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    En Primaria falta “formación básica” para incluir a discapacitados

    Inspectora de Educación Especial reconoció que escuelas rechazan a niños con autismo por “temor”

    En la escuela Grecia, los alumnos de primer año están aprendiendo los números. Rita, la maestra, armó para Joaquín un camino de hojas de papel con números del uno al 10. El niño camina dando un paso sobre cada número, de la mano de Rita, y cuando llega al final se gana un “choque los cinco” de recompensa. Entre todos los alumnos, este ejercicio didáctico fue diseñado solo para él.

    Joaquín padece un Trastorno del Espectro Autista (TEA). Según Diego Tosar, su padre, esto implica “un atraso en la parte cognitiva”. No sabe hablar y presenta dificultades a la hora de adquirir conocimientos. Si bien a los 18 meses comenzaron a notar indicios de esas dificultades, no fue sino hasta los tres años cuando el niño fue diagnosticado con certeza.

    Hoy, Joaquín está por cumplir ocho años y, luego de un largo “periplo”, como su padre lo describe, encontró una escuela en la que lo incluyen y adaptan los contenidos para que le resulte más fácil aprender. En el camino de la educación pública, Tosar tuvo éxito y los inspectores resolvieron su situación con rapidez. Pero él sabe que eso “no quiere decir que toda la escuela pública esté preparada, ni que toda la escuela pública funcione bien”.

    La inspectora nacional de Educación Especial del Consejo de Educación Inicial y Primaria (CEIP), Carmen Castellano, contó a Búsqueda un caso de una madre de un niño autista que acudió a la inspección porque habían rechazado a su hijo en dos escuelas públicas. Castellano se propuso ayudarla y pasó a encargarse personalmente de la búsqueda. Esos dos “no”, rápidamente se convirtieron en seis. Recién al séptimo intento obtuvo una respuesta positiva. “Sentí un dolor en el pecho y pensaba: ‘¿Qué sentirán los papás?’”, dijo la inspectora.

    “A veces no es que no se quiera incluir. Hay que tener las condiciones y hay que generarlas. Eso implica, muchas veces, reajustes de cargos”, explicó Castellano. Habló sobre la respuesta común de los maestros, cuando dicen que no están preparados para aceptar a un niño con TEA en su clase. Esto, según la inspectora, es un “temor” que responde a que muchos “no tienen las condiciones” para atender a niños con discapacidad, o no se sienten capacitados. Ese temor se potenció con la creación de la Educación Especial alrededor de 1930, que si bien trajo varios avances en materia de inclusión, generó, según Castellano, una creencia generalizada de que los maestros de escuelas comunes no tienen las herramientas para tratar con niños con discapacidad.

    No existe un conocimiento exacto acerca de cuántos niños con TEA están hoy incluidos en la educación pública, pero la inspectora de Educación Especial asegura que el promedio es de uno cada 100 alumnos. La cifra se desprende de una estimación realizada por la Clínica de Psiquiatría Pediátrica.

    La inspectora reclamó que hace falta “empoderar a los maestros” y brindarles una “formación básica” en materia de inclusión, de modo que sepan que pueden tener niños con discapacidad en su clase, una vez que ejerzan su profesión. Castellano reconoció que el Consejo de Formación Docente trabaja en una reformulación del plan que incluya aspectos vinculados a la inclusión y capacitación, con prácticas docentes en escuelas especiales y centros de recursos. Opinó que es necesario un “cambio de mentalidad”, tanto en las próximas generaciones docentes como en todos los actores de la sociedad.

    No existe un conocimiento exacto acerca de cuántos niños con TEA están hoy incluidos en la educación pública, pero la inspectora de Educación Especial asegura que el promedio es de uno cada 100 alumnos. La cifra se desprende de una estimación realizada por la Clínica de Psiquiatría Pediátrica.

    Son muchos los casos en los que niños con TEA pueden ser incluidos en una escuela común, y es a lo que se apunta en una primera instancia. Sin embargo, existen casos de trastornos severos en los que el niño necesita una atención especial y cuidada. Para esas situaciones existen escuelas especializadas en autismo, pero en Uruguay hay solo dos: una en Montevideo y otra en Salto.

    En 2014, la inspección de Educación Especial del CEIP creó una Red de Escuelas y Jardines Inclusivos, que surgió con el apoyo de Unicef y el Instituto Interamericano de Desarrollo Inclusivo. Esta red, llamada Mandela, tenía el objetivo de institucionalizar las experiencias de inclusión que se desarrollaban desde hacía décadas en escuelas y jardines de todo el país. Mandela conecta las escuelas y jardines inclusivos para que cooperen entre ellos. En ese primer año, la red estuvo integrada por 10 escuelas. Hoy ya son 72. Entre ellas hay escuelas especiales, centros de recursos y también escuelas comunes.

    La integración de las instituciones a la red Mandela es voluntaria. Las escuelas que la conforman no son las únicas que incluyen a niños con discapacidad. También hay algunas que tienen o han tenido experiencias de inclusión, pero por diferentes motivos no se han adherido a la red. Tal es el caso de la escuela Grecia, a donde asiste Joaquín.

    El “periplo”.

    A Joaquín le cerraron la puerta más de 10 colegios privados. La experiencia de Guadalupe, su hermana mayor, había sido muy distinta. Cuando Tosar comenzó a buscar dónde escolarizarla, cada institución intentaba mostrarse como el mejor lugar para que la niña asistiera. Era el colegio vendiéndose a los padres. En el caso de Joaquín fue al revés. Las entrevistas, según su padre, eran una súplica. Eran los padres vendiendo a su hijo al colegio.

    El primer intento fue en el colegio al que, hasta hoy, asiste Guadalupe y donde había estudiado también su madre. Una institución que conoce de cerca a la familia materna de los niños. Joaquín y sus padres asistieron a varias entrevistas. Cuando los padres estaban a punto de cantar victoria, el colegio les informó que “no estaba preparado para recibir a Joaquín”, según contó Tosar a Búsqueda.

    Al final, un colegio ubicado en el barrio Pocitos aceptó a Joaquín, pero no lo incluyó. Allí el niño cursó preescolar, desde los tres a los cinco años. Asistía con una acompañante terapéutica, que estaba todo el horario escolar a su lado. El colegio establecía como condición que Joaquín no podía pasar ni cinco minutos dentro de la institución sin su acompañante. Si un día el niño llegaba antes que ella, tenía que esperar afuera, sin importar si llovía o hacía frío. Si su acompañante se enfermaba, Joaquín no podía ir a clase.

    Cuando Joaquín cursaba su último año de preescolar, en julio citaron a sus padres. Entonces les dijeron que debían buscar un lugar adecuado a donde enviar a su hijo el siguiente año, cuando tenía que empezar primaria. Las autoridades no veían la continuidad de Joaquín en esa institución.

    Son muchos los casos en los que niños con TEA pueden ser incluidos en una escuela común, y es a lo que se apunta en una primera instancia.

    Comenzó entonces un nuevo periplo. Tosar golpeó a las puertas de otros tantos colegios privados. Sin éxito. Fue allí que se le ocurrió intentar por otro camino. “Sinceramente, yo no me había planteado que mi hijo fuera a la escuela pública”, dijo.

    “Capaz que pequé de ignorante”, dice Tosar cuando admite que primero pensó en educación privada para su hijo. Creyó que los colegios privados serían más inclusivos y tendría más posibilidades de encontrar entre ellos la mejor opción. Pero algunos ni siquiera lo llamaron después de la entrevista. Otros ni le concedieron la entrevista, y otros le dijeron que no podían aceptar a su hijo porque no estaban preparados o ya tenían un niño con discapacidad en la generación.

    Si bien existen experiencias de inclusión en algunos colegios privados, estos no tienen la obligación de aceptar a niños con discapacidad. En caso de no aceptarlos, tampoco están obligados a brindar explicaciones sobre su decisión. Búsqueda consultó a la Asociación de Institutos de Educación Privada acerca de la inclusión de niños con TEA en los colegios que la conforman, pero su presidenta contestó que “lamentablemente” no cuentan con información sobre el tema.

    En el caso de las escuelas públicas, según Castellano, “ninguna puede decir que no” a un niño con TEA o cualquier otra discapacidad, aunque luego matizó que “el único ‘no’ aceptable es cuando ya hay bastantes”, porque se descuidaría la atención personalizada a cada uno de ellos.