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En momentos en que el precio del ganado en el mercado local tendió al alza y registró valores récord en ciertas categorías, los frigoríficos y otros operadores del sector cárnico apostaron a la importación de carnes de Brasil y otros países para el abasto interno.
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La importación de carnes vacuna y de cerdo, entre otros derivados cárnicos alcanzaron un monto de US$ 98 millones en el primer semestre de este año, principalmente entre abril y junio hubo un incremento en el ingreso de esos productos, según datos del instituto Uruguay XXI.
Ese monto implica un aumento de 24%, en comparación a igual período de 2018, y de 133% respecto al primer semestre de 2016.
Indican que la importación de carnes en igual período de 2018 fue de US$ 79 millones, en 2017 fue de US$ 52,4 millones y en 2016 de US$ 42 millones.
La cantidad de empresas dedicadas a ese negocio pasó de unas 30 en 2016 y 2017 a más de 50 en 2019.
Las estadísticas oficiales muestran que en mayo el monto de las importaciones de carne porcina y vacuna fue de US$ 10 millones y US$ 9 millones, respectivamente; mientras en junio el monto de la carne de cerdo bajó a US$ 8 millones y el de la bovina fue de US$ 8,4 millones. En el caso de la carne vacuna, la mayor cantidad fue importada en estado fresco o refrigerado; en cuanto a la carne porcina no está diferenciado el detalle y la información está incluida en fresca, refrigerada y congelada.
Los datos de Uruguay XXI indican que el año pasado el monto de las importaciones de carne era casi la mitad de lo registrado en 2019, entre US$ 3 millones y US$ 5 millones mensuales. Mientras que en 2017 solo en enero llegó a US$ 1,1 millones, en tanto en el resto del primer semestre de ese año siempre quedaron muy por debajo del millón.
Uruguay, un país tradicionalmente consumidor y exportador de carne, tiene varios mercados internacionales abiertos y una creciente demanda, por lo que los empresarios del rubro buscan una alternativa para atender las dos puntas del negocio.
Debido a una menor oferta de novillos gordos para la faena, principalmente destinada a cubrir las exportaciones a destinos de mayor poder adquisitivo y que registran mejores precios, como la Unión Europea, la industria frigorífica encuentra una alternativa en la importación de carne para vender al consumidor uruguayo.
Pero la voracidad de los chinos es quizás el factor de mayor peso en esta situación, ya que China registró una evolución creciente entre los destinos de la carne uruguaya. Actualmente algo más del 60% de la carne bovina de Uruguay se exporta a ese gigante asiático, eso sucede en un contexto de crisis china por el impacto negativo de la peste porcina africana en ese país.
Brasil es por lejos el principal origen de la carne importada, tanto vacuna como porcina y derivados cárnicos. En la primera parte del año, las importaciones mensuales desde ese país variaron entre US$ 11 millones y US$ 18,5 millones, que fue el máximo valor registrado en el primer semestre de este año y considerando igual período de los últimos tres años, según los datos.
Muestran además que el monto de las importaciones cárnicas registrado en mayo de 2019 sobresale en ese comparativo, al llegar a US$ 20,5 millones y un volumen de 7.645 toneladas; mientras que en junio de este año el monto fue de US$ 18 millones y un volumen de 6.580 toneladas. Esos volúmenes se reparten en unas 4.000 toneladas de carne de cerdo, casi 2.500 toneladas de carne vacuna, y el resto se distribuye en pollos, tocinos, grasa de cerdo y derivados cárnicos.
Los jugadores
Las estadísticas de la Dirección de Aduanas, que utiliza Uruguay XXI, muestran que algo más de 50 firmas importaron carne de Brasil. Entre las que operaron mayores volumen y monto en el primer semestre de este año se encuentran las empresas Santa Clara, Maufe, Sarubbi, Rey Toro, Sindon (Doña Coca), Schneck, Requinod, Wilisol, Ottonello, Saturno, Sadia y dos frigoríficos del grupo brasileño Marfrig (Colonia y Tacuarembó).
Con menores volumen y monto en sus importaciones también participaron de esa actividad en el primer semestre de este año otros frigoríficos de capitales de Brasil, como Canelones, PUL y Carrasco del grupo Minerva; y las industrias frigoríficas Las Piedras, BPU, San Jacinto, Copayan, Fricasa, entre otras.
Empresas vinculadas a la industria de chacinados también figuran en las importaciones de carnes y despojos comestibles, específicamente están las firmas Kali, Picorell y Jorge Hermanos, según los datos oficiales.
El mayor ingreso de carnes importadas, principalmente de cerdo, está directamente relacionado con los cambios en los hábitos de consumo en el mercado uruguayo.
La creciente oferta de cortes cárnicos porcinos frescos o congelados y el incremento en el precio de la carne vacuna incidieron en una tendencia del consumidor local a volcarse hacia otras carnes.
En la última década también hubo acuerdos sanitarios entre Uruguay y otros países que posibilitaron un incremento en el flujo de carnes, como sucedió con Brasil y Estados Unidos. Fue así que el acceso a nuevos mercados para exportar carne bovina uruguaya significó como contrapartida la apertura del mercado local para los productos cárnicos de otros orígenes.
En ese juego de equilibrio que hacen los frigoríficos entre tomar los mejores precios de los mercados externos y no desatender la demanda interna, es que aparecen con mayor frecuencia en las góndolas de los supermercados y otros comercios una diversidad de cortes de cerdo y de carne vacuna importada que se presenta envasada al vacío. Paralelamente, las industrias de chacinados utilizan como materia prima carnes y despojos comestibles importados para la elaboración de sus productos.