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    Indicadores Económicos

    Sr. Director:

    Luego de leer varios artículos de Búsqueda, me surgió la inquietud de escribir la presente carta, cuando recordé una frase del que fuera presidente del Club Atlético Peñarol, Cr. José Pedro Damiani, que tiene mucho que ver con el contenido de esos artículos: “Los números no mienten, los que mienten son los que hacen los números”.

    En esos artículos hallé varios ejemplos de cómo se presentan los números, de tal forma que resulten favorables a los intereses del gobierno que en los últimos años tuvo que adoptar algunas medidas para que la inflación anual no superara el temido 10%, como fueron los beneficios de rebajas transitorias de las tarifas de UTE.

    La inflación anual ha venido creciendo y el rango meta menor que fijó el gobierno para este año —de 3% a 7%— se superó en los tres primeros meses.

    Los números que hizo públicos el gobierno reflejan que la inflación en el mes de marzo fue de 0,58%, lo cual eleva al 4,74% la del primer trimestre de este año y al 9,73% en los últimos doce meses, reduciendo el índice anual que a febrero era del 9,82%. Esto se logró mediante una nueva medida gubernamental: la reducción del IVA de algunas de las tarifas públicas, ya que a fines de marzo y con retroactividad al primero de ese mes, el gobierno exoneró del IVA que grava el cargo fijo que cobra UTE en las facturas familiares y al cargo mensual de la tarifa del consumo básico residencial y el mismo descuento se aplicó a las facturas de Antel correspondientes al servicio de telefonía fija para quienes no pueden trasladar el IVA, es decir, los consumidores finales.

    Como surge de lo publicado en el semanario de su dirección, resulta que la incidencia de esas rebajas han sido las siguientes: tomando un consumo promedio del servicio de telefonía fija de Antel, que en febrero de 2014 fue de $ 497.00, se constató que en marzo bajó a $ 460.60, lo cual significó una reducción de $ 36.40. De similar comparación realizada con respecto a las tarifas de UTE, el periodista constata que el consumo medio de febrero, estimado en $ 1.499.60, bajó a $ 1.464.50, o sea $ 35.10 menos a pagar.

    Esas reducciones tributarias, de 7,4% y 2,4% respectivamente, incidieron estadísticamente para que la inflación no superara el 10% anual, lo cual fue resaltado como un éxito de la conducción económica del gobierno.

    Esas rebajas porcentuales, traducidas a pesos, significaron un ahorro promedio, en el mes de marzo, de 2014 de $ 71.50 para cada uno de los consumidores de UTE y Antel.

    Como se puede comprobar, esos índices y porcentajes que aparecen como incidiendo favorablemente en el costo de vida de los uruguayos, cuando se traducen a pesos, resultan insignificantes.

    ¿Qué tanto más pueden hacer en un mes con los $ 71.50 que no tuvieron que pagar quienes tienen servicios de UTE y Antel?

    La Canasta que elabora Búsqueda toma en cuenta para elaborar el IPC grandes rubros como ser: Alimentación, Vestimenta, Vivienda y Varios, que a su vez están divididos en subrubros. Cada uno de estos, que pueden haber aumentado o disminuido su valor en el período en que se practica la medición, dan un resultado promedio, que es el que es el que se publica mensualmente y se toma en cuenta para darle difusión.

    Muchos de los rubros que son considerados para elaborar el índice promedio de inflación mensual, como ser: almuerzos fuera del hogar, gastos comunes, esparcimiento, enseñanza, cigarrillos, muebles, no tienen ninguna incidencia en los gastos que realizan gran parte de los habitantes del Uruguay, mientras que otros como los de alimentación, sí inciden fuertemente en el costo de vida individual. Por ejemplo: si un alimento que en el mes de marzo, costaba $ 30.00 y pasa a costar $ 33.00, o sea que subió $ 3.00, porcentualmente aumentó un 10% en ese mes, porcentaje que está muy por encima del índice oficial que en promedio fue del 0,58%.

    Esto deja claro que una cosa es lo que dicen las estadísticas y otra las que nos dicen nuestros bolsillos.

    Otro de los temas al que el gobierno recurre para afirmar que su gestión es exitosa es el de los índices de pobreza e indigencia.

    El método de evaluación de ingresos oficial establece líneas, en base al valor de una canasta básica de bienes alimenticios y servicios, por debajo de las cuales a las personas se las considera indigentes o pobres.

    Según lo que se diera a conocer en Búsqueda, el gobierno considera erradicada la indigencia en el Uruguay ya que en el 2013 bajó al 0,5% de la población; o sea que solamente unas 16.900 personas eran consideradas como tales. El índice de pobreza, que en ese mismo año se estableció en el 11,5%, comprendería a 390.000 personas que en el Uruguay se consideran estadísticamente pobres. Como esta es la novena baja anual consecutiva, nuestro país ha quedado colocado muy favorablemente en el contexto internacional.

    Pero cuando traducimos los índices a pesos, nos encontramos con la sorpresa de que, según los índices que elabora el Instituto Nacional de Estadística, solo se consideran pobres a quienes tienen ingresos menores de $ 9.608.98 en Montevideo, $ 6.426.38 en las ciudades y pueblos del interior y $ 4.303.53 en áreas rurales, mientras que son considerados indigentes quienes perciban menos de $ 2.348.62 por mes.

    De la simple lectura de las cifras, resulta claro que una cosa es la estadística y otra la realidad.

    Presumiblemente el gobierno, para realizar sus mediciones de ingresos personales, se basa en pautas internacionales que se fijan en función de diferentes realidades económicas de los países de América, tal vez medidas en dólares, con lo cual se llega a ingresos promedio. Tomando en cuenta estos parámetros, se llega a resultados estadísticos que indican que hay más o menos pobres e indigentes. Pero de ahí a decir que no son pobres quienes, por ejemplo, perciban mensualmente $ 10.000.00 en Montevideo y poco más de $ 6.500.00 en ciudades y pueblos del interior y $ 4.500.00 en las áreas rurales y que no son indigentes los que tengan ingresos superiores a los $ 2.500.00, por mes, hay mucha distancia.

    ¿Cómo se puede vivir decentemente con aproximadamente $ 333.00 por día? ¿De qué forma se pueden atender los gastos de una familia por alimentación, salud, transporte, consumos, vivienda y vestimenta con esa suma de dinero?

    Esta apreciación gubernamental optimista respecto a la buena situación económica de los uruguayos, como recoge uno de los artículos de Búsqueda que leí, se contradice con la última estimación de las llamadas Necesidades Básicas Insatisfechas —acceso a la salud, educación y vivienda digna— que arrojó que un 30% de los uruguayos sufría alguna de esas carencias en los últimos años.

    Por eso comparto lo que dijo el contador Damiani: los números no mienten pero yo creo que los hacen mentir quienes los manejan.

    Dr. Jorge Trigo Martínez

    CI 947.079-1

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