasó a la libre flotación, vigente hasta la actualidad.

    La corrida bancaria siguió. En julio el gobierno empezó a realizar consultas con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y los organismos internacionales para que aportaran dinero a un “colchón de liquidez” —por unos US$ 1.500 millones— con los que dar respaldo a la mayor parte de los depósitos en ese momento. El FMI tenía una postura negativa.

    El 20 de julio, un sábado, el chileno habló con el entonces presidente Jorge Batlle. “Era mediodía y me llamó Aninat. Me dijo que teníamos que hacer lo mismo que la Argentina. Dice Mercedes (su esposa) que creyó que me podía venir un infarto. Y yo le dije que no, que de ninguna manera, que no lo íbamos a hacer”, contó el mandatario en 2003, entrevistado en el programa Agenda confidencial de Canal 12. Agregó: “¿Sabe lo que le dije a Aninat? Le dije: ‘Usted me está diciendo a mí que yo, en 15 minutos, en 15 minutos, acá tengo que empezar a hacer las valijas para que me pase lo mismo que les ha pasado a otros, y yo eso no lo voy a hacer’”. Días después Batlle aclaró que esas fueron expresiones suyas, no de Aninat ni del FMI, interpretando lo que a su juicio serían las “consecuencias que originarían las medidas sugeridas”.

    Finalmente, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, por intermedio de John Taylor, terminó dándole a Uruguay un préstamo “puente”, mientras el FMI aprobaba el desembolso y el Parlamento votaba una ley para cerrar los bancos insolventes y reprogramar los plazos fijos en dólares en el BROU y el Hipotecario.

    Inflexibilidad

    ¿Por qué desde el FMI se llegó a alentar una “solución a la argentina” para la crisis de Uruguay, que también era de un pesado endeudamiento? Para David Vogel, representante por el país en el Directorio Ejecutivo del organismo entre 2000 y 2020, el contexto de aquellos años era de “mucha inestabilidad en la institución, en lo que respecta a sus recomendaciones e iniciativas. A mediados del 2000 había llegado al FMI como número uno Horst Kohler, y Anne Krueger como número dos lo hizo un año después. Me parece que, más allá de las idiosincrasias de las instituciones, sus jerarquías van imprimiendo rasgos propios. Kohler y Krueger añadieron una mayor dosis de inflexibilidad a la ya existente, que no era poca. Otro dato importante para entender el contexto es que, apenas llegada” al cargo Krueger comenzó a desarrollar la “denominada Sovereing Debt Restructuring Mechanism, una especie de Chapter 11 de Estados Unidos para resolver bancarrotas corporativas; esta solución, que finalmente no prosperó, se oponía a las propuestas mucho más constructivas que, por entonces, impulsaba John Taylor, consistentes en la inclusión de las Collective Action Clauses en los títulos de deuda soberana. Obviamente, esa batalla fue ganada por Taylor”, repasó Vogel en una entrevista con Búsqueda el año pasado.

    Sobre el papel de Aninat, apuntó: “Entiendo que si alguien sigue y recomienda con insistencia e inflexibilidad —al nivel que estamos hablando, y con la responsabilidad que conlleva por los efectos sobre los países y sus sociedades— una solución errónea ignorando que está mal, es gravísimo; si las sigue, siendo consciente de que están mal, es incalificable”.

    Sobre esos sucesos, Aninat se limitó a señalar a Búsqueda que el “héroe central de las soluciones fue el mancomunado trabajo de los equipos técnicos uruguayos y del FMI como institución multilateral. Es verdad —también— que el Tesoro de USA cooperó; pero si usted me pregunta, la condecoración del gobierno suyo debió ir antes al norteamericano Tim Gheitner —quien era funcionario alto del FMI— que al muy destacado académico John Taylor. Eso es solo un detalle”.

    Economía
    2022-05-24T19:27:00