El experto español Jordi Dolader, de la consultora MRC de Madrid, dio un panorama del mapa geopolítico actual. “Estamos frente a un nuevo paradigma, un nuevo orden de la energía”, sostuvo. “En la región tendrá cierta consecuencia pero sobre todo será un juego de monstruos, de gigantes, y de grandes cambios”.
Uno de los “monstruos” es China, que ya sobrepasó a Estados Unidos como mayor consumidor mundial de energía.
“La política de las grandes potencias es esencialmente una lucha por los recursos energéticos”, sostuvo.
En su opinión, la mayoría de los productores de energía carentes de economías diversificadas, como Rusia y las monarquías del Golfo Pérsico, saldrán perdiendo en el “nuevo orden” energético mundial. En cambio, los grandes consumidores, como China, India y otros países asiáticos, se verán beneficiados.
Con la explosión del shale gas, hidrocarburo no convencional que se obtiene con la técnica de fracturar el suelo (fracking), Estados Unidos dio un vuelco: pasó de necesitar una garantía de aprovisionamiento a tener abundancia.
Dolader afirmó que Estados Unidos sobrepasará a Arabia Saudita como productor de hidrocarburos en 2017. Eso llevará a una reorientación de la presencia en el Golfo y el endurecimiento de posiciones hacia Rusia y China, opinó el experto.
Dado que Estados Unidos “siempre se ha regido por la escasez” y su política de controlar algunas áreas del mundo tenía como objetivo desde los años 70 asegurarse las materias primas, ahora se puede replantear una cuestión: “¿vale la pena poner tropas en medio mundo para asegurar el abastecimiento energético?”.
En los últimos días la empresa rusa Gazprom firmó un contrato de U$S 400.000 millones para venderle gas a China y diversificar sus negocios fuera de Europa. Es síntoma de que la situación en Eurasia está cambiando.
Allí, sostuvo Dolader, “se ha formado un complejo sistema circular” que se compone de tres tipos de países: los exportadores (Rusia, Kazajistán, Turkmenistán y Uzbekistán), los importadores (China, India y Singapur) y los transportadores.
Europa y los países del antiguo bloque soviético están dejando de depender de los suministros rusos de energía. Así, ya no tienen que “soportar las políticas agresivas de Moscú”. China depende crecientemente de las importaciones de petróleo. A su vez, Japón y Corea dependen del petróleo y gas extranjeros.
En ese contexto, el cambio hacia las energías renovables “en los países en vías de desarrollo es mucho más intenso y firme que en los países desarrollados”.
“La mayoría de los países se embarcan en energías renovables no por razones de cambio climático sino sobre todo por mejores y más numerosos puestos de trabajo, por la superación de la dependencia de la importación de combustibles fósiles y de los precios, por el aire limpio y la salud, y finalmente por la creación de una infraestructura de producción industrial y de suministro duradera y sostenible”, afirmó.
Pero pese al avance de esas tecnologías, “más de 250 años después de la revolución industrial, el carbón sigue siendo el primer combustible del desarrollo”. Casi la mitad de la energía usada para producir electricidad proviene de ese mineral, principalmente por la demanda china, lo que puede tener “consecuencias potencialmente desastrosas para el medioambiente”.
América Latina y el financiamiento.
Jorge Ciacciarelli, de Arpel, analizó los datos de América Latina, que consume más petróleo y gas, menos carbón y más recursos hidroeléctricos, según los últimos datos de la compañía BP.
La producción de petróleo en el continente bajó y se estabilizó en 10 millones de barriles por día, mientras que el consumo crece sostenidamente, se acerca a la cantidad producida y ya superó la capacidad de refinación.
A su vez, el 75% de la demanda global de gas natural licuado (GNL) proviene de Asia y el 41% de esa demanda se abastece desde Medio Oriente. El 7,7% de las importaciones y el 7,6% de las exportaciones corresponden a América Latina.
Según Ciacciarelli, es necesario que los países de la región se unan para generar “un club de compradores de GNL”, lo que traerá mejores precios y menores multas.
El financiamiento es uno de los principales obstáculos, ya que los requerimientos de inversión “exceden la capacidad financiera y la toma de riesgos de la mayoría de los Estados”.
El economista uruguayo Gabriel Oddone, de CPA Ferrere, sostuvo que los proyectos energéticos “van a ser mirados con mucha mas atención que en el pasado” y el financiamiento externo será menor.
Una visión similar expuso el argentino Emilio Sawada, experto del Banco Interamericano de Desarrollo. Según él, los proyectos de energía van a competir en la captación de recursos con otros sectores, como la educación, la salud y la infraestructura. Por eso habrá que poner “mayor énfasis en la preparación de los proyectos”, porque “es probable que los organismos sean más selectivos”.
Integración.
La integración energética entre los países latinoamericanos fue uno de los centros del debate durante el congreso.
El presidente de UTE, Gonzalo Casaravilla, opinó que “el tema energético evidentemente es un tema geopolítico, de poder económico, hay guerras en el mundo por el tema energético, y eso no escapa a los países latinoamericanos”.
Casaravilla opinó que “no hay forma de eludir la barrera política” pero el problema es que el tema energético es de largo plazo, necesita acuerdos políticos, y las administraciones cambian cada pocos años. “Por eso es importante mantener equipos técnicos muy capacitados”, afirmó.
Luis Pacheco, gerente del Instituto Costarricense de Electricidad, recordó que la integración energética de América Central se dio con acuerdos bilaterales entre los países hasta cubrir todo el corredor, desde Panamá hasta México.
Casaravilla coincidió en que “el avance de la integración es bilateral” y hay que “avanzar a paso firme sin cometer errores”.
Ramón Méndez, director nacional de Energía, opinó que la integración “funciona bien donde hay recursos compartidos”, a diferencia de la interconexión entre infraestructuras a ambos lados de una frontera. En ese sentido, uno de los desafíos es “cómo se reparte la ganancia”.
Uruguay 2040.
En ese mapa en el que los “monstruos” buscan prevalecer y América Latina sobrevivir, Uruguay se prepara para las próximas dos décadas.
El director de Energía planteó varias medidas: continuar la incorporación de eólica “al máximo técnicamente viable”, incorporar generación con biomasa, generación solar y almacenamiento de energía, complementándolo con ciclos combinados de gas natural, eficiencia energética, redes inteligentes y la integración regional.
Casaravilla presentó durante el congreso un estudio técnico de UTE que a través de una simulación de 500.000 escenarios posibles evalúa cuáles son las necesidades a cubrir por Uruguay desde 2020 hasta 2040.
El futuro, a juicio del jerarca, incluye una rápida incorporación de eólica, la instalación de capacidad de ciclo combinado, la importación de GNL y la interconexión con Brasil, todos procesos ya en marcha.
“Hasta 2020 llegamos con lo que tenemos”, afirmó Casaravilla.
La simulación mostró que en algunos años (en principio 2021, 2025 y 2031) será necesario incorporar más turbinas de gas. Y por el año 2029 se volverá competitiva la energía solar fotovoltaica.
De acuerdo a la simulación, en 2016 habrá 1.200 megavatios (MW) de eólica, 1.404 de térmica y 1.548 de hidráulica (con la capacidad colmada). En cambio, se prevé que en 2040, además de los 1.548 de hidráulica, haya 5.000 MW de eólica, 1.540 de térmica (890 de ciclo combinado y 650 de turbinas de gas) y 1.250 de fotovoltaica.
“Uruguay va a un escenario en que el combustible barato es la eólica”, pronosticó Casaravilla.
Por eso en el futuro se justificará la instalación de centrales de bombeo y acumulación de energías renovables.