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    Kick Ass!

    Autobiografía de Frank Zappa

    Solo un par de acordes de la guitarra, solo una palabra dicha con esa voz gruesa de locutor irónico y ligeramente desencajado. Frank Zappa es, al toque, Frank Zappa. Imposible no reconocerlo. La forma de componer, la forma de recitar las letras, esa guitarra entre sucia, melancólica y con un lejano dejo arábigo, capaz de producir temas estremecedores como Watermelon in Easter Hay. Vas por el desierto, ves camellos, un oasis y de pronto algo que parece un espejismo, pero no: es la Gibson Les Paul de Zappa. No hubo otro igual y por lo visto tampoco hay imitadores en el horizonte. Esos bigotes y esa perita, esa pinta de loco que era más que nada pinta, porque de loco no tenía nada, sí de neurótico o de tipo ensimismado en su música las 24 horas. Pero claro, los discos, las carátulas, la música, las ropas y el look del bigotudo líder de la banda, son los elementos que hacen al asunto. Y Zappa era flor de asunto, flor de personaje.

    Ah, con esa música tan chalada que hace el tipo debe consumir ácido todo el día. Mirá las tapas y los nombres de los discos y ya te das cuenta: Freak Out!, Hot Rats, Chunga’s Revenge, Waka/ Jawaka, The Grand Wazoo

    Gran error: nada de drogas. Muchos cigarros (“Para mí, el tabaco es comida”), algún porro cada tanto pero nada de sustancias que desvían, entorpecen o endurecen la creatividad. Sus músicos se podían drogar hasta las patas siempre y cuando supieran leer las partituras y llegaran a tiempo para las grabaciones y los conciertos, y sobre todo, fuesen capaces de mantenerse de pie. Como jefe, Zappa era estricto, severo, a veces despótico. Es que había un Zappa detrás de Zappa, y es el que podemos conocer en la autobiografía La verdadera historia de Frank Zappa (Malpaso), escrita por el músico en colaboración con el periodista Peter Occhiogrosso.

    Si queremos otra perspectiva, también de la editorial Malpaso se ha editado el libro ¡Alucina! Mi vida con Frank Zappa, de Pauline Butcher, quien fue secretaria y confidente del guitarrista durante cuatro años. Según Butcher, Zappa comía siempre solo (incluso alejado de su esposa e hijos), era egoísta y demasiado hipercrítico con todo su entorno, pero también era un tipo “discreto, humilde y bondadoso”.

    Volvamos a Zappa por sí mismo. Antes que hablar de conceptos musicales (aunque parezca raro, el hombre le da mayor importancia como influencia a la música dodecafónica que al rock), existe un imperioso ajuste de cuentas con el sistema político norteamericano en general, y en particular con el modo de comerciar el rock y de intentar influir en sus letras mediante diversos tipos de censura. El ajuste es duro y directo, pero también contiene mucho humor. No podía ser de otra forma tratándose de Zappa.

    Estuvo varias veces en los tribunales, donde debió rendir cuentas por sus letras “pornográficas”, por meterse con la Iglesia, con el senador tal o cual y con los sionistas. Siempre había alguien ofendido, o alguna comunidad u organización que sentía que le habían tocado o pateado el culo.

    Una vez fue la Corona británica, en 1975. Un tribunal con togas y pelucas, como en las películas, cuenta Zappa. “El juez tendría unos ochenta años… solo le faltaba la trompetilla en la oreja”. Y el diálogo fue más o menos así:

    —¿La palabra “vegetal” hace alusión a algo sexual?

    —Bueno, sí y no, su señoría, depende de cómo lo mire o entienda.

    —¿Cuál es el concepto del tema Bunna Dik?

    —En realidad no sé exactamente lo que quiere decir…

    —Y en Lonesome Cowboy Burt, se trata de un vaquero que desea tener relaciones sexuales con una camarera. ¿Es así?

    —Bueno, no solo eso, su señoría, también habla de la soledad y de las tazas de café y de los azucareros de los bares.

    Imaginemos por un momento a Zappa y a Trump frente a frente.

    Está bien: los genios no son normales (lo digo por Zappa, por las dudas). Frank fue educado en una familia italonorteamericana. El padre trabajaba como meteorólogo en una base militar y volvía a casa con material del laboratorio para que sus hijos jugaran: balones de destilación, máscaras de gas, plaquetas llenas de mercurio…

    Luego Frank quiso ser músico, destilar los sonidos en su propio laboratorio. Le interesaba el rhythm and blues, pero también Varèse y las orquestaciones complicadas. Así empezó la cosa con la banda Mothers of Invention a mediados de los 60, cuando la movida era entre Frisco y L.A. y los grupos que estaban de moda eran Jefferson Airplane, Grateful Dead y los Byrds.

    En cuanto pudo, montó su estudio de grabación. Poco a poco se fueron pergeñando montañas de discos con Zappa siempre como líder y compositor, discos distintos, innovadores, alocados, algunas veces revulsivos. Los músicos pasaban, el jefe quedaba. No era fácil aguantarle la cabeza. Zappa se había ganado una posición privilegiada en el mundo de la música contemporánea a fuerza de ser insobornable, creativo y original.

    Breve síntesis del rock por nuestro héroe: “Los que tocaban rock, al igual que quienes lo consumían, eran considerados, al menos al principio, elementos socialmente indeseables. Luego llegaron los años 60 y, maravillas del destino, los nativos de un miserable islote frente a la costa de Francia reinventaron esta rueda y nos la enviaron rodando de vuelta (pasando por encima de nuestros pies). Con un doloroso crujido, los Beatles y los Rolling Stones pasaron a ser celebérrimos en Estados Unidos”.

    Una de sus preocupaciones siempre fue poder reunir a una banda sinfónica, a una orquesta o a la mayor cantidad posible de músicos para ejecutar sus obras. El objetivo, si tenemos en cuenta las habituales demandas sindicales, los horarios y los honorarios de los buenos instrumentistas, no resultó nada fácil y pocas veces lo pudo lograr.

    Si tocaba temas de otros músicos, lo hacía a su singularísima manera. A fines de los 80 le vi orquestar en la Casa de Campo madrileña una versión increíble del Bolero de Ravel.

    También fue un pionero, un visionario. Sabía que el long play y el compacto eran meros soportes. En 1987 ya había vislumbrado la posibilidad de las nubes musicales por Internet. Al consumidor se le cobraría una cantidad fija por mes “para que grabe la cantidad de música que quiera”.

    Zappa murió el 4 de diciembre de 1993, a los 53 años, de cáncer de próstata. Para conocer a uno de los personajes artísticos fundamentales del siglo XX, acudan a esta autobiografía. O repasen cualquiera de sus discos y lo comprobarán: es una música que no sabés para dónde agarrará en el primer cruce. A Kick Ass!

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