• Cotizaciones
    jueves 16 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    El hombre copy & paste

    A fines de los años 20, el filósofo español José Ortega y Gasset publicó una de sus obras más conocidas y emblemáticas: La rebelión de las masas. Se trataba, en realidad, de una imagen de espejo de El hombre mediocre, aparecido 15 años antes, cuyo autor era el polifacético médico y sociólogo ítalo-argentino José Ingenieros (nacido en Sicilia como Giuseppe Ingegnieri pero crecido en Argentina con el nombre traducido).

    Leer estas dos obras es recorrer el mismo paisaje con algunas horas de diferencia. Cambian los tonos, el aire se vuelve un poco más fresco, varían ligeramente las formas, se presiente la bruma y se alargan las sombras, pero el escenario es el mismo.

    Noblesse oblige, por supuesto, y por eso comenzamos con el opus de Ingenieros, quien acomete su estudio del tema estableciendo tres categorías de hombres: el inferior, el mediocre y el superior, o idealista.

    Estas categorías recuerdan la esencia del mensaje de Giovanni Pico della Mirandola, según leemos en su Discurso sobre la dignidad del hombre, de 1488. El Creador, escribe Pico en una de las frases más famosas de la filosofía, ha puesto al hombre en el centro del mundo y le ha dado la facultad de elegir quién ser.

    Dirigiéndose a su criatura, Dios le dijo: “No te hecho ni celeste ni terreno, ni mortal ni inmortal, con el fin de que tú, como escultor de ti mismo, te plasmes como prefieras. Podrás degenerar en los seres inferiores que son las bestias, o entonces podrás regenerarte en las realidades superiores que son divinas”.

    Hace más de 2.300 años, Appio Claudio el ciego, constructor de la Vía Appia, que aseguró el futuro imperial de Roma, ya lo había sentenciado con una fórmula que nació siendo clásica: Faber est suae quisque fortunae (Cada uno es artífice de su propio destino).

    Vecino en el tiempo y en el espacio, Aristóteles había estudiado la dinámica presente en el acto de realizar (concretar) una potencialidad cualquiera por parte del ser humano. El hombre, cúmulo de potencialidades, podía llegar a ser muchas cosas, pero para ello debía explotar las posibilidades inherentes a su ser. Un niño recién nacido podía llegar a ser un genio o un cero a la izquierda: todo dependía, en definitiva, de su capacidad y voluntad para realizar las propias potencialidades.

    Pero volvamos a Ingenieros y sus lapidarias consignas. Dejemos rápidamente atrás al pobre hombre inferior, más animal que humano, incapaz de adaptarse al medio social en el cual existe e incapaz de desarrollar sus potencialidades. También el hombre mediocre es un brillante incapaz. Es el suyo un vuelo corto, raso y torpe, pero no por falta de combustible espiritual o de alas sino que por sus propias torpes y rasas aspiraciones.

    La adjetivación de Ingenieros es contundente: el hombre mediocre no puede concebir ideales de futuro, es rutinario, ignorante, maleable, vegetativo, cobarde, rencoroso, enemigo de la originalidad, cómodo, envidioso e intolerante.

    En un divertidísimo y brutalmente cruel cuento del Mario Benedetti que aún no había tropezado con la traicionera tentación de querer ser profeta político, el hombre mediocre protagoniza una pieza literaria llamada “Pedazo de plural”. Certeza ácida de nuestro mayor pintor de grisedades.

    Siento la tentación de escribir que el contrario de un pedazo de plural es un todo singular, pero me detengo, pues no quiero adelantarme al razonamiento de esta cuestión.

    Recuerdo, sí, que soy un adicto a la desafiante actividad de aggiornar conceptos, adaptando las ideas de todos los tiempos al mundo en el cual nos movemos hoy. Por eso, el hombre con sus potencialidades sin realizar de Aristóteles, el candidato a bestia de Pico della Mirandola, dividido en inferior y mediocre por Ingenieros y luego unificado en hombre masa por Ortega y Gasset, sería, me digo, el hombre fotocopiado.

    Y ya que estamos en esa faena de ponernos al día con las etiquetas, ¿por qué no ir a lo último de lo último y decir que estamos hablando del hombre copy & paste, reproducible en millones de ejemplares con un simple golpe de dedo?

    Sobre esta criatura desfigurada, idiotizada, nube gris en un cielo gris, gota de agua en el mar y aguja en el pajar, hay mucho para decir. Ella fue, y regresamos al inicio del texto (evidentemente la de hoy es una columna circular) quien llevó adelante la rebelión de las masas.

    El hombre mediocre.

    (*) El autor es doctor en Historia y escritor