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    martes 04 de junio de 2024

    Investigadores desarrollan método para combatir grave plaga de producción citrícola

    A través de trampas de luz negra y atrayentes químicos, los investigadores buscan frenar la explosión de poblaciones del insecto conocido como el taladro de los cítricos

    El taladro de los cítricos es un insecto nativo presente en Argentina, Brasil y Uruguay, considerado una plaga primaria dentro del sector citrícola nacional, particularmente para el limón. En los últimos años, la especie se expandió y provoca en la actualidad graves daños en montes citrícolas, sobre todo en el sur del país. Su control por medio de insecticidas es “inviable” y el control cultural (o poda) recomendada para este escarabajo, que alcanza unos 4 cm, “no es eficiente” e incrementa sensiblemente los costos de mitigación.

    Así lo señalan investigadores de la Facultad de Química de la Universidad de la República, quienes, en colaboración con la sede de Salto Grande del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) y productores citrícolas, presentaron —luego de numerosos ensayos— una trampa para combatir al insecto.

    Según dijo a Búsqueda María Eugenia Amorós, quien lidera esta investigación en el marco de su tesis de doctorado vinculada a Ciencias Agrarias, el trabajo buscó, por un lado, describir la sustancia química (también llamada feromona) que liberan los adultos de estos escarabajos para atraer a otros o para comunicarse entre sí, con el fin de conocer su composición y desarrollar un cebo para trampas. Al mismo tiempo, se realizaron pruebas con dispositivos lumínicos y diferentes tipos de lámparas, para determinar cuál presentaba mayor capacidad de atracción sobre estos insectos.

    Recientemente, los investigadores, bajo la dirección de Andrés González y Carmen Rossini, del Laboratorio de Ecología Química de la Facultad de Química, consiguieron desarrollar una trampa con un tubo de luz negra que, ubicada a una determinada altura, atrae al taladro de los cítricos y evita que continúe diseminando huevos en los cultivos.

    “La trampa es de fácil armado y con materiales sencillos, lo que permite que cualquier persona pueda construirla y así monitorear la plaga”, comentó Amorós. Se trata de un dispositivo de panel cruzado en la que los escarabajos chocan contra el panel y van por un embudo hacia un recipiente colector, donde quedan retenidos.

    El grupo de investigación todavía trabaja en la mejora de la nueva herramienta al incorporar el uso de feromona del taladro en las trampas como estrategia de control, lo que busca optimizar los resultados en campo.

    Daños

    Según explicaron los investigadores, esta plaga daña irreversiblemente las estructuras de los árboles, ya que los adultos depositan sus huevos y, posteriormente, las larvas se alimentan de la madera perforando ramas, tronco y eventualmente raíces. Esto causa un debilitamiento sucesivo de los árboles, así como una menor vida útil. Hasta ahora no existían otros trabajos en el país sobre este insecto, por lo que la idea es producir información que contribuya a un manejo eficiente y ambientalmente sostenible, comentaron.

    González explicó a Búsqueda que el proyecto comenzó por un interés del sector productivo. En 2016, varios productores citrícolas se acercaron al laboratorio para plantearles la problemática y, así, los investigadores comenzaron a trabajar en el estudio de las feromonas con el fin de encontrar una alternativa.

    Amorós explicó que el insecto siempre estuvo presente, pero se consideraba una “plaga secundaria”, al existir niveles poblacionales tolerables que no provocaban un perjuicio demasiado grande. Con los años, se dieron explosiones que “llevaron a un deterioro muy importante” en la estructura de los árboles que no tiene marcha atrás”, aunque es un problema focalizado en algunas regiones.

    “Una vez que está hecho el daño ya no hay forma de revertirlo. Se da como un deterioro del valor patrimonial de las quintas, porque además genera una reducción en los rendimientos y las ramas se rompen al momento de las cosechas. Si las infecciones son muy importantes, incluso a veces se termina replantando todo el cuadro de cítricos”, comentó la investigadora.

    Consultada acerca de por qué aumentaron las poblaciones de taladro en algunas zonas, explicó que, entre las hipótesis que manejan, piensan que el aumento del tamaño de las quintas podría haber influido, así como también el manejo por poda ineficiente y las importantes limitaciones que ha tenido la aplicación de pesticidas.

    “Si bien no tenemos muy claro cuál es el efecto de los pesticidas en este insecto, porque está dentro del árbol, muchas alternativas químicas ya no se pueden aplicar durante los períodos sensibles del insecto debido al mercado de exportación en el sector citrícola. Es por eso que el foco del grupo fue trabajar en primera instancia con las feromonas, con el fin de atraer a los adultos para monitorear el pico de vuelo, saber en qué fechas aparecen los huevos y predecir el daño, aunque luego el proyecto fue mutando.

    “Si lográbamos un atrayente efectivo, podríamos desarrollar a largo plazo una técnica de trampeo masivo para capturar muchos insectos”, explicó.

    Hasta ahora la trampa de luz negra desarrollada permite monitorear la presencia del insecto con el fin de organizar la estrategia de control cultural, como se les llama a las podas de las ramas que ya fueron afectadas por las larvas. Según dijo, la poda es una forma de control muy costosa e ineficiente, por lo que esta sería una forma de poder prever el trabajo.

    La herramienta solamente con feromonas, en tanto, todavía se encuentra en desarrollo. Pero tanto los investigadores como los productores ven en ella una gran alternativa, ya que consiste en un atrayente específico que impacta solamente en este insecto, por lo que no provoca ningún desbalance en el ecosistema ni afecta los cultivos. “Es una de las ventajas respecto al uso de pesticidas, ya que el mercado de exportación va hacia eso, frutas sin residuos”, indicó.

    Además, con la cantidad de población presente, la poda es “inmanejable” y muy difícil de mecanizar. “No dan abasto, los costos son muy altos”, dijo Amorós. González agregó que esa herramienta supone costos mayores a US$ 500 por hectárea.

    El próximo paso del desarrollo es convertir esas trampas de luz negra en dispositivos autónomos de luces LED que se carguen con paneles solares, de forma que no necesiten ser enchufados para facilitar la logística en las quintas, algo que trabajan actualmente con Facultad de Ingeniería y Utec. Además, los investigadores han identificado que con luz y feromona en conjunto hay una cierta mejora en la atractividad, cerca de un 25%, pero el costo-beneficio de esta técnica todavía sigue en etapa de investigación. Eso sería el objetivo final.

    De todas formas, González dijo que en Uruguay el desarrollo de estrategias alternativas a los pesticidas e insecticidas para manejo de plagas y la adopción de esas estrategias por parte de los productores “es algo sobre lo que hay realmente muy poco”.

    “Nos debemos ir hacia lograr una producción sostenible, por eso cada pequeña historia de éxito suma para generar hasta una cultura del uso de herramientas sostenibles”, cerró.

    Ciencia, Salud y Ambiente
    2024-05-15T20:24:00