Para graficar ese asunto, Mattos se refirió a que “cuando llega la camioneta blanca del MGAP a un establecimiento rural, la primera sensación del productor es que no viene una solución y que sí viene un problema”.
El titular de Ganadería habló también del acuerdo comercial entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, y defendió a Brasil ante las críticas por la deforestación.
Dijo que “hace unos siglos Europa también ha devastado todos sus recursos naturales, ha diezmado sus montes en beneficio de un proceso productivo”.
“Hay que ser muy cauto cuando se acusa a alguna región o país”, sostuvo.
Consideró que eso “es una excusa para no avanzar en el proceso de integración”.
—Cuando asumió el primer gobierno del Frente Amplio, usted era el presidente de la Asociación Rural y tal vez en ese momento no habría ni soñado en llegar a ser ministro de Ganadería, pero sí lo habría deseado como una posibilidad de adodptar medidas para el sector agropecuario. ¿Lo ve como una oportunidad para marcar su impronta personal y hacer ciertas cosas?
—No lo tomé como un proyecto personal, y sí como una oportunidad de cosas que se presentan una vez en la vida o que no se presentan.
Tenemos ya unos cuantos años en la trayectoria de la propuesta, ya sea en la actividad gremial en su momento, y después contribuyendo en los partidos políticos, que son los que dentro de un régimen democrático generan las propuestas para la mejora de las condiciones de desarrollo de la sociedad. Estuve en varias campañas (electorales) involucrado en las propuestas partidarias.
Todas esas etapas se fueron cumpliendo y van forjando una idea de lo que debe encauzarse, para el mejor desempeño del sector agropecuario.
Lógicamente, cuando llega esa oportunidad es la impronta personal la que define la conformación de equipo, la idea de un trabajo colectivo, de involucrar a todos los sectores correlacionados.
Este es un ministerio muy amplio, muy complejo, abarca áreas muy distintas. La ovinocultura, la pesca, la granja y la forestación, la ganadería, entre otros. Son muchos sectores en uno solo. La producción intensiva, la orgánica y el feedlot.
Hay todo un abanico de opciones productivas que lo hacen muy diferencial, pasando por la agricultura, las tecnologías del riego y los institutos que hacen una fortaleza para el país, pero que también cada uno tiene su característica y su impronta.
Hay muchos grupos de interés involucrados y aun con una trayectoria extensa en el estudio de los temas del agro, uno tampoco es especialista en todo y tiene que tratar de rodearse de las personas que puedan dar el debido asesoramiento.
El desafío es el crecimiento y el desarrollo agropecuario en clave de beneficio de la sociedad.
No podemos pensar desde el punto de vista hoy como gobierno, como representante del Poder Ejecutivo, no entrar en aquella discusión si es más técnico o más político. El que está a cargo de un ministerio por más que haya tenido una trayectoria técnica, asume un rol político en forma indudable.
Es la oportunidad para velar por los intereses de aquellos que tampoco están representados. Tenemos que ser la voz y ser comprensivos. Y que el alcance de nuestras acciones comprenda más allá de las corporaciones, de las instituciones, de las entidades que están involucradas o relacionadas con la cartera.
Hay que pensar en el resto de la sociedad, en los aspectos de desarrollo, de abastecimiento y disponibilidad de alimentos, de una comprensión mayor de la importancia del sector agropecuario. Inclusive, para aquellos que se sienten más alejados del agro, porque al consumir un vaso de leche, huevos, carne, verduras, frutas o miel, están de alguna manera en contacto aunque no lo entiendan, no lo sepan o no lo comprendan. También al consumir un producto tan esencial como un alimento, incluso el propio consumo de agua.
Somos muy responsables de la preservación de los recursos naturales de los que dispone Uruguay, que es uno de los factores fundamentales de nuestras ventajas competitivas históricas. Y tenemos el deber y el compromiso de preservarlos y entregarlos a la próxima generación en una situación mejor que la recibida por nuestros ancestros.
—¿Ese es uno de los principales desafíos?, pensando en el equilibrio entre la responsabilidad de producir alimentos para asegurar el abastecimiento y, al mismo tiempo, que sea rentable para las empresas y productores.
—Vengo del sector privado. Y el sector empresarial es el que construye, el que invierte, el que toma la iniciativa, el que genera empleo, actividad y riqueza. El Estado o el gobierno establecen el marco por el cual las empresas privadas se deben regir, y debe tratar de ser coparticipativo, no tener un aspecto solamente regulador, de interferencia o sancionador. Un poco ese es un rol del MGAP que queremos cambiar de alguna manera, más allá de que las normas en muchos ámbitos las dispone el Ejecutivo, queremos que sea mucho más contributivo y aportante al desarrollo del sector.
Normalmente, cuando vemos que la camioneta blanca del MGAP llega al establecimiento rural la primera sensación del productor es que no viene una solución y que sí viene un problema. Vienen a observarnos, a sancionarnos, a multarnos. No en todos los casos, porque las generalizaciones son odiosas, pero debemos cambiar ese espíritu para que sea más colaborativo y de apoyo.
No todos somos iguales, como en todos los ámbitos hay buenos, malos y neutros. El MGAP tiene que velar por el desarrollo de la actividad productiva, pero siempre con la mira en la preservación del recurso.
No podemos tener una mirada exclusivamente productivista. Hay que tener incorporado el aspecto de la sustentabilidad, y eso quiere decir que los recursos se utilicen con su mayor potencial pero con clave de preservación.
En ese aspecto sí el ministerio tiene que intervenir y lo viene haciendo con el plan de uso y manejo de suelos, con el control de la aplicación de fitosanitarios, entre otras acciones.
En ese sentido venimos trabajando en forma muy estrecha con el Ministerio de Ambiente (MA), sin ningún dogma, sin ningún extremismo.
Somos el ministerio de la producción y estamos empujando para que crezca, pero en forma responsable y sustentable.
El equilibrio justo es que el MGAP empuje la producción, pero que al mismo tiempo tenga ese intercambio con el MA, que vela por el aspecto ambiental, sin que tampoco de aquel lado puedan aplicarse los extremismos porque si no, la producción no existe, la actividad no se desarrolla.
Y el agro es un sector multiplicador por el derrame que tiene en el resto de la economía, en cuanto a la relación de seis a uno en cada unidad generada. Ese indicador de derrame lo vamos a actualizar.
—¿Se puede dar un mensaje de tranquilidad al productor cuando se advierte ese vínculo entre el MGAP y el MA?
—Todos los extremos son negativos. Hay un tema importante, que es la generación de conciencia de los actores del sector.
Más allá de la amenaza de los controles excesivos ambientales, tenemos que dialogarlo, que consensuarlo y establecer los puntos de equilibrio.
Se puede generar una oportunidad. El mundo cada vez visualiza más los aspectos de sustentabilidad y preservación del ambiente como un aspecto virtuoso. Y está dispuesto a premiar el valor de la producción que es responsable en los cuidados ambientales.
Esa sensibilidad entre los consumidores es creciente. Uruguay tiene las mejores oportunidades para adquirir los sellos verdes, las producciones de carbono neutro o la clarificación de los procesos productivos en cuanto a que no aportan a las emisiones de gases de efecto invernadero.
Nuestra característica productiva es bastante distinta a la mayor parte de los países, y eso lo podemos demostrar con base científica.
En el balance de emisiones y captura estamos en una posición más favorable de la que puedan mostrar otros países.
—Si dice que Uruguay produce distinto a otros países, ¿no se corre el riesgo al participar de una postura conjunta de la región, como se prevé hacer en la Cumbre de Sistemas Alimentarios, convocada por las Naciones Unidas?
—En algunos sentidos podemos tener puntos en común. Cuando se pretende asociar la producción de carnes con el cambio climático, en ese punto estamos alineados y muy de acuerdo. Porque la academia internacional, basada en aspectos científicos, ha demostrado que la tendencia de opinión en cuanto a que la ganadería es responsable por buena parte de la emisión de gases de efecto invernadero, no es tal.
Los países ganaderos de nuestra región y de otras zonas del mundo, como Estados Unidos, Oceanía y Europa, podemos ser aliados.
Además de esos puntos en común, Uruguay tiene la diferencia de que no tiene una frontera en expansión que podamos pretender avanzar en el campo productivo. Y el área forestada genera una captura de carbono que es muy favorable al hacer la cuenta global de la producción del agro.
—En la UE, países como Francia, al oponerse a un tratado comercial con el Mercosur, cuestionan el problema de la deforestación en Brasil.
—Francia es un país que lidera el proteccionismo del comercio agrícola mundial.
Cuando se lo acusa a Brasil de un proceso de deforestación, que puede tener mayor o menor certidumbre o acierto, creo que no se tiene en cuenta que este país está tomando medidas de control importantes en este tema.
Hace unos siglos Europa también ha devastado todos sus recursos naturales, ha diezmado sus montes en beneficio de un proceso productivo, que entendió en su momento que debería procesar. ¿O acaso la conquista de los mares no fue a través de naves construidas con madera, y buena parte de los bosques europeos fueron talados a esos efectos?
Entonces, hay que ser muy cauto cuando se acusa a alguna región o a un país.
Claramente, la estrategia de Europa es tratar de bloquear, ha sido el gran distorsionador del comercio agrícola mundial mediante su política de incentivo interno.
Durante más de 30 años, su política agrícola común generó subsidios distorsivos y verdaderas barbaridades desde el punto de vista productivo. La más extrema fue el mecanismo de estímulo de los subsidios, que terminó con el proceso de la enfermedad conocida como vaca loca.
Tenemos que sincerar el discurso. No puede ser que se busque una excusa u otra para tratar de bloquear la libre decisión del comercio. Esto es una excusa de la UE para no avanzar en un proceso de integración que tiene más de 20 años de negociación, que está suficientemente discutido y que falta la definición política.
Predominan las posturas proteccionistas de Europa y Francia es la que lidera ese proceso.
—China se consolidó como principal mercado para la agroexportación, principalmente para la carne uruguaya. ¿Cree posible avanzar en una alianza o acuerdo comercial con ese país?
—China es un gran mercado, que viene creciendo cada año. Es un gran socio comercial y tiene un potencial de desarrollo muy importante.
No tiene, ni cerca, las trabas arancelarias de otras regiones o países, como Europa.
Con China no tenemos cuotas para exportar carne, sí hay un arancel fijo que es significativamente menor (al de la UE) y eso es un factor de flujo de comercio con posibilidades de crecimiento.
Pero no por China, sino por cualquier otro destino donde tengamos un exceso de concentración de las exportaciones. Quedamos en una situación de debilidad desde el punto de vista de una negociación. Lo que le conviene a Uruguay es tener una mayor diversificación de mercados.
La estrategia liderada por el presidente Luis Lacalle Pou es muy importante a la hora de lograr la flexibilización del Mercosur, con una decisión tomada con coraje y convicción.
De confirmarse la posibilidad de una negociación, sin el acuerdo de los demás socios del Mercosur, se podrá quebrar esta lógica de inacción o falta de mejora de condiciones de acceso a los mercados durante 30 años. Creo que ahí está la gran decisión que tiene que tomar Uruguay respecto a cuál es el socio que elige para utilizar esa ventana que se le abre, en caso de que esta posibilidad se confirme.
—El gobierno argentino planteó que si Uruguay quiere negociar bilateralmente, entonces debería abandonar el bloque. ¿Eso lo pone en una encrucijada al gobierno uruguayo?
—La posición argentina no es tan drástica como se manifiesta. Existe una intención de que el Mercosur se mantenga.
Uruguay no está planteando dejar el Mercosur.
La discusión es que en la medida en que los demás integrantes socios del bloque no estén alineados en un consenso, como bien lo dijo Brasil en algún caso, el mecanismo de consenso no puede transformarse en un instrumento de veto.
Eso ha sido un factor importante para el inmovilismo y la falta de conquistas en relación con el comercio internacional.
En el caso de Argentina, Brasil e incluso Paraguay disponen de un mercado interno de consumo mucho más desarrollado que el nuestro, apenas por el aspecto de población. Brasil con más de 200 millones de habitantes, Argentina rumbo a los 50 millones y Paraguay con el doble de población que Uruguay.
La exportación para Uruguay es esencial. En la medida que cualquier elemento de agregado de valor o de aumento de producción marginal que generemos tiene que tener el destino en el mercado externo, porque no tenemos la capacidad de consumo. Entonces a Uruguay le va la vida en esto.
—¿El camino sería jugarse todas las fichas a un acuerdo comercial con China?
—Sin duda que puede ser una opción. Pero eso incrementaría aún más la concentración en un solo mercado.
Reducir aranceles con China y tener una mejor condición de negociación claro que sí. Porque China es un socio comercial que hace 10 años prácticamente no figuraba en las estadísticas.
En exportaciones de carne Uruguay paga unos US$ 130 millones de aranceles en el mercado chino.
Ojalá el Mercosur nos diga: el camino de Uruguay es el correcto y en vez de tener una ventana, se pueda contar con varias ventanas de negociación.
- Recuadro de la entrevista
Reorganización institucional