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Los nuevos soportes tecnológicos, la abrumadora información que se difunde al instante y sin verificación a través de las redes sociales, la frivolización de las noticias, el periodismo profesional e independiente versus el partidista o “militante”, las crisis financieras y lo que se enseña en las Facultades de periodismo son algunos de los temas que plantea y discute el periodista Tomás Linn en su último libro ¿Una especie en extinción? Los periodistas y su crisis, cómo ella afecta la calidad democrática y los valores que deben permanecer.
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Con una trayectoria periodística que comenzó en 1974, Linn es desde 1989 columnista del semanario Búsqueda y desde hace más de 20 años profesor de Periodismo en la Universidad Católica del Uruguay. Su nuevo libro es el tercero que le dedica a la profesión —antes había escrito “De buena fuente” (1989) y “Pasión, rigor y libertad” (1999)— y tuvo como punto de partida un seminario dictado en la Universidad de Montevideo para estudiantes de Comunicación. En ese sentido, el libro tiene un carácter de difusión y también académico, con referencias a teóricos y otros estudiosos del área.
En este trabajo, Linn profundiza temas ya abordados en sus anteriores libros (como el de la libertad de expresión o el rigor periodístico) y desarrolla en 14 capítulos los nuevos desafíos que afronta el periodismo para continuar siendo garantía del sistema democrático. “Cuando el periodismo es incisivo e independiente se beneficia la democracia y en particular el ciudadano. (...) Necesitamos de las noticias no solo para comprender mejor lo que sucede a nuestro alrededor, sino además para lidiar con la realidad que forma parte de nuestro entorno y del mundo en que nos movemos”, dice el autor en el primer capítulo.
Los nuevos formatos periodísticos y el desarrollo de las redes sociales como Facebook o Twitter, y cómo influyen en los medios, es el tema más actual del libro. Para Linn, “los periodistas jóvenes encontraron en las redes sociales un formidable modo de comunicación, pero entraron en un territorio complicado desde el punto de vista profesional”. En momentos en que los políticos y gobernantes publican sus opiniones y hasta sus decisiones en las redes, es muy tentador para los periodistas quedarse con esa “versión” y, para muchos gobernantes, puede ser favorable que no se continúe investigando. “Un mensaje en Twitter pone al reportero en guardia. Pero no puede quedar en eso y se vuelve inexorable la no siempre fácil pero imprescindible tarea que hace todo periodista”, señala el autor.
Por otro lado, hay una sensación en las redes de que cualquiera puede ser periodista porque es muy sencillo difundir las noticias. Al respecto, Linn señala que es necesario reparar en que esas noticias existen porque hubo periodistas que las consiguieron y las redactaron y que, sin ellos, muchos blogs o portales no existirían. “Una y otra vez preocupa esto de que cuanto mayor es la oferta mediática, menor es la discusión”, afirma el autor e insiste en la necesidad de volver al “periodismo puro y duro, mejorado y expandido”: “No es necesario hacerlo como en los años 60 y 70, cuando ese tipo de periodismo estaba en pleno auge, pero sí hay que rescatar su razón de ser y trasladarlo a los cambios que exigen los nuevos formatos”.
La vuelta al periodismo partidario o “militante”, que rigió en el siglo XIX y en buena parte del siglo XX, es otro de los problemas que afectan hoy al periodismo independiente y que Linn estudia en países como Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela, cuyos gobiernos practican ofensivas sistemáticas contra los medios. Al respecto, también menciona la “foxificación” de la noticia, término tomado del servicio noticioso Fox News, que integra el grupo Murdoch, cuyos comentaristas “ofrecen una opinión sesgada hacia posturas del Partido Republicano”. Este modelo “compite” con el profesional “y a veces le gana”, asegura Linn.
El pasaje de los diarios al formato online y la decisión de cobrar o no cobrar es un tema resuelto de diversas maneras en los medios del mundo. Algunos han optado por brindar gratuitamente todas las noticias, otros por cobrar por todo el servicio y también hay casos de opciones combinadas. Para Linn lo importante no es solo resolver los costos, sino también la forma de transmitir las noticias: “Si un sitio noticioso quiere ser exitoso en Internet, debe contar con gente que trabaje, entienda, edite y organice la información para que también luzca ordenada y les dé sentido a las cosas”.
En cada tema que aborda, Linn enfatiza la necesidad de que sigan existiendo periodistas y en la independencia y profesionalización con que deben encarar su trabajo. El caso de WikiLeaks es analizado especialmente en uno de los capítulos, y sobre él comenta el autor: “Siempre hay alguien dispuesto a filtrar secretos, pero no por esa razón se convierte en periodista. (...) Los periodistas siguen siendo necesarios. WikiLeaks sin periodistas es pura jerigonza”.
Linn sostiene que la función de “perro guardián”, de “vigilante atento” de gobernantes y autoridades que debe cumplir el periodismo, es lo que está siendo atacado. “Si no hubiera periodistas curiosos husmeando papeles y haciendo preguntas incómodas, los gobiernos no se sentirían obligados a dar cuenta de cada cosa que hacen, con lo cual pasarían a ser impunes e inmunes”.
En este contexto, cómo se deben formar los periodistas es otra pregunta que se plantea este trabajo, que tiene en los estudiantes de Comunicación su principal público. Linn cuestiona “la excesiva importancia” que en las Facultades de Comunicación se les da a asignaturas como teorías de la comunicación o semiótica, y “pisa” un área discutible que daría para otro libro.
Y para las posibles críticas que puede recibir por la prudencia con la que analiza los nuevos soportes electrónicos, el autor se anticipa: “El ruido y los sacudones que traen los cambios levantan tal polvareda que impide ver con nitidez el futuro. (...) Cuando la polvareda se asiente, quienes fueron calificados de conservadores emergerán otra vez y estarán a la vanguardia. Porque una vez que el cambio se consolide (...) podrá verse que al final, lo que realmente importa es la informada convivencia en la libertad que define a una democracia”.
“¿Una especie en extinción? Los periodistas y su crisis, cómo ella afecta la calidad democrática y los valores que deben permanecer”, de Tomás Linn. Colección Búsqueda-Fin de Siglo, 277 páginas, $ 390.