Muchos jóvenes militares estaban entusiasmados: se encontraban en un teatro de operaciones real, con todos sus mejores equipos y armamentos en funcionamiento, pero para varios habitantes y visitantes de Punta del Este la escena era inquietante.
Muchos jóvenes militares estaban entusiasmados: se encontraban en un teatro de operaciones real, con todos sus mejores equipos y armamentos en funcionamiento, pero para varios habitantes y visitantes de Punta del Este la escena era inquietante.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáFrente al hotel Conrad había lustrosos vehículos blindados y militares armados a guerra. Cerca de ellos, sobre la playa Mansa, baterías antiaéreas, igual que en la Brava, al otro lado de la Península. En el mar, un buque de la Armada, y muy cerca de allí aviones de combate.
La Conferencia de Ministros de Defensa, y en particular la llegada del secretario de Defensa estadounidense, Leon Panetta, provocó un inusual dispositivo de seguridad en el área, con la participación de aviones y helicópteros. La comitiva estadounidense llegó, además, con decenas de custodias y sus propios automóviles blindados.
Personal de grupos especiales de la Policía, del Ejército y de la Fuerza Aérea, incluso algunos con cascos con visores nocturnos y sofisticado armamento personal, recorrían los alrededores del hotel y se cruzaban con decenas de guardias policiales y militares vestidos de civil.
En ese marco, los periodistas parecían estar entre las prioridades para el dispositivo de seguridad, aunque rara vez superaron los 15 (esto incluye a camarógrafos y fotógrafos).
“No sabía que había periodistas”, comentó el ministro de Defensa de Ecuador, Miguel Carvajal, el martes 9 sobre las 18 horas, al término de una rueda de prensa. Es que los periodistas tenían prohibida la circulación por toda el área de salones donde se desarrollaba la conferencia, y tras sortear una minuciosa inspección de sus equipos —con perros entrenados para encontrar explosivos y equipos de detección de metales— debían permanecer en una sala de prensa virtualmente sin contacto con lo que sucedía en el evento.
El lunes 8, por ejemplo, un periodista consiguió atravesar el amplio corredor que conecta los salones para dirigirse al restaurante del hotel: para ello, un integrante del personal de seguridad lo acompañó durante todo el trayecto en cumplimiento de sus órdenes, que consistían en evitar que los periodistas pudieran hablar con las decenas de políticos, diplomáticos y militares que allí se encontraban.
Luego de esa peripecia, una nueva orden prohibió que los periodistas atravesaran el inmenso corredor aún custodiados: en adelante, debieron hacerlo por afuera del hotel, donde llovía con intensidad.