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    Historia de un manuscrito encontrado

    “Palabras robadas”

    Hay un fondo real en esta triple historia de dos novelistas exitosos y uno frustrado. Los directores y libretistas Brian Klugman y Lee Sternthal se inspiraron en lo que le ocurrió a Ernest Hemingway, cuyos primeros trabajos literarios se perdieron en un tren de París cuando su mujer se distrajo y le robaron la valija que los contenía. Para llegar a esa instancia, Palabras robadas recorre antes un largo trayecto donde se narran tres anécdotas vinculadas entre sí por un hilo argumental aparentemente disperso pero fuertemente coherente.

    En la primera escena aparece el nombre de un libro (y del filme) que se llama “The Words”. Su autor, Clay Hammond (Dennis Quaid), lo presenta ante una nutrida audiencia que lo reconoce como un personaje de las letras ya consagrado, porque la seguridad y el aplomo con que relata el contenido de su futuro best-seller tiene en vilo al público. Sus palabras se visualizan y se ve al protagonista Rory Jansen (Bradley Cooper) como un joven aspirante a escritor cuyos trabajos no logran entusiasmar a sus editores. En un viaje de luna de miel a París, su esposa Dora (Zoe Saldaña) le regala un viejo portafolio encontrado en una casa de antigüedades. Ya de regreso, Rory encuentra escondido en el portafolio un antiguo manuscrito que lo conmueve. Es una novela desgarradora ambientada en el París de posguerra, admirablemente escrita (según se dice) y sin nombre de autor, inmejorable oportunidad para que Rory, en medio de dudas y cargos de conciencia, la copie textualmente y se consagre como escritor de primera. A fin de cuentas, ¿quién va a saber que esas palabras no son las suyas?

    La narración se toma un respiro mientras Hammond es virtualmente asediado por una dama ansiosa por conectarse con autores importantes. La hermosa y seductora Daniella (Olivia Wilde) parece presa fácil para ese autor cincuentón y buen mozo, pero ella quiere saber el desenlace de la historia, y si finalmente el culpable del plagio se salió con la suya. Porque en realidad, la cuestión del plagio —uno de los mayores pecados que puedan cometer periodistas o escritores que roban el trabajo ajeno y lo hacen pasar como propio— no es el centro de Palabras robadas sino apenas el punto de partida de un asunto más complejo y ambicioso: pesar las causas y consecuencias de ese acto y el modo como afecta a terceras personas que, casi inesperada pero fatalmente, se verán involucradas en el hecho. Por allí asoma entonces un anciano cuyo nombre nunca se dice (Jeremy Irons) pero que arrojará luz sobre la conciencia culpable de Rory.

    Maquillado de viejo, el admirable Irons (en actuación memorable) utiliza su poderoso timbre de voz y su perfecta modulación para contar la historia de un joven soldado (Ben Barnes) que vivió en el París de posguerra una historia de amor con Celia (Nora Arnezeder) y escribió inspirado por ese sentimiento una bellísima novela que ella dejó olvidada dentro de un portafolio al bajarse de un tren. Las consecuencias que esa distracción trajo aparejadas para aquellos amantes de ayer repercuten sobre los amantes de hoy, porque a veces la verdad es demasiado inconveniente para mucha gente. ¿Se puede vivir en una mentira permanente? ¿El daño causado no será preferible al daño que se va a provocar diciendo la verdad? ¿Puede una persona que ha cometido un robo intelectual llevar una vida honorable como si nada hubiera pasado? ¿De qué forma se puede reparar la reputación arruinada, la desconfianza futura y la propia inseguridad profesional de quien debe su éxito literario al talento ajeno?

    La película es ambiciosa pero también astuta. Teje sus tres historias (que pueden hasta ser cuatro) con fluidez impecable, no deja cabos sueltos y da respuestas a varios de sus planteos, pero se reserva una cuota de ambigüedad: la verdad es incómoda, pero ¿cuál es la verdad? Palabras robadas es un trabajo conjunto de los libretistas de “Tron: el legado”, que debutan en la dirección. Brian Klugman (1975) es sobrino del actor Jack Klugman y actúa en películas desde 1993. Lee Sternthal no tiene en cambio antecedentes aparte de aquel libreto en común.

    Este es un trabajo independiente y talentoso, filmado en Montreal y Québec (simulando Nueva York) con un elenco de primera, donde Bradley Cooper (recientemente nominado al Oscar por “El lado luminoso de la vida”) está muy bien en un papel sumamente complejo, Dennis Quaid se muestra siempre convincente, Ben Barnes aporta su cuota de solvencia y Jeremy Irons es el mejor. Hay que verlo encorvado como un buitre a punto de lanzarse sobre su presa, o luego sobrando a su interlocutor sabiendo que sus palabras son demoledoras, masticando con fruición los diálogos que el intrigado Rory atiende nerviosamente, mostrándose como una presencia inquietante, como la amenaza de algo que no se sabe qué es ni de dónde va a venir. Todos ellos, más las tres actrices principales, hacen que todo resulte siempre interesante.

    “Palabras robadas” (The Words). EEUU, 2012. Escrita y dirigida por Brian Klugman y Lee Sternthal. Duración: 102 minutos.