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Nació en Ciudad de México en 1973, con un lunar blanco en el centro de su ojo derecho que la obligó a usar un parche en edad escolar y a ser una “rara” entre sus compañeros. Y esa rareza Guadalupe Nettel la trasladó a sus novelas El cuerpo en que nací, El huésped, La hija única, y a sus cuentos, Pétalos y otras historias incómodas y El matrimonio de los peces rojos. Todas obras premiadas y traducidas a más de veinte lenguas.
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Si en El matrimonio de los peces rojos trataba la relación escabrosa entre el mundo animal (cucarachas, bacterias, peces betta, serpientes) con las personas, en Los divagantes (Anagrama, 2023), lo escabroso está en el interior de las familias, en sus vínculos incómodos, cuando no turbios.
Como muestra está el cuento La impronta, que trata sobre una marca de familia no siempre explícita, pero reconocible. La protagonista la siente cuando se encuentra de casualidad con un tío que está internado y al que su familia lo había “borrado” de fotos y de relatos. En las caricias y besos de ese tío al borde de la muerte, la protagonista encuentra una huella del pasado.
Hay un joven huérfano que quiere presenciar una escena de amor maternal, pero lo que ve le causa decepción hacia el género humano. Hay un matrimonio con dos hijos que se van de vacaciones y en medio de un bosque se dan cuenta de una impronta familiar maligna. Hay un hombre veterano aburrido de su esposa que se mete en un infierno cuando regresa a la juventud.
El cuento Los divagantes tiene sorpresivamente referencias a Uruguay. Cuenta la relación entre la familia uruguaya Palleiro con una comunidad de latinoamericanos exiliados en México, sobre todo, entre la narradora y Camilo Palleiro. Él es flaco, alto y torpe; usa lentes y habla raro, y es centro de humillaciones. Ella es otra rara que gusta de comparar a la gente con pájaros. A Camilo lo ve como un albatros cuando presencia cómo “pescan” a una de esas aves por equivocación en un barco. “En cuanto estuvo en el aire, extendió sus alas y voló con majestuosidad sin alejarse del barco, permitiendo que lo contempláramos aún durante varios minutos”, dice la protagonista de este cuento con reminiscencias a Baudelaire.
Siempre es una fiesta leer a Nettel por su garra narrativa y sus historias originales. Siempre dejan con ganas de que llegue su próximo libro.