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    Industriales reclaman medidas “a velocidad del sonido” ante un “combo perfecto” que le causa un “castigo máximo” a su sector

    El “combo perfecto” que la industria nacional vive como un “castigo máximo” —dado por el aumento de costos internos y la caída del tipo de cambio— posiblemente se exprese en pocos meses con pérdida de negocios de exportación, envíos al seguro de paro y reducción de inversiones en las empresas. Para que eso no suceda, el gobierno debería “tomar una decisión”, porque las empresas están esperando un “mensaje” de respaldo al sector productivo, dijo a Búsqueda el nuevo presidente de la Cámara de Industrias (CIU), Fernando Pache, que el martes 6 asumió al frente de esa gremial. El empresario reclamó que el gobierno tome medidas “a velocidad del sonido” para mejorar la competitividad.

    A su juicio, la lectura que hace el Poder Ejecutivo de la situación no se condice con la realidad “micro” que viven las empresas, porque hay una “distracción importante”.  Y agregó: “No entendemos mucho cuál es la política. Si es el temor a la inflación, estamos destruyendo empleo de una manera enorme”, disparó. 

    —Tras superar la pandemia, el núcleo duro de la industria siguió creciendo este año, aunque a menor ritmo. ¿Qué perspectiva ve para el sector en una coyuntura de altos costos y la brecha cambiaria con Argentina? 

    —Este año la industria va a crecer. En la pandemia el sector demostró la capacidad productiva que tiene en muchísimos rubros. También tuvimos la bendición del control de fronteras, que favoreció a muchas empresas. La realidad de 2021 fue otra, más abierta, y ni que hablar la del 2022, donde el cruce de fronteras ha vuelto a la situación previa a la pandemia. Ahora la diferencia (cambiaria) en muchos productos como los de higiene, limpieza y alimentación es brutal. El país no se puede cerrar, pero se pueden controlar los kilos que ingresan, porque no creo que sea el auto familiar el que desequilibre la cantidad de ventas que puede tener un comercio en Paysandú. Creemos que hay algo más y que hay que hincarle el diente. No tengo pruebas, pero es cuestión de recorrer las ferias de acá y del interior y uno ve productos con marcas argentinas y algunas brasileñas. Las barcazas, las lanchas, los camiones deben llegar por algún lado, no creo que caigan del cielo.

    —¿Cómo hincarle el diente? 

    —A esta situación cambiaria de Argentina, ya lo dijo el presidente, no hay con qué darle. Pero con lo que ingresa de Argentina por la vía tradicional y legal podemos tener las máximas medidas posibles de corrección. Lo prevén los acuerdos del Mercosur y los decretos existentes sobre cómo deben venir los etiquetados y rotulados de los alimentos en general, por ejemplo. Esto viene desde mucho antes de los octógonos, pero lamentablemente hoy los alimentos entran con un control aleatorio por parte del Latu. La competitividad es de los dos lados, del Poder Ejecutivo y del empresariado, que debe estar respaldado porque hizo bien los deberes.

    —¿A qué se refiere?

    —El empresariado tiene que leer las exigencias del mundo para vender sus productos, con certificaciones de todo tipo y ahora también de sustentabilidad, porque esas son las reglas del juego. Pero si después el Poder Ejecutivo no le cumple con lo que le corresponde al Ejecutivo y esa situación lo deja en falsa escuadra… Esto es una calle de dos manos, va de a dos.

    —¿Por qué dice que el Poder Ejecutivo no le cumple al empresariado?

    —Imagínese que con el tipo de cambio de hoy las empresas que han invertido y que salen al exterior —que cuesta muchísimo dinero ir con los catálogos con toda la información, las traducciones públicas para que los productos tengan tres o cuatro idiomas, incluido el chino mandarín— cumplen con todas las condiciones y luego vuelven y se dan cuenta de que el costo productivo en pesos aumentó entre 10% y 15%… Entiendo que los costos estructurales de Uruguay son altos, pero el poder Ejecutivo puede ayudar a que disminuyan con algunas medidas.

    Como empresario, además, tengo una exigencia de tener un médico por salud ocupacional, un prevencionista y de acuerdo a lo que vendamos uno o dos ingenieros. Termina siendo caro el Uruguay. Si después vamos a producir y tenemos paros perlados… La ultraactividad, o tener que pagar el mismo salario en una multinacional que en una pyme, como se nos ha impuesto en los Consejos de Salarios, o la imposibilidad de descolgarse fácilmente son parte del costo.

    —Pero un precio del dólar más alto no resolvería eso…

    —Cuando hacíamos la planilla de costos de exportación, yo llegué a tener un dólar a $ 42, y ahora nos duele recibir dólares que valen $ 38,50. Es una realidad, no un capricho.

    Por ahora parece ser que la industria sigue en un buen momento porque todavía estamos cumpliendo contratos de exportación anteriores y los volúmenes son buenos. ¿Qué va a suceder en marzo? ¿Vamos a dejar que llegue marzo para darnos cuenta de que los contratos que se deberían estar cerrando entre octubre, noviembre y diciembre no se pudieron concretar porque somos caros?  Le adelanto que van a haber muchos contratos que no se cerraron porque quedamos fuera de competitividad. Me pregunto si el Poder Ejecutivo está viendo esto. ¿Qué cuesta más? ¿Ajustar el tipo de cambio a los exportadores o esperar que tengamos que pagar la cantidad de seguros de paro que posiblemente van a existir o la reducción de las inversiones en las empresas?

    —¿Se están suspendiendo inversiones o reduciendo plantillas por esta coyuntura?

    —El dividendo (ganancia) en las empresas es algo imprescindible, si no hay, no se pueden comprar equipos nuevos, construir depósitos u otras inversiones. La rentabilidad se deteriora porque automáticamente uno trata de seguir compitiendo, baja sus precios originales y entonces, en vez de cambiar tal máquina en el 2023, la ajusta. Y porque la inversión que se hizo venía de la mano de una promesa, de los beneficios fiscales, como la reducción del pago del Impuesto a la Renta. Pero, si no tiene renta, no habrá disminución (del tributo).

    Por un lado nos dan beneficios y por otro nos quitan de 10% a 15% de los ingresos por tipo de cambio. Creo que hay una distracción importante; el gobierno va a tener que poner un poquito de atención en este tema, porque en la CIU auguramos que en marzo se van a ver otras realidades. Ojalá que me equivoque.

    En contra de lo que hubiéramos imaginado tres años atrás este tipo de cambio, así como encarece la producción nacional, también pega el tiro de gracia, porque beneficia a los productos importados. Entonces es un combo perfecto porque la importación no disminuye en lo absoluto, no hay más que ir a mirar las góndolas de los supermercados. Hay mercadería para todos los sectores y todos los bolsillos y casi todas son importadas. No entendemos mucho cuál es la política. Si es el temor a la inflación, estamos destruyendo empleo de una manera enorme. Por otro lado, las cifras de empleo dicen que no estamos destruyendo empleo… Creo que la lectura macro no condice con la micro y que el Poder Ejecutivo no está mirando esa realidad.

    —El combo no es tan perfecto, entonces…

    —Desde el punto de vista de hacerle un castigo máximo a la industria nacional es un combo perfecto.

    —¿Qué medidas debería tomar el gobierno?

    —Por ejemplo, que toda la energía eólica y fotovoltaica tenga por lo menos un par de años un precio diferencial para el industrial, más cuando vemos que si nos sobra energía se la vendemos a Argentina a un precio sustancialmente más barato que si se le vende a Conaprole.

    La disminución a cero de la tasa consular a la importación de materia primas para producción nacional puede ser otra medida. Y exonerarlas de las tasas portuarias, porque el costo del Puerto de Montevideo es carísimo.

    Son dos o tres medidas que el gobierno a velocidad del sonido debería resolver y nos debería mandar un mensaje. Ese es el mensaje que estamos esperando para lograr mayor competitividad, no un tipo de cambio a $ 39 y una exoneración aleatoria de control de calidad de los alimentos.

    Además, esta directiva va a luchar todo lo que pueda para que las compras públicas sean de industria nacional. No podemos perder un milímetro en eso, no sé si van a ser más caras o más baratas, lo que sé es que si generan mano de obra directa nacional, es imprescindible. Si me dice que van a comprar un resonador, va a haber que importarlo, pero, si es dulce de membrillo para que coman en el Hospital Pasteur, estamos equivocados. O que el calzado de todo el staff policial y militar tenemos que traerlo de cualquier otro país porque vale 20% menos, estamos equivocados. Y así con muchos productos básicos, como ropa, alimentación, metalúrgica, plásticos, medicamentos, que Uruguay perfectamente puede producir.

    —El Ministerio de Industria mejoró los márgenes de preferencia y la reserva de mercado para las nacionales. ¿No alcanza? 

    —No son suficientes. Estamos trabajando para entender en detalle dónde perdemos la ventaja y lograr, por sentido común y por apoyo del Poder Ejecutivo, una preferencia de trabajo, ni más ni menos, no que se nos regale nada ni que se nos subvencione.

    —Gastar más afectaría las finanzas públicas y eso puede tener un impacto mayor… 

    —El Estado somos todos. ¿Dónde queremos pagar más? (Los uruguayos) tenemos un administrador del Estado y le queremos decir que decidimos pagar hoy más por lo que nosotros fabricamos y no pagar más en el mediano y corto plazo por las jubilaciones o por las suspensiones y costos indirectos de bancar una situación de desempleo. Tenemos que determinar como dueños e integrantes de ese Estado dónde queremos pagar más, y analizar primero si tenemos que pagar más.

    —¿Qué evaluación hace de la gestión global del gobierno?

    —No estoy para ponerle nota al gobierno. No creo que haya sido un mal gobierno en lo macro. Asumió en una situación pandémica terrible e, independientemente de cualquier partidismo político, tuvimos la bendición como país de haber tenido un comando de barco maravillosamente bien tomado. Hemos tenido a una ministra aplaudida en el mundo y que ha manejado la macroeconomía notoriamente.

    Pero en lo micro, pequeño y mediano es donde estamos con una falla. Hay que buscar una solución, porque no creemos que sea tan difícil de contemplar esta pequeña parte de la producción nacional.

    • Recuadro de la entrevista

    El perfil “un poco alto” del presidente

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