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    sábado 22 de junio de 2024

    Frente a planteo de reducir la jornada laboral, cámaras abogan por mecanismos que den flexibilidad y acuerdos a nivel de empresas

    La inversión en nuevas máquinas para Fábricas Nacionales de Cervezas, en 2006, tenía una contracara dramática para los trabajadores del área de envasado. La empresa les comunicó a los empleados que era necesaria una “reestructura”, una palabra que suena como sinónimo de pérdida de puestos. En el sindicato, la Federación de Obreros y Empleados de la Bebida (FOEB), tenían claro que la nueva tecnología llegaría sí o sí y que había que sentarse a negociar.

    “Sabíamos que no era el momento de prender fuego los telares. Y ahí apareció el tema de la reducción de la jornada laboral”, recordó Richard Read, por entonces presidente de esa federación, en diálogo con Búsqueda. El resultado de las negociaciones fue el de pasar de tres turnos de ocho horas a cuatro de seis, con puestos de trabajo que se mantenían bajo la promesa de un aumento de la productividad, lo que se logró gracias al cambio tecnológico.

    La opción opuesta a la negociación era el conflicto, que los trabajadores prefirieron evitar, contó Read. La medida funcionó y el acuerdo fue un “ganar-ganar”: “Cerraban los números. Nadie te da nada durante 17 años si no te da resultado. Y menos si es una multinacional. No es magia, no es Harry Potter”.

    La discusión acerca de la reducción de la jornada laboral se retomó en las últimas semanas tras el planteo del PIT-CNT en el acto por el Día de los Trabajadores, aunque es un reclamo que tiene varios años. De hecho, en algunos rubros, no solo en la bebida, se ha implementado (ver recuadro).

    Read, histórico dirigente sindical que ahora está incursionando en la política con un sector propio, cree que el “mundo va hacia la reducción de la jornada laboral”, aunque es “discutible” si es posible lograr esos acuerdos en todos los sectores.

    En el plano internacional, son varios los países en Europa y Sudamérica que aprobaron normas que acortan el tiempo de trabajo o lo flexibilizan. Chile acaba de votar una ley al respecto.

    Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en Emiratos Árabes Unidos tenían —en 2009, el último dato informado— la semana de trabajo promedio más larga en horas: casi 53. En China se trabajaban 46,1 (2016), y tanto en Japón como en Estados Unidos poco más de 36 horas (con estadísticas de 2020 y 2022 en cada caso). En países europeos, en general, las horas por semana estaban en torno a las 33, salvo en Francia y Austria, donde eran en torno a 30 en 2021. En Sudamérica, El Salvador tenía la semana laboral más extensa (43,4 en 2021), y Uruguay y Argentina la más corta (34,6 en 2022 y 2021, respectivamente). Esos datos son calculados por la OIT dividiendo el total de horas trabajadas por la totalidad de ocupados.

    La jornada típica de trabajo en Uruguay es de 48 horas semanales para la industria y de 44 para el comercio y servicios, aunque “hubo movimientos en la negociación colectiva” para reducirla, destacó a Búsqueda el catedrático en Derecho Laboral Juan Raso. Pero queda planteada una gran pregunta: “¿Es posible generalizar?”. “Es posible si se puede mantener el mismo nivel de productividad”, respondió el abogado.

    Crear “condiciones”

    Tras el planteo del presidente del PIT-CNT, Marcelo Abdala, en el acto del 1° de mayo, desde el Poder Ejecutivo señalaron que puede ser considerado, si bien no está en su agenda. Para el ministro de Trabajo, Pablo Mieres, estos temas forman parte del “futuro del mundo del trabajo”, pero, en referencia a la productividad, aclaró: “Hay que construir las condiciones para que esas cosas puedan ocurrir”.

    En diálogo con Búsqueda, el jerarca reafirmó que una eventual baja en el máximo de horas de trabajo no formará parte de las pautas de la próxima ronda salarial que empezará en julio, aunque en “cada mesa de negociación puede haber iniciativas de este tipo”. El Ejecutivo también descarta plantear el asunto en un proyecto de ley específico.

    El ministro recordó que, con la ley de teletrabajo votada en el marco de la pandemia de Covid, se permitió distribuir el horario de forma semanal y no diario, como establece el modelo vigente.

    La puerta que el presidente Luis Lacalle Pou dejó abierta —siempre que se consideren “la carga horaria, la productividad y el salario”— entrevistado por radio El Observador fue una “buena señal”, opinó Read. Mientras, la actitud del sector empresarial fue pegarle “de volea, como siempre, con poca discusión y diciendo a todo no”. Cuestionó que “negarse, como hizo el sector empleador, es pan para hoy y hambre para mañana”.

    El abogado laboralista Pablo Durán, que representa a las cámaras empresariales en los Consejos de Salarios, declaró a Búsqueda que el sistema de relaciones laborales actual no podría “resistir una reducción horaria general, universal y sin distinción”, que abarque a todas las empresas. Según dijo, acordar algo así sería “inviable” en sectores primarios, como el agro, y resultaría “dificultoso” para los servicios.

    Alegó que muchos rubros todavía no se recuperaron del impacto de la crisis por el coronavirus y que, en algunos, el “altísimo porcentaje de ausentismo laboral” es una problemática grande. La reducción implicaría tener que contratar nuevos trabajadores para recuperar los niveles de producción, lo que les “impactaría con una doble afectación salarial”, sostuvo.

    El asesor empresarial consideró que están de acuerdo con la reducción salarial sin afectar el salario siempre que sea negociado “a nivel de empresa” y no por rama o sector de actividad. Para Durán, es preferible que la normativa “procure la flexibilidad horaria”, como está permitido con la ley de teletrabajo.

    Raso, en tanto, sostuvo que es un tema que tiene que estar “sobre la mesa” como una forma de “redistribuir el trabajo y el tiempo de vida familiar”, pero que es necesario “estar atento” a los “niveles de productividad”. En caso contrario, señaló, “el riesgo es que las empresas no puedan sostener los niveles de producción para competir en el mercado”.

    Para Read, el ejemplo “más genuino” de reducción de la carga horaria es el de Chile. La reciente ley reduce la semana laboral de manera gradual, desde 45 hasta llegar a 40 horas en 2028. “Si esta baja de la jornada no va acompañada de un aumento de la productividad de las personas, por angas o por mangas, tarde o temprano, los salarios van a bajar”, señaló el coordinador del grupo técnico que elaboró esa reforma, Francisco Gallego, entrevistado en el programa Doble click de FM Del Sol, el viernes 5.

    • Recuadro de la nota

    Los convenios vigentes con horario laboral reducido: compromiso de resultados y de “evitar horas extras”  

    Economía
    2023-05-10T20:38:00