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En un foro que tuvo a Lacalle Pou como protagonista, Uruguay se opuso a que haya cambios institucionales en la Celac
En las negociaciones para la declaración final, el gobierno uruguayo cuestionó y evitó modificaciones que podían “ambientar la construcción de bloques ideológicos”
El presidente Luis Lacalle Pou durante su discurso en cumbre de la Celac. Foto: Cancillería Argentina
Las salas de prensa en los grandes hoteles durante las cumbres de jefes de Estado funcionan más o menos así: muchos periodistas dispersos y ruidosos, varios con la cabeza enterrada en sus celulares o en sus computadoras, otros tomando café, conversando, yendo y viniendo, intercambiando datos, matando el tiempo, esquivando el tedio. Hasta que de repente algunos de los dirigentes políticos de mayor o menor relevancia que están del otro lado de las cintas que cortan el paso, del lado donde las cosas están ocurriendo, se atreven a traspasar hacia la zona de guerra. Y ahí el cardumen. La manada en acción. La marabunta voraz de cámaras y micrófonos que se atropellan para conseguir una declaración, una palabra, algo. Son pocos los gobernadores o funcionarios que deciden cruzar la frontera y someterse voluntariamente a ese caos donde los periodistas gritan las preguntas en distintos idiomas al mismo tiempo. En la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que se llevó adelante el martes 24 en Buenos Aires, el presidente Luis Lacalle Pou fue el único de los 33 jefes de Estado que lo hizo. Y entonces el caos, que luego se resolvió en una conferencia de prensa algo más ordenada y formal.
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La palabra de Lacalle Pou era, ciertamente, una de las más buscadas en un foro que estuvo signado por la vuelta a la mesa de Brasil con el presidente Luis Inácio Lula da Silva a la cabeza, y por la posición firme de Uruguay de abrirse al mundo y avanzar en acuerdos comerciales globales por fuera del Mercosur. Todo esto sazonado con incendiarias declaraciones previas del canciller brasileño, Mauro Vieira, que dijo que la postura uruguaya, en especial la negociación de un acuerdo comercial con China, podría significar la “destrucción” del bloque. O la del ministro de Economía argentino, Sergio Massa, que tildó a Uruguay de “hermano menor” del Mercosur.
En la conferencia, Lacalle Pou le respondió a Vieira: “Uruguay tomó una definición de avanzar con China para un tratado bilateral, si es junto a la permanencia en el Mercosur, mejor. No somos rupturistas ni ponemos titulares tan trágicos”. Y también, lacónico y algo críptico, le contestó a los dichos de Massa: “Parece Disneylandia”.
Durante la cumbre, el presidente uruguayo tuvo un discurso crítico que sobresalió sobre otras ponencias en el resumen final del congreso. Advirtió sobre la “tentación” que encierran estos foros regionales de terminar convertidos en un “club de amigos ideológicos”. “En la variedad y en la alternancia estará la fortaleza de estas organizaciones”, aseguró. “Cuando cambia la ideología de un lado a otro los foros se desvanecen. Mal hacemos en ponerle un tinte ideológico a la Celac”, agregó.
Y luego arremetió, como lo hizo en 2021 durante la cumbre en México, contra una “visión hemipléjica” de los derechos humanos. Recordó que dentro de los 100 puntos que suscribiría la Celac, había uno que “habla del respeto a la democracia, a los derechos humanos y del cuidado a las instituciones”. Y continuó: “Bueno, claramente hay países acá, y ya fue dicho, que no respetan ni la democracia, ni las instituciones ni los derechos humanos. De nuevo, no tengamos una visión hemipléjica de la defensa de la democracia, de los derechos humanos y de las instituciones según el perfil ideológico”.
Foto oficial de la cumbre de la Celac. Lacalle Pou es el primero desde la izquierda.
Un foro político con consenso
En las negociaciones para acordar la redacción de la declaración final, Uruguay se “paró firme” para evitar que incluyera menciones específicas a modificaciones institucionales de la Celac. En la etapa de borrador de la declaración, había menciones específicas a “mejorar” y “agilizar” la “toma de decisiones de la Celac, que hoy es por consenso. Uruguay planteó su oposición a esa posibilidad y a posibles esfuerzos de dar mayor institucionalidad a un bloque que “es y debe seguir siendo un foro político”, explicó a Búsqueda una fuente del Poder Ejecutivo.
El lineamiento del gobierno de Lacalle Pou era oponerse a “un avance de una institucionalidad que termina por enquistar todo el proceso”, añadió. “La Celac funciona bien así”.
A Uruguay le preocupaba también que se pusiera sobre la mesa la eliminación de la toma de decisiones por consenso, ya que las resoluciones por mayoría pueden ambientar la construcción de bloques ideológicos que impongan sus posturas. Uno de los consultados recordó las declaraciones del expresidente José Mujica en Búsqueda, quien habló de la necesidad de consolidar la institucionalidad de la Celac y eliminar los consensos.
En línea con la opinión de Mujica, en su discurso ante los jefes de Estado, el presidente venezolano Nicolás Maduro planteó que su país quería que la Celac “tenga una estructura organizativa, tenga una arquitectura organizativa propia como la tiene la Unión Europea”. Pidió que se retomen las reuniones de ministros como ocurrió años atrás para “acercar posiciones” y elaborar “políticas públicas comunes”.
La declaración final incluyó una mención al funcionamiento de la Celac, pero “tan lavada” que permitió a Uruguay dar su apoyo y fue considerado un éxito por el gobierno, según los informantes. “Nos congratulamos por los positivos intercambios de puntos de vista sobre el funcionamiento institucional del mecanismo, y los aportes en torno a la mejora de procedimientos internos, rotación de las presidencias, y plena participación y representatividad de todos los Estados miembros”, dice el punto 108 de la declaración de 111 puntos.
Durante su discurso, Lacalle Pou aprovechó la oportunidad para plantear un tema que no estaba en la larga declaración final: la apertura comercial de la región. Y lanzó una pregunta sobre la mesa: “¿No será momento de sincerar estas relaciones y que desde la Celac se impulse una zona de libre comercio con otros países, desde México hasta el sur de América del Sur?”. Y añadió que muchas de las economías regionales son “complementarias” y por eso se podría “avanzar en este sentido”. “Hay que llevar los discursos a la práctica”, reclamó al cierre de la cumbre.