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    Homero Manzi

    Un día cualquiera, en un bar, un parroquiano dijo:

    —¿Es posible describir, en solo cuatro líneas y con las más simples palabras, la búsqueda del sentido de la vida y la comprensión existencial del fracaso?

    —Difícil —respondí.

    Y él recitó:

    “Estoy mirando mi vida/ en el cristal de un charquito,/ y pasan, mientras medito,/ las horas perdidas,/ los sueños marchitos”.

    Esas cuatro líneas componen el primer verso del tango “De barro”, de Homero Manzi; aquel parroquiano tenía razón: era posible.

    Homero Nicolás Manzione Prestera —Homero Manzi para el tango— nació en Añatuya, Santiago del Estero; siendo niño su familia se mudó a Buenos Aires, asentándose primero en las proximidades de Boedo y Garay y luego en Nueva Pompeya. La mayoría le considera el más grande poeta romántico, sentimental, del tango. Hombre muy sensible, abandonó estudios de abogacía y ciencias sociales permitiendo que el ingenio popular perpetuara una frase que sigue repitiéndose: “Pudiendo haber sido un hombre de letras, prefirió hacer letras para los hombres”. Se mezcló en lides políticas —adhirió al radicalismo, que después abandonó—, creó un sindicato para defender la cultura del pueblo y fue poeta, periodista, guionista de películas, dramaturgo y hasta director cinematográfico.

    Su aporte al tango es excepcional. Según Horacio Salas, “el primero en retratar las nostálgicas postales de barrio, el recuerdo de los últimos guapos, el paraíso perdido de la infancia y el amor como desgarradura, pérdida”, echando mano de recursos de poesía libresca —Darío, Carriego y Lorca influyeron en él—, del estilo de la enumeración y de audaces y emotivas metáforas: “Fui como una lluvia de cenizas y fatigas/ en las horas resignadas de tu vida…” (“Fuimos”). El suyo resultó un camino sin tropiezos ni descensos desde su primera obra, “Viejo ciego”, a la que pusieron música dos de sus amigos del alma: Cátulo Castillo y Sebastián Piana. En un incompleto inventario deben figurar, en primerísimo lugar, las milongas escritas junto a Piana con las que logró revalorizar el género: “Milonga sentimental”, “Milonga del 900”, “Negra María”, “Pena mulata”, estas milongas-candombe, y la lorquiana “Milonga triste”; luego resaltan “Recién” —único tango que escribió con Osvaldo Pugliese—, “Después”, “Mariana”, “Tango”, “Malena”, “El último organito”, “Discepolín”, “Che bandoneón”, “Ninguna”, “Esquinas porteñas”, los antes mencionados “De barro” y “Fuimos” y la trilogía que, conociendo ya la enfermedad que lo llevaría a la muerte, construyó en homenaje al barrio con músicas de su hermano espiritual, Aníbal Troilo: “Barrio de tango” (1946), “Romance de barrio” (1948) y el mítico “Sur” (1948).

    Hombre bueno, solidario, abierto, curiosamente Manzi dejó al morir, en 1951, un par de misterios que aún alimentan el debate de los historiadores.

    Primero, teniendo en cuenta que escribió casi hasta su día final, ¿cuál fue su último tango?

    Una corriente alimenta la teoría de “Discepolín”, pero en un reportaje que me concedió el actor Osvaldo Miranda, uno de sus amigos, lo descartó: con su esposa estuvieron presentes en casa de Discépolo cuando Manzi y Pichuco le trajeron, de sorpresa, ese tango.

    Otros recuerdan la tarde en que Mores lo visitó en el sanatorio:

    —Pensar, Marianito, que me voy a morir pronto y nunca hice un tango contigo.

    —Mirá… Justo ando con uno, medio malambeado… No sé… Si vos querés…

    Manzi hizo la letra en una hora: “Una lágrima tuya”.

    No es todo. Alimentando más el misterio, su único hijo, Acho, declaró que la obra final de su padre fue “El último viaje de Quiroga”, inconclusa y olvidada.

    Segundo, un amor prohibido (no olvidemos que Manzi era casado).

    Si bien se rumoreó en su época que había sido Nelly Omar, fallecida poco tiempo atrás a los 102 años de edad, la polémica se ha centrado en si la inspiradora de “Malena” fue ella o, como cuenta la historia oficial, una cancionista argentina llamada María Esther Torterolo —en el escenario Malena Toledo— a quien conoció en un oscuro cabaré brasilero, tras una gira por Centroamérica.

    Yo solo digo esto: si bien es verdad que escribió su letra inmortal esa madrugada, no lo es menos que “Malena” suena como una perfecta descripción de Nelly Omar: “Tus ojos son oscuros/ como el olvido,/ tus labios apretados/ como el rencor./ Tus manos dos palomas/ que sienten frío…”.

    Nelly, sobre todo en sus últimos años, admitió ser la inspiradora de “Malena” y también el amor de Manzi, aunque, pudorosa, siempre lo refirió como “platónico”.

    ¡Vaya uno a saber!

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