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El sector vinculado con la creatividad, conocido también como parte de la “economía naranja”, ha cobrado particular importancia en los últimos años tanto a escala global, regional y local. Sin embargo, “asimetrías en la información” de los agentes, una “débil” capacidad de apropiación de sus innovaciones y las “restricciones de liquidez” de sus potenciales clientes han impedido el completo desarrollo de estas empresas.
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Eso señala una consultoría realizada entre BID Lab y la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) que analiza los resultados del programa “Vouchers”, para las industrias creativas en Uruguay. Si bien se superaron las expectativas en términos generales, confirmó un “bajo” nivel de conocimiento sobre la importancia de incorporar a este sector como elemento para agregar valor a sectores tradicionales.
Los ejemplos de usuarios del programa van desde el diseño de un packaging “innovador y sustentable” para alimentos, hasta equipos de realidad virtual que permitan “mitigar el estrés” de los niños durante una cirugía o procedimiento invasivo. También hay casos más extravagantes, como un robot baterista que lee partituras, análisis de la composición de lanas y una aplicación que permite ver cómo quedará el mobiliario de una casa antes de adquirirlo. El denominador común entre estos proyectos apoyados es el valor agregado que aporta este tipo de empresas.
A través de estímulos a la oferta y demanda de bienes y servicios “creativos” mediante “conexiones” y el uso de vouchers específicos –entre otros instrumentos–, el programa buscó aumentar la “colaboración” entre la industria creativa y otros sectores. En concreto, se esperaba alcanzar a unas 270 empresas chicas y generar o retener 600 puestos de trabajo vinculados a estas firmas de la economía naranja. Con un financiamiento de más de US$ 3 millones, el programa superó sus objetivos: llegó a 390 empresas y permitió crear o retener más de 2.800 empleos.
Entre 2016 y 2020 se aprobaron un total de 187 proyectos, casi la mitad en el último año.
En términos de innovación, los resultados muestran que los beneficiarios aumentaron 3,1% sus inversiones y en 125% sus acciones de innovación. Los montos de apoyo disponibles en lo referente a vouchers para proyectos tecnológicamente “más complejos” se evaluaron, en la mayoría de los casos, como “escasos”.
Además, a pesar de las actividades de “sensibilización” llevadas a cabo, el análisis asegura que “en términos generales es posible concluir que el nivel de conocimiento sobre la importancia de incorporar industrias creativas como elemento de innovación o estrategia empresarial, se considera bajo”, por lo que sería importante “disponer de servicios de asesoría y diagnóstico” para propiciar más “innovaciones colaborativas”.
Entre otras cosas, recomienda analizar alternativas distintas para el programa que permita incorporar a los “muchos” sectores creativos que no cuentan con empresas formalizadas y a los que resulta “difícil” dar apoyos financieros.
Impulsar la economía naranja no significa sólo pensar en estrategias para su desarrollo “per se, sino que se trata también de incorporar más economía naranja a los negocios y las políticas públicas”, afirman los autores.