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    sábado 22 de junio de 2024

    El liderazgo inédito de Lacalle Pou y los desafíos internos en el Partido Nacional, analizados en un nuevo libro sobre los blancos

    Empezó como una de esas tantas charlas de bar. La clásica tertulia de almuerzo y sobremesa larga en respiros de la jornada laboral sobre el mediodía. Ahí, en el restaurante Toledo de la Ciudad Vieja, se ambientó la discusión fermental entre dos generaciones y dos corrientes de nacionalistas. Dos tipos de blancos. Y entonces surgió la idea: dejar por escrito ese intercambio dialéctico sobre la esencia del militante del Partido Nacional en los tiempos que corren, en años de gobierno y de reconfiguración de liderazgos. Y para hacerlo, los autores apelaron en plena era de la inmediatez, de estímulos cortos y adictivos en pantallas de TikTok, a la vieja herramienta de la literatura epistolar. Al diálogo más estructurado, pausado y reflexivo que se activa ante la llegada de un correo y que continúa con su respuesta. Estas conversaciones, a veces filosas y otras cómplices, entre el dirigente herrerista Tomás Teijeiro, de 52 años, y el dirigente wilsonista Santiago Gutiérrez Silva, de 29, están plasmadas en el libro Blancos. Razón y corazón, de Ediciones de La Plaza.

    El libro, que se presentará el próximo lunes 13 en Sala Magnolio y al que Búsqueda tuvo acceso, está atravesado por la historia partidaria, la famosa liturgia blanca, las recurrentes apelaciones emocionales al carácter nacionalista, pero salpicado también por cuestiones coyunturales y desafíos actuales y futuros. En uno de sus pasajes, los autores exponen su desvelo y preocupación sobre cómo cuidar al partido mientras son gobierno. “Para cuidar al partido mientras no somos, estamos preparados”, dice Teijeiro. “Claro, está en nuestro ADN”, acota Gutiérrez Silva. Ambos recrean, ahora en diálogo con Búsqueda, esas charlas que dieron origen al libro.

    El filósofo y periodista Facundo Ponce de León plantea en el prólogo del texto la importancia de las mentadas alas partidarias que hoy están interpeladas en el Partido Nacional. Ponce de León cita al historiador Oscar Padrón Favre: “Los partidos son como los pájaros, necesitan dos alas para vivir, si no se mueren. Y esas dos alas son siempre las mismas a lo largo de la historia: una caudillista y rural; otra doctoral y urbana”. Al leer el libro, hay una rápida confirmación de la existencia de esas dos alas blancas, pero, como también apunta Ponce de León, el propio intercambio de estos dirigentes blancos muestra que esa imagen “no es del todo cierta”. “Que al final Wilson y Herrera no son tan distintos; que hay más cosas que unen que las que separan; que los caudillos no son tan emocionales ni los doctores tan prudentes; que la mirada regional no difiere tanto de la inserción internacional, que un buen Estado no va en detrimento de un buen mercado”.

    Para Teijeiro, buena parte de la unidad partidaria que exhiben hoy los blancos —por encima de alas fuertes y alas deprimidas— está explicada por el concepto de libertad, que “estuvo en un riesgo grande durante la pandemia”.

    “Había una movida global en contra de la libertad, a encerrar a gente en contra de su voluntad y a aberraciones como tener la vida dominada por el Estado. Y el Uruguay reacciona muy blancamente, reacciona por la libertad. Y esa reacción no es herrerista ni wilsonista, es una reacción típicamente blanca”, sostiene el dirigente del Herrerismo. “Las dos alas precisan un cuerpo y ese cuerpo es el del Partido Nacional que encarna esos valores que son intrínsecos. Y esa es la coyuntura en la que el libro nace: la libertad en peligro y la libertad cuidada, respetada, valorada, y homenajeada por todos los uruguayos que responden positivamente al concepto de libertad responsable, haciendo de este país un ejemplo mundial”.

    Teijeiro afirma sin vueltas que este “es uno de los mejores momentos del Partido Nacional”. Y argumenta: “Está muy fuerte, muy bien representado y aquellas viejas disputas de un sector contra otro quedaron de alguna manera difuminadas. Está claro cuál es el cerno de ideas del Partido Nacional”, dice. Y aclara que la madurez llegó después de pasar “situaciones traumáticas” y con algunos líderes que ayudaron a construir la situación actual. “Yo tengo grabado el gran esfuerzo por la unidad que hizo Jorge Larrañaga, esfuerzos brutales que obviamente fueron correspondidos por Lacalle Herrera y Lacalle Pou. De alguna manera hoy estamos disfrutando esas bendiciones”.

    Gutiérrez Silva también acerca las alas. “Yo me sentiré espiritualmente wilsonista, pero nadie puede reconocer que si sos blanco, un poco herrerista sos. Y para eso hay que leer, y hay que saber de historia, y hay que saber del personaje”, dice, y de inmediato es interrumpido por una pequeña chicana de Teijeiro: “Arranqué ganando, porque yo wilsonista no me siento”.

    “Pero aunque no te sientas sos por la vía de los hechos, porque cuando todos ponemos los mojones en el camino del Partido Nacional, ponés a Herrera y después ponés a Wilson”, le contesta Gutiérrez Silva. Teijeiro concede. Ese es el ánimo que permea en el intercambios de correos que sustentan el libro.

    La época de Lacalle Pou

    En varios tramos del libro se destaca el liderazgo partidario del presidente Luis Lacalle Pou. “Luis empieza una época que durará lo que él tenga ganas o lo que le digan los votos. Y no solo es el primero en marcar época en el partido sino en el sistema político actual, porque ese recambio no lo hizo el Frente Amplio ni lo hizo el Partido Colorado. Luis inaugura una época en la que además le va a terminar la carrera antes de lo que se le hubiera terminado si no fuera él el líder. Se la termina a su padre, a la generación de su padre y a la generación del 83”, afirma Gutiérrez Silva. Para el joven wilsonista, un liderazgo como el de Lacalle Pou genera lo mismo que el que generaba Wilson Ferreira. “En frente de ese liderazgo se atomiza todo, porque son magnéticos, carismáticos, porque lideran. Cuando Wilson vivía, Por la Patria era el 80% del Partido Nacional y nadie estaba tan espantado. Y cuando Wilson se muere, Lacalle Herrera se queda con casi todo Por la Patria. O sea, esto me parece la vida misma. Hasta que se procese otro liderazgo igual de fuerte”.

    Teijeiro opina que el presidente “sintoniza en un montón de frecuencias”. “No solo a la interna del Partido Nacional sino que es capaz de emitir ondas que son leídas afuera. La prueba la tenés con su nivel de popularidad comparada con la popularidad del gobierno”, argumenta. En el libro, Teijeiro escribió: “El liderazgo que ejerce Lacalle Pou es el más amplio, completo y universal que se ha visto desde Wilson Ferreira. Incluso lo trasciende. Es capaz de transmitir mensajes muy potentes en distintas frecuencias que son sintonizadas tanto dentro como fuera del Partido Nacional. Dentro y fuera del país. Su estilo sincero, transparente y cercano, conocedor de la geografía humana, se complementa además con ponderación y firmeza”.

    La oportunidad

    En la introducción del libro, se señala que los intercambios entre los dirigentes buscan “alimentar la esperanza” de ver en marzo de 2025 a Lacalle Pou entregándole la banda a otro presidente blanco. “Está ahí, al alcance de la mano”, aventura Gutiérrez Silva. “Es una oportunidad histórica de repetir el gobierno, pero además de votar mejor”, señala, aunque reconoce algunas resistencias de la gente al Partido Nacional. “Una es muy cultural. Nuestra liturgia, nuestra vida en la derrota, mirada de afuera parece un culto y están todos locos de la cabeza. Y si yo no formara parte quizás lo pensaría. Ahí hay un muro”, concede. Por eso, pretende un Partido Nacional que sea “lo más ancho y diverso en su estructura espiritual e intelectual”.

    “Tiene que intentar representar a un espectro de la sociedad lo más ancho posible, porque también es cierto que venimos de votar un 28%, 29%. A mí me gustaría ver que rocemos el 40% del electorado. Para eso hay que trabajar como institución partidaria para tratar de romper algunos muros”.

    Según Gutiérrez Silva, el Partido Nacional “demostró que tiene talento de gobierno”. “Con errores, con los que quieras. Pero no pasó nada terrible en Uruguay, toda aquella campaña del miedo no pasó. El Partido Nacional puede gobernar el país y lo puede gobernar bien”.

    Teijeiro aporta: “Tuvimos dos años de pandemia, y el último año de gobierno es año electoral y todos andamos un poco dispersos. En ese saldo de dos años, hubo una Ley de Urgente Consideración cuyo éxito está fuera de discusión, no hubo ninguna de las tragedias que se anunciaron. Y también hizo la reforma más importante y que el país más necesitaba que es la de la seguridad social. Solamente con esos dos hitos, vaya si se gobernó bien”.

    Información Nacional
    2024-05-09T00:17:00