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Hasta setiembre de 1919 no hay huellas del antisemitismo de Hitler, quien tanto en sus años en Viena como en el ejército alemán tuvo amigos judíos. También Eduard Bloch, el médico de su familia, era judío. El antisemitismo como piedra fundamental del programa nazi surgió a consecuencia de la derrota y humillación alemana en la I Guerra Mundial.
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Hitler, como muchos otros dentro del espectro político, asoció esa derrota al judaísmo internacional y sacó la conclusión de que había “que eliminar a los traidores del cuerpo de la nación alemana” (asociar al judaísmo con las finanzas y acusarlos de ser los “enemigos del pueblo” sigue siendo un ejercicio popular dentro del marxismo-leninismo).
En el verano de 1933, Hitler, que estaba en su residencia alpina, conoció a una niña llamada Bernhardine Nienau y apodada Bernile. A partir de ese momento, la chica y “tío Hitler” fueron excelentes amigos. Los álbumes de fotos de Eva Braun contienen docenas de imágenes de Hitler y Bernile, paseando de la mano o comiendo torta de frutilla en la terraza de Berghof. También se escribían regularmente. Un día, Martin Bormann le mostró a Hitler unos documentos que demostraban que la abuela materna de Bernile era judía. “Hay gente que tiene una enorme capacidad para amargarme”, escribió Hitler. A pesar de ese dato, las visitas de Bernile a Berghof y el carteo continuaron hasta por lo menos 1938.
En julio de 1943, al búnker de Prusia Oriental llegó Marlene von Exner, dietista graduada en la Universidad de Viena. La joven había sido empleada para encargarse de la dieta de Hitler.
Marlene provenía de una conocida familia vienesa, en donde abundaban los médicos. Todos eran miembros tempranos del Nsdap. A poco de llegar al cuartel general de Hitler, Marlene se casó con un oficial de las SS. El Servicio de Inteligencia descubrió entonces que Marlene tenía sangre judía por parte de madre.
Hitler llamó a su dietista y le dijo que “lamentablemente” no podía hacer mucho; la despidió (pagándole seis meses adelantados); la invitó a veranear en Berghof y le prometió que solucionaría la documentación de toda la familia. Encargó de ello a Albert Bormann (hermano de Martin). Pero este no movió un dedo y un día Traudl Junge, secretaria de Hitler, recibió una carta de Marlene en donde le contaba que se les habían retirado los carnés del partido y que los cuatro hermanos habían sido expulsados de la Universidad y del Ejército.
Traudl le leyó la carta a Hitler, quien enfurecido llamó inmediatamente a Bormann para exigirle explicaciones. Poco después, Marlene volvió a escribir, contando que se les había devuelto el carné del partido y que toda la familia tenía documento de “sangre aria”.
El caso más notorio y polémico de esta actitud “liberal” por parte de Hitler hacia los judíos fue Emil Maurice, de quien era un antiguo conocido. Juntos habían integrado el DAP, juntos formaron el Nsdap (Maurice fue el miembro número 19), juntos participaron del fallido putsch de Münich de noviembre de 1923 (Maurice integraba la guardia personal de Hitler) y juntos estuvieron en la cárcel. Además, Hitler y Maurice, que había sido el jefe de las SA en 1920-1921, fundaron en 1925 las SS, siendo Hitler el miembro número 1 y Maurice el número 2. Hasta 1931, Maurice fue el chofer personal de Hitler.
Cuando Heinrich Himmler fue nombrado jefe máximo de las SS, ordenó que Maurice fuese expulsado, pues su bisabuelo había sido judío (“la pureza aria” tenía que extenderse hasta 1750). Hitler se opuso vehementemente y Himmler se vio obligado a dar marcha atrás.
En el documento que se vio obligado a firmar el 31 de agosto de 1935, Himmler escribió: “El Führer ha decidido hacer una excepción y permitir que Maurice y sus hermanos sigan perteneciendo a las SS”. Para más dolor de Himmler, Hitler le otorgó a Maurice el título de Ehrenarier: Ario de Honor. En 1939 Maurice obtuvo el grado de Oberführer (correspondiente a mayor general o general de brigada en las Fuerzas Armadas). También fue miembro del Parlamento.
Himmler no olvidó la afrenta. En su discurso de Posen del 4 de octubre de 1943, ante los 184 principales oficiales de las SS (que movilizaban un millón de hombres) Himmler recordó lo sucedido en la llamada “Noche de los Cuchillos Largos”, cuando las SS liquidaron a las SA matando a su jefe y a casi un centenar de personas.
Lo que se había hecho esa vez con “los compañeros equivocados”, dijo Himmler, fue horrible pero necesario. Y luego aludió al Holocausto: “me refiero a la eliminación del pueblo judío. Es fácil decir ‘el pueblo judío es eliminado’… Cada compañero del partido dice ‘¡por supuesto, la eliminación de los judíos está en nuestro programa y lo hacemos!’. Pero entonces aparecen 80 millones de buenos alemanes y resulta que cada uno de ellos conoce a un judío bueno. Todos los otros son unos cerdos, pero justamente ese que conocen ellos es un judío excepcional”.
La crítica contra Hitler era clara, pero el Führer prefirió mirar para el costado.