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Prestigiosos teóricos de la comunicación social (que es casi como decir “prestigiosos parapsicólogos” o “prestigiosos pastores evangélicos”) han descubierto la condición pop en la imagen de Lacalle Pousito, y le han puesto el simpático nombre de Lacalle Pop para rotular el efecto. Quizás ese sea el diferencial entre un prestigioso teórico de la comunicación y uno mediopelo: el prestigioso encuentra nombres lindos para los fenómenos sociales evidentes. El problema de fondo en el análisis de la condición pop de Lacalle Popito es que no agrega nada, cualquier individuo con chances en una elección presidencial maneja las coordenadas del símbolo pop, de hecho “pop” es un apócope de “popular”, y, si a uno lo está por votar casi un tercio del electorado, den por hecho que su imagen funciona bajo esos parámetros. Dicho sea de paso, estamos a meses de despedir al mayor ícono pop uruguayo del último tiempo, José Mujica, que con esa impronta pop explotó en la política nacional y luego saltó al estrellato internacional (entiéndase esta categoría como circunstancial, efímera, y de relativo fácil acceso: también son íconos internacionales la mujer barbuda que canta, la vieja que quiso restaurar el cuadro del “Ecce homo” y transformó a Jesús en un mono con capucha, y el coreano que baila como si domara un caballo invisible).
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El voto, tan solemne y complejo como se lo suele presentar, no es más que la adhesión a una imagen icónica con leves aditivos de información. No nos engañemos, nunca nadie votó por las propuestas, votamos gente; hay más peso racional al elegir un pingo en Maroñas que a un presidente. Nos hacemos los que pensamos el voto al tiempo que hablamos de confianza, y sabemos que la confianza es mayormente irracional.
Cómo será la cosa que entre los argumentos más utilizados y respetados para conseguir el voto está el viejo sofisma “piensen con quién estuvieron mejor” (antes era “con los blancos se vive mejor”, ahora se invirtió la carga), otra típica mentira electoral. Los factores externos del estar mejor son incontables, pero además, ¿quién dice que estar mejor antes supone una continuidad de mejoría en el ahora?, ¿quién me asegura que durante esa época en la que la economía fue bien y estuvimos mejor, no hubiéramos estado mejor de lo mejor que estuvimos de haber habido otro gestionando? Y en el caso inverso: ¿quién nos asegura que no la hubiéramos pasado peor que lo peor que pasamos si hubiera estado otro en lugar de Batlle, por ejemplo, que fue el que se comió la última gran crisis y con el que la pasamos peor? Casi nadie apostaría por Batlle dos veces, sin embargo Tabaré pedía el default en ese momento, lo cual parece peor, ¿eso quiere decir que Tabaré hubiera ido al default? No necesariamente, nunca se sabe qué pudo haber hecho estando en el gobierno (Astori discrepaba con el default, por ejemplo), así como no sabemos qué pudo haber hecho Batlle de haber estado en la oposición durante esos años —a lo mejor también pedía el default, o a lo mejor pedía que Vázquez mostrara el telegrama al Goyo Álvarez como un anciano senil que pide a los gritos que muevan la antena del televisor en pleno siglo 21—. Sí sabemos que Tabaré desde la oposición pedía el default, y Batlle desde el gobierno no declaró el default y salvó la petisa mangándole a los Bush, y sabemos que una vez Presidente Vázquez también llamó a Bush cuando se vio en aprietos. George W ha hecho más por este país que cualquier otro presidente de Estados Unidos y de Latinoamérica. No sé con quién estaremos mejor, pero sí sé que sin Bush hubiéramos estado mucho peor cuando estuvimos peor.