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    Escenas de una pareja en llamas

    Es difícil no creer en las posibilidades del encierro. En camino a cumplirse el primer año en el que el espacio entre paredes se volvió —para los afortunados— el centro de cada universo personal, nadie es ajeno a las posibilidades que las limitaciones pueden proponer. Y aunque la ficción pandémica, ya sea sobre o surgida a raíz de, todavía se materializa bajo una extrañeza indiscutible, nunca deja detrás cierto rechazo. ¿Personajes con tapabocas del otro lado de la pantalla? ¿En esta economía? No, gracias.

    Es cierto que la necesidad por nuevos relatos encuentra, ahora, un punto clave de inflexión dentro de la industria audiovisual mundial: el catálogo de producciones anteriores a la crisis sanitaria mundial empieza a desabastecerse poco a poco. La puerta de Hollywood y todos los que sintonizan sus ofertas en sus televisores, teléfonos, computadoras y algunas salas de cine afortunadas, está abierta para que las producciones concretadas entre 2019 y 2020 hagan su principal entrada. Hete aquí Malcolm y Marie, la nueva película de Netflix que se acaba de estrenar y forma parte de la última estrategia comercial del servicio de streaming en contar con nuevos largometrajes cada semana de 2021. Malcolm y Marie también es la nueva película del director y guionista estadounidense Sam Levinson.

    Hijo de Barry Levinson (Buenos días, Vietnam; Rain Main y Mentiras que matan), Sam Levinson es una de las últimas figuras en enorgullecer a la señal de televisión HBO. En 2019, Levinson estrenó su primera serie, Euphoria. Por su mirada empática y sin prejuicios a la generación Z a través del retrato de una serie de jóvenes que atraviesan problemas de adicción, depresión o ansiedad, el drama se volvió una de las series bandera de HBO, que desde la pérdida de Game of Thrones ha apostado a completar su grilla con narraciones más arriesgadas, al menos hasta que la búsqueda de otro éxito como el de los dragones se concrete.

    En 2020 Levinson tenía escrita la segunda temporada de Euphoria, así como todas las piezas prontas en el tablero para comenzar su filmación. Corte a: Covid-19. De acuerdo a las notas de producción de Malcolm y Marie, el sentido de responsabilidad de Levinson en mantener el trabajo de su equipo de filmación lo motivó a buscar una alternativa: una película independiente. Debido a las restricciones que la pandemia pondría en la escala y naturaleza de la producción, Levinson concibió la idea de crear una historia centrada en una pareja a lo largo de una noche.

    La inspiración surgió por una anécdota personal. Durante la presentación de su película Assassination Nation, Levinson se olvidó de agradecer en un discurso a su esposa, quien formó parte del proceso de finalización de la comedia satírica durante un año. El frenesí y la algarabía de una noche memorable para el autor se cruzó, una vez finalizada la velada y dentro del hogar de los Levinson, con el recelo y el enojo que un desliz significativo provocó. Al día de hoy Levinson y su esposa continúan trabajando juntos.

    El puntapié de Malcolm y Marie es similar. La pareja, interpretada por John David Washington y la protagonista de Euphoria, Zendaya, regresan a su hogar tras asistir a la fiesta de estreno del debut de Malcolm, a quien se le avecina un futuro de renombre y éxito como director de cine. A medida que los hechos de esa celebración, ocurridos antes del in medias res con el que el drama romántico comienza, son desentrañados, también lo son los rencores, miedos y pasiones entre los concubinos.

    Unos segundos de metraje bastan para contemplar la sofisticación a la que Levinson apela en su película, un experimento restringido, algo demandante y cargado primordialmente sobre los hombros de la dupla de intérpretes. No solo Levinson reclutó a dos de los actores en mayor ascenso (Zendaya, quien tiene un pasado como actriz infantil de Disney, ya cuenta con un premio Emmy; Washington, en tanto, ya trabajó con el director Spike Lee y protagonizó la última película de Christopher Nolan, Tenet), sino que también los encerró, bajo un relato en blanco y negro, dentro de la Casa Oruga, un hogar de ensueño del estudio Feldman Architecture situada en los valles de California.

    Con un aire modernista, la arquitectura de este hogar californiano se alinea con la propia película: tiene estructuras que se explican por sí mismas, con formas simples que se integran con espacios exteriores e interiores de manera lujosa. Malcolm y Marie, dentro de su coolness irremediable, no apela a las sutilezas. Es una obra cargada de sentimientos rara vez implícitos. Una cirugía a corazón abierto en la que Malcolm y Marie toman turnos para sostener el bisturí.

    En su Malcolm, Washington construye un megalómano carismático aunque insufrible. Un artista de élite perseguido por el “qué dirán”, arremete (de forma graciosa, hay que reconocerlo) contra los críticos que buscan el sentido político en su película cuando, según él, no existe. Pese a que su conflicto interno encuentra la empatía con el espectador principalmente en sus silencios ante Marie, Washington también se da el gusto de apelar a la exacerbación. Si no cae en una caricatura, es por sus propios méritos.

    En el relato de Levinson, Malcom se ha inspirado, al menos en parte, en la vida de su pareja, Marie. Zendaya vuelve a interpretar a un exadicta, aunque una muy diferente a la adolescente problemática que personifica en Euphoria. En Malcolm y Marie, Zendaya se impone como una verdadera revelación, capaz de maniobrar entre una crueldad astuta y el romance empedernido sin el más mínimo problema, acudiendo al sigilo que contrarresta el histrionismo de Malcom.

    Malcolm y Marie, cuyas voces fueron concebidas por el propio Levinson, son mordaces y de reflexiones rápidas. Tal vez demasiado. Sus discusiones rara vez tienen un respiro a no sea que alguno cruce una línea clara. Su relación, entonces, se manifiesta como un ciclo repetitivo: el enojo no persiste, se transforma en seducción y vuelve inmediatamente al principio. Al relato, entonces, le resulta complejo sostener su naturaleza por sus casi dos horas de duración.

    Levinson encuentra en su director de fotografía, Marcell Rév, una figura capaz de retratar a Malcolm y Marie con las suficientes técnicas, desde paneos suaves y un uso inteligente de los primeros planos, como para que la experiencia no deje de ser cinematográfica.

    Malcolm y Marie no cambiará la forma de hacer cine si la crisis sanitaria persiste, pero sí puede ser apreciado como un intento elegante de hacerlo. Levinson confirma que es capaz de analizar, y hasta parodiar, su propio éxito y lo hace con la ayuda de dos artistas talentosos en camino a la grandeza. El encierro, se podría decir, resultó fructífero.

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