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    Falta un “señor PPP” para agilizar las obras de infraestructura

    Los “motores” que impulsaban la industria de la construcción “se fueron apagando” y las obras por el régimen de participación público-privada (PPP) no tienen el ritmo deseado. Frente a ese panorama “hay que hacer mucha gimnasia” y poner al frente a un “señor PPP” como gestor en el Estado de ese tipo de proyectos, para lograr agilizarlos, afirmó el vicepresidente Comercial y de Operaciones de la constructora Saceem, Alejandro Ruibal.

    Opinó que “el país está pagando derecho de piso con las PPP” al igual que les sucede a las empresas y a los financiadores locales. Dijo que “hay que buscar que siga siendo negocio” y lamentó la falta de “confianza” que existe entre los actores que participan.

    A Grinor —del grupo Saceem—, en consorcio con una empresa española, se le adjudicó la primera PPP vial para la recuperación de las rutas 21 y 24.

    Con una facturación cercana a U$S 200 millones anuales y 2.000 empleados, el grupo Saceem es la “gran constructora del país”, destacó el ejecutivo. Según dijo, la empresa es uruguaya aunque más del 50% de las acciones pertenezcan a brasileños.

    A continuación una síntesis de la entrevista con Búsqueda.

    —La construcción está en recesión. ¿La actividad ya tocó fondo? ¿Cuál puede ser el salvavidas para cambiar la tendencia?

    —Probablemente no haya llegado al piso. Venimos de cinco trimestres consecutivos de caída. Eso se ve claramente en el empleo, hay del orden de 30.000 puestos menos de trabajo. Si bien veníamos de un pico histórico por encima de los valores de los últimos 40 años, con 74.000 personas en obra, creo que empezamos a caer por debajo de la media y eso es lo preocupante.

    Lo otro preocupante es que en Uruguay el sector público es el gran inversor y hubo un ajuste importante mientras que ordenaron dónde se iba a gastar. Eso lo sintió la industria. Hay ciclos y una inercia de arranque de los gobiernos. Esa curva se compensa muchas veces con la inversión privada, que en los últimos 10 años fue muy importante en distintos rubros: industrial, de arquitectura y otros. Esos motores se fueron apagando. Megaproyectos no hay, se apagaron algunos proyectos medianos y la arquitectura, con el boom de Punta del Este, se retrajo. Luego también se retrajo la arquitectura a nivel residencial y quedó la vivienda de interés social como amortiguador pero dando una base mínima. Las inversiones en energía se van apagando también.

    —¿Piensa que el plan de infraestructura anunciado por el gobierno sea el motor que haga repuntar a la construcción?

    —Estoy muy expectante de que tomen cierto ritmo y se concreten las inversiones anunciadas: la del Estado y la de una parte importante —estimada en un tercio del paquete— con mecanismos de PPP. No sé cuál es el cronograma, pero es claro que todo lo que se licite lleva por lo menos un año antes de empezar a ejecutarse. Y cuando se trata de herramientas nuevas, como las PPP, diría que es un plazo incierto. Las PPP son todo un tema, hay que entrenar mucho, hacer mucha gimnasia.

    —A ustedes junto con la española Sacyr se les adjudicó la primera PPP vial. ¿Cómo va la gimnasia?

    —Está lenta. Licitamos en febrero de 2015 y se adjudicó en octubre. Hay complejidades de todos lados, también de los privados para poder estructurar el financiamiento y cumplir con todas las condicionantes. No es fácil lograr ese castillo de naipes donde todas las cartas se apoyen bien y los riesgos estén bien distribuidos. Lo que se busca es que los riesgos se transfieran en parte al privado, pero ahí hay que tomar recaudos y el que le da la plata al privado, como las AFAP, los bancos o fondos, también.

    Esta primera PPP vial esperemos que sea la más difícil y las que vengan sean más fáciles. Nadie, ni el Estado ni nosotros, quiere que esto demore tanto. Estamos atrasados; 2015 fue de reacomodo, y este año ya deberíamos estar en otro ritmo de actividad.

    —¿Qué hay que cambiar en el régimen PPP para que no siga rezagada la infraestructura?

    —Son un instrumento más. Pero cuidado con pedirles a las PPP más de lo que pueden dar y con imaginarse que van a resolver todo o que son la salvación de la infraestructura. Tenemos que hacer una reflexión muy clara de cómo vamos a manejarlas para adelante para hacerlas más ágiles. El país está pagando derecho de piso con las PPP, y las empresas y los financiadores locales también. Vamos a terminar con la curva de aprendizaje y buscar la manera de avanzar; estamos justo en esa etapa.

    Las obras de las rutas 21 y 24 empezarán por setiembre. Hubiéramos deseado que fuera antes y el ministro también, pero el Estado tiene muchos más actores.

    —¿Lo que retrasa es la burocracia?

    —Es la burocracia en torno a los procesos nuevos, con actores nuevos. Antes, cuando se construyan los pliegos, alineemos todos los instrumentos para que puedan ser financiados por las AFAP y que sea mucho más fácil avanzar.

    De por sí tenemos una burocracia importante. Con un instrumento nuevo como este, capaz que habría que tener —es una sugerencia— algún actor dentro del gobierno que sea el dueño de las PPP, alguien que las lidere y recorra transversalmente al Estado, todos los Ministerios. Está faltando alguien que agarre de verdad el instrumento PPP, un facilitador concreto que gestione. Porque cada ministro tiene las urgencias de su cartera y además tiene que empujar las PPP. Tendría que haber un “señor PPP”, encargado de que funcionen. Y cuando se tranquen, que levante una luz y ver qué pasó. Hay que buscar que siga siendo negocio, que funcione, y en ese diálogo es donde hay que construir las cosas, generando confianza.

    —¿Hay desconfianza entre las partes?

    —Falta confianza. Sigo viendo, y me duele, que en Uruguay, un país con corrupción bajísima, no tenemos una base de confianza constructiva que nos permita desarrollar cosas más eficientes. Somos desconfiados, temerosos. Entre los privados, el Estado y el sindicato, los tres. ¿Por qué no avanza la productividad? Nos cuesta mucho avanzar en pagar por productividad. Eso no quiere decir matar al trabajador con condiciones exigentes, deslomarlo. Nadie está hablando de volver para atrás, de eliminar las ocho horas. Se habla de que se puede pagar por tener mejor productividad, que una parte sea variable en función de resultados. En eso nos complica la confianza; tendremos que abrir más información pero del otro lado también tendrán que hacer confianza en lo que les decimos.

    —A menudo se señala la construcción como ejemplo de diálogo y acuerdo. ¿Usted qué dice de cara a la próxima ronda de negociación salarial en el sector?

    —Hay una cultura de larga data de mucho diálogo, pero en esa hoja tenemos un montón de cosas en el debe. Yo no pondría al sector como la panacea ni el mejor alumno de la clase.

    En el caso del sindicato, veo que si no mejoramos mucho en confianza no vamos a poder construir esquemas de productividad, de pagos por remuneración variable.

    Entiendo que quieran defender el salario real, y yo también. Pero hay que cuidar el empleo y la salud de los negocios. El gobierno se posicionó, marcó las pautas; tendremos que ver la plataforma del sindicato y la nuestra, y tratar de la mejor manera posible de acordar.

    —¿Cómo analiza los costos de producción y la rentabilidad?

    —Estamos realizando algunas inversiones directas, construyendo en el lago de Punta Cala un complejo de viviendas y un hotel.

    Como a cualquier inversor, nos preocupan los costos del país y entendemos que cuando cambian las condiciones de la economía el que tiene más tiene que pagar más. Pero nos preocupa que no se puedan mantener algunas condiciones que juegan a la hora de venir a invertir a Uruguay o no. Necesitamos que los privados sigan invirtiendo, el Estado mide el retorno de sus inversiones de otra manera.

    La construcción en Uruguay no es un negocio de grandes rentabilidades.

    Este año aumentamos la actividad. Venimos atravesando un desierto largo con una cantimplora con agua. Como somos una empresa generalista, previendo eso, tomamos obras en algún caso con márgenes más justos, pero eso para tener un nivel de actividad digno y una rentabilidad también digna y suficiente para mantener la empresa sana.

    Economía
    2016-07-14T00:00:00

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