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    En primera persona

    Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura 2022

    “Mi padre intentó matar a mi madre un domingo de junio. Fue a primera hora de la tarde. (…) Aquello ocurrió el 15 de junio de 1952, la primera fecha concreta de mi infancia. Hasta entonces, el tiempo solo había consistido en un deslizarse de días y de fechas escritas en la pizarra y en los cuadernos. A partir de entonces, les he dicho a varios hombres: ‘Cuando yo estaba a punto de cumplir doce años, mi padre intentó matar a mi madre’”. Así comienza La vergüenza (1998), novela de la escritora francesa Annie Ernaux (Lillebonne, Francia, 1940), Premio Nobel de Literatura 2022.

    Sin ningún tipo de pudor, en sus novelas Ernaux abre la ventana hacia su vida para que quien quiera la conozca. Y lo hace de forma directa, sin eufemismos, tanto para mostrar a su padre con un hacha agarrada de una mano, mientras con la otra sostiene a su madre, como el aborto que se hizo en la juventud o la relación con un amante ruso. En general sus personajes son mujeres que atravesaron el siglo XX abrumadas por la presión social o familiar y con un gran deseo de ser independientes. Ella es una de esas mujeres.

    En su fallo, el jurado del Premio Nobel destacó “la valentía y la agudeza clínica con que la escritura de Ernaux desvela las raíces, los extrañamientos y los frenos colectivos de la memoria”. La noticia del premio, dotado con 920.000 euros, encontró a Ernaux en su casa en la ciudad de Cergy-Pontoise, a unos 40 kilómetros de París. “Lo considero un gran honor y al mismo tiempo una gran responsabilidad, una responsabilidad que se me otorga con el premio. Es decir, de manifestar una forma de equidad, de justicia, en relación con el mundo”, dijo en su primera declaración a la TV sueca.

    Sus padres eran dueños de una cafetería-tienda en Yvetot, una población en la región de Alta Normandía, en el distrito de Ruan, donde Ernaux pasó su infancia y juventud. En la bodega de ese local fue donde su padre iracundo quiso darle con el hacha a la madre. Por suerte no lo hizo, pero quedó como escena para la literatura. Ernaux estudió en la Universidad de Rouen y en la de Burdeos. Tiene un título de maestra y otro de Literatura Moderna. Durante 23 años fue profesora de liceo y también del Centro de Educación a Distancia.

    Su primera novela la publicó en 1974, se llama Los armarios vacíos y le dio el tono a su obra, porque contó sin ningún reparo el aborto clandestino al que se sometió en 1964, un tema que retomará desde otros ángulos en El acontecimiento (2000). “‘Esto le quemará un momento, justo al introducirlo’ Una pequeña sonda roja, toda enrollada, recién salida del agua hirviendo. ‘Entrará bien, no se preocupe’. Yo estaba sobre la mesa, entre mis piernas solo veía sus cabellos grises y, empuñada, la serpiente roja en el extremo de unas pinzas”, es la descripción al inicio de la novela. Las primeras traducciones al español de sus novelas fueron publicadas por la editorial Cabaret Voltaire, y desde 1993 hasta ahora por el sello Tusquets.

    Una vida desgranada en una treintena de novelas (algunas muy breves que no alcanzan las 100 páginas), puede llegar a ser tediosa. Pero Ernaux tiene una escritura ágil y sabe mantener la tensión. Escribe sobre la sexualidad desde el punto de vista de la mujer que la experimenta, disfruta o padece. Justamente padecimiento es lo que siente la protagonista de La mujer helada (1981), quien está casada con un ejecutivo con el que tiene dos niños. Ella es profesora y tiene una vida aparentemente apacible, pero está helada por dentro y siente soledad en medio de la rutina doméstica. “Una soledad de habitaciones vacías en compañía de una criatura que aún no habla, con un montón de tareas minúsculas y dispersas como único objetivo. No me acostumbraba. Como si de golpe me hubiesen puesto contra las cuerdas”.

    En 1983 publicó El lugar (Tusquets, 2002), novela en la que contó la vida de su padre. “Reuniré las palabras, los gestos, los gustos de mi padre, los hechos importantes en su vida, todas las señales objetivas de una existencia que yo también compartí. Nada de poesía del recuerdo, nada de alegre regocijo. Una forma de escribir llana es la que me resulta natural, la misma que empleaba en otro tiempo para escribir a mis padres y contarles las noticias más importantes”, dice la narradora y así su novela es también una reflexión sobre las posibilidades y límites de la escritura.

    Con No he salido de mi noche (1996), dio un viraje hacia su madre, o más bien hacia la enfermedad que sufrió su madre por la que pasó sus últimos días en un residencial de ancianos. “En ningún caso se leerán estas páginas como un testimonio objetivo sobre la ‘larga estancia’ en una residencia, y menos aún como una denuncia (las cuidadoras eran, en su mayoría, de lo más atentas), sino únicamente como el residuo de un dolor. ‘No he salido de mi noche’, es la última frase que escribió mi madre”, dice la autora en el prólogo.

    Uno de sus libros más extensos es Los años (2008), en el que recupera sus memorias de juventud a través de recuerdos, fotos y objetos. “Como el deseo sexual, la memoria no se detiene nunca. Empareja a muertos y vivos, a seres reales e imaginarios, el sueño y la historia”, escribió. En Pura pasión (Tusquets, 1993) narró en 80 páginas la historia de una mujer divorciada e independiente que tiene una relación con un diplomático ruso de quien se enamora con una pasión sexual que nunca antes había sentido. Y en Perderse (2001), contó la misma historia en forma de diarios que le llevó 300 páginas.

    Tal vez su novela más conocida sea El acontecimiento (Tusquets, 2000), que vuelve al momento de su juventud, cuando estaba en Ruan estudiando filología y descubrió que estaba embarazada y decidió abortar. “Me venía una y otra vez a la cabeza la misma escena borrosa de aquel sábado y de aquel domingo de julio: los movimientos del amor, la eyaculación. Debido a esa escena, olvidada durante meses, me encontraba ahora ahí. El abrazo y los movimientos de los cuerpos desnudos me parecían una danza mortal. (…) Nunca pensé que el sexo pudiera tener relación con nada”. La novela fue llevada al cine en 2021 por la directora Audrey Diwan.

    Su obra fue reconocida en 1984 con el premio Renaudot y fue finalista del Booker International en 2019. El más reciente de sus trabajos no es escrito sino audiovisual. Con su hijo Davis Ernaux-Briot recuperó grabaciones familiares hechas en Super 8 que había filmado su exmarido entre 1972 y 1981. El resultado se llama Les années Super 8 y fue presentado en el Festival de Cannes 2022. La plataforma Filmin la estrenará el 9 de enero. Conoceremos, entonces, más fragmentos de su vida.

    En El acontecimiento, una cita de Michel Leiris es un símbolo de la novela y también de su autora: “Este es mi doble deseo: que el acontecimiento pase a ser escritura y que la escritura sea un acontecimiento”.

    Vida Cultural
    2022-10-12T23:12:00