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    La ANII tiene un “déficit crónico” y necesita encontrar fuentes de financiamiento en el sector privado, dice su nuevo presidente

    Si continuaba el ritmo previsto para 2020, la agencia hubiera terminado el quinquenio con un déficit de $ 2.000 millones, asegura Flavio Caiafa, que critica la falta de “regulaciones amigables con la innovación” en el país y pretende superar la falta de “coordinación” entre los organismos del sistema científico

    El viernes 17 de julio fue una tarde agitada en la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). Mientras el sistema científico tomaba un rol central durante la emergencia sanitaria, el directorio resolvió cerrar de forma temporal las ventanillas a nuevos emprendimientos por falta de presupuesto. Y las críticas no tardaron en llegar.

    Los primeros en cuestionar la decisión fueron el exjerarca del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), Pablo Ferreri, quien la definió como una “pésima noticia”, y el expresidente de la ANII, Fernando Brum, quien opinó que “por muy poco dinero se comprometía el desarrollo institucional”.

    La resolución llevaba la firma del nuevo presidente, Flavio Caiafa, que asumió en abril y lo consideró una medida “básica de buena gestión”. “Lo que estábamos diciendo era que con la situación económica y financiera había que cumplir con los compromisos que teníamos”, dijo entrevistado por Búsqueda.

    Según el jerarca, la agencia tiene un “déficit crónico” debido al crecimiento de compromisos “sin un aumento de ingresos previstos”, razón por la que pretende ir hacia “un cambio de filosofía”.

    “Si se hubiera seguido el ritmo que se había planificado, en cinco años teníamos un déficit de $ 2.000 millones”, aseguró.

    En plena discusión parlamentaria del proyecto de ley de Presupuesto, Caiafa dijo que mantiene un diálogo fluido con el ministro de Educación y Cultura, Pablo da Silveira, y destacó que no se recortará el presupuesto de la ANII. También señaló que “falta coordinación” entre las instituciones del sector de innovación, ciencia y tecnología y que existen “problemas de gobernanza”, ya que “hay una cantidad de instituciones cuyos objetivos y áreas de acción se superponen”.

    En esa línea, criticó la falta de “regulaciones amigables con la innovación” que tiene el país y reconoció que la ANII necesita nuevas fuentes de ingresos del sector privado. Es por eso, afirmó, que espera recibir donaciones especiales que ofrezcan incentivos o herramientas de financiamiento para proyectos de pequeño porte, además de que buscará apuntar a emprendimientos de alto impacto.

    —Cuando asumió como presidente de la ANII, dijo que la agencia tenía un “fuerte poder de transformación”. ¿Cuáles son los cambios más urgentes y qué perfil buscará su gestión?

    —Cuando ingresé a la ANII tenía el preconcepto de que la agencia funcionaba bien comparada con otras unidades del Estado, porque esa era la imagen que vendía hacia fuera. En muchos aspectos es así: tiene un equipo comprometido con el trabajo, que funciona, se monitorea y hace las cosas bien en muchos aspectos. Cuando surgió el Decreto 90/20, que le pedía a todo el Estado que revisara sus inversiones y subsidios para retroceder un 15%, vimos que el flujo de caja no alcanzaba para llegar a fin de año y la primera pregunta que nos hicimos fue por qué. ¿Tan mal estamos? ¿Por qué estamos así? Ahí encontramos dos grandes problemas. El primero es que, salvo por 2013 y 2018, la agencia siempre fue deficitaria y gastó más de lo que ingresó por el crédito presupuestal y los fondos sectoriales. Además del déficit crónico, los proyectos que financia ANII pueden durar de uno a cinco años, entonces no solo se aprueban los gastos de ese año, sino que también los del año siguiente. Y desde 2016 los compromisos anuales empezaron a crecer y a crecer. En 2019 se habían comprometido $ 400 millones más que en 2016, y pensando solo en el año se estimaban $ 1.600 millones cuando el presupuesto del año era de $ 1.100 (millones). Para 2020 se planificaba un presupuesto de $ 1.200 millones y el nivel de compromiso era de $ 1.662 millones. Este año lo empezamos con bastante más de la mitad de nuestro presupuesto ya comprometido. Si se hubiera seguido al ritmo que se había planificado, en cinco años teníamos un déficit de $ 2.000 millones. El cambio más urgente era agarrar el casco del barco y cerrar los boquetes para asegurarnos de que podemos pagar los proyectos a los que nos comprometemos. La administración anterior aprobó mucho más de lo que podía pagar. Hay que hacer un cambio de filosofía: vamos a comprometernos solo hasta lo que sepamos que podemos pagar.

    En julio decidió cerrar de forma temporal las ventanillas a nuevos emprendimientos. ¿La decisión siguió esta línea de pensamiento?

    —Sí, claro. En ese momento estábamos con mi equipo de finanzas, vimos que no cerraban los números y no queríamos comprometer ningún nuevo proyecto de los instrumentos que no tienen un presupuesto asignado. No iba a aprobar un proyecto y menos firmar un contrato de beneficios que no iba a poder controlar. Era algo básico de buena gestión. Lo que estábamos diciendo era que con la situación económica y financiera había que cumplir con los compromisos que teníamos.

    —El lunes 28 estuvo en la Comisión de Hacienda y Presupuesto junto con las autoridades del Ministerio de Educación. ¿Qué preocupaciones aparecieron sobre la ANII?

    —En la exposición del MEC no se dijo mucho. Asumimos que fue porque no se bajó el presupuesto de la ANII, que en 2019 fue de $ 900 millones y en 2020 se terminó definiendo en $ 953 millones; subió un poco. Ahí se tomó como base el de 2019 con refuerzos presupuestarios y algunos saldos que nos faltaban cobrar del MEF. No hubo recortes.

    —Se lanzó el llamado I+D para promover la inversión de empresas privadas en tecnología con beneficios fiscales. ¿Pretende ser un estímulo para mejorar el déficit?

    —Claro. Sabemos que este año y el que viene por la pandemia y la reducción del endeudamiento público, que es una de las directrices del gobierno, necesitamos nuevas fuentes de ingresos. Y estamos trabajando en nuevas ideas como, por ejemplo, las donaciones de organizaciones que se dedican a apoyar la innovación y emprendimientos a escala nacional e internacional. A escala nacional el incentivo es que si la agencia es seleccionada para recibir donaciones especiales las empresas y las personas que donen tengan un beneficio del 82,5%. Es un estímulo grande y hay muchos beneficiarios. El otro camino es el crowdfunding, que son financiamientos pequeños, y muchos para los proyectos de pequeño porte. Eso lo estamos analizando con ANDE (Agencia Nacional de Desarrollo) porque capaz lo hacemos juntos. En otro capítulo está profundizar el uso de inversores privados y el seguimiento a los emprendimientos de alto impacto. Que haya inversores ayuda a mejorar la calidad de las inversiones. Queremos potenciarlo. El viernes tuve una reunión con los fondos de inversión para hacer un rediseño para que esos fondos sean más grandes.

    —¿Esos emprendimientos de alto impacto de qué tratan? ¿Hacia dónde apunta la ANII?

    —Algunos ejemplos: en el plano de los tipos de proyectos, la distribución por sectores económicos es muy parecida a la exportación de Uruguay. El principal sector es el agro, por la ganadería, la alimentación, la madera; está el turismo, los servicios, la logística y la infraestructura. Los más exitosos han sido proyectos como PedidosYa, que recibió capital semilla de ANII y hoy es una empresa que está evaluada en más de US$ 2.000 millones. Otra que tuvo un buen crecimiento es Paganza. Venía muy bien, pero terminó siendo vendida a un banco porque se enfrentó con un problema que queremos resolver: la falta de regulaciones amigables con la innovación.

    —¿Cuál es el problema?

    —Tenemos muchos sectores que podrían ser dinámicos si no estuvieran atrapados en regulaciones bastante obsoletas que no incentivan la innovación. Un ejemplo claro son las finanzas. En los mercados financieros grandes, como Estados Unidos y Europa, hay un sistema que obliga a los grandes bancos a intercambiar datos con startups mientras cumplan con los estándares de seguridad y de protección de datos. Eso acá no pasa. Hasta hace pocos teníamos un banco central que era muy antiguo, que literalmente si no conocía cierta tecnología, no la aprobaba. Entonces era imposible innovar.

    —¿Mantiene contacto con el expresidente de la ANII?

    —No, hablamos por teléfono mínimamente. A él le aceptaron la renuncia un viernes y yo entré el lunes siguiente.

    En el Parlamento, Da Silveira dijo que falta cooperación y comunicación entre los organismos vinculados a ciencia y tecnología. ¿Comparte esa percepción?

    —Falta coordinación. Hay una cantidad de instituciones cuyos objetivos y áreas de acción se superponen. En la primera reunión después de entrar a la ANII, fui con una lista enorme y les pregunté qué era eso. Hoy estamos en proceso de estudiarlo para reordenarlo, y de hecho hay un proyecto que consiste en un rediseño de las gobernanzas y de las instituciones de ciencia, tecnología e innovación. Es más que nada falta de coordinación, pero también hay problemas de gobernanza. Si yo no dependo de vos, no tengo muchos incentivos para alinearnos. Es difícil porque son muchas organizaciones muy disímiles. Hay buenos diálogos, pero falta un nivel de gobernanza mejor que permita definir cuáles son los puntos estratégicos para ir hacia ahí.

    Ha señalado que la agencia debería involucrarse en las primeras etapas de la educación. ¿Por qué piensa que es importante?

    —Estamos todos de acuerdo en que la educación y la difusión acerca de que investigar, dedicarse a la ciencia, a la tecnología, a la innovación o al emprendedurismo son opciones de trabajo viables y supergratificantes, y es algo que se debe enseñar desde la escuela primaria. No es algo que esté en las manos de ANII, pero es algo que vamos a apoyar. Hemos hablado con Leandro Folgar, presidente de Ceibal, sobre programas para trabajar en conjunto. También hay varias áreas de la estrategia donde el rol de la ANII es de articulador. Por ejemplo, en las regulaciones. Queremos asegurarnos que si tenemos emprendimientos y empresas trabajando duro en el sector de fintech después haya una regulación que las apoye. Porque si no estamos ayudando a empresas, dándoles subsidios, y después se van a morir por una regulación del propio gobierno. Seamos consistentes.

    Hace años que se habla sobre la “fuga de cerebros” de profesionales al exterior. ¿Lo ve como un problema o como una consecuencia inevitable de la globalización?

    —Tenemos buenas formaciones en algunas áreas, pero no tenemos una formación excelente en forma consistente, que es lo que logran países a los que aspiramos parecernos. Sí pasa que en esas áreas en las que formamos buena gente de forma barata y eficiente se nos van yendo. Pero también sucede que quizás lo mejor que le puede pasar a esa persona es que se vaya, que trabaje en el exterior y que aprenda. Porque luego todos los uruguayos que se van quieren volver. Y muchos pueden volver con su proyecto. De hecho, hay un programa de la ANII que financia investigadores uruguayos o incluso extranjeros que quieran venir a trabajar acá con otro equipo de investigación.

    —¿Qué ocurrirá con los programas de becas de posgrado nacionales e internacionales ante las restricciones presupuestales?

    —En la Comisión de Hacienda y Presupuesto nos preguntaron si habíamos reducido el monto, pero no fue así. Lo que se paga por mes a los estudiantes de doctorado va a ser lo mismo. La cantidad de plazas también se mantuvo, fue uno de los programas en los que no bajamos ni un peso. La confusión seguramente pasó porque el monto que da la ANII para los programas de doctorado es menor al que da las becas de la Udelar, que son bastante parecidas en tamaño y cantidad. Estamos intentando desde hace unos años (con relativo éxito porque es difícil coordinar esos llamados grandes) que primero se haga el llamado de la Udelar para que el que no consiguió pueda acceder a las becas de ANII. Porque hoy pasa que todo el mundo se postula dos veces y después la mitad te dice que no. Hoy el principal feedback que tenemos de nuestros beneficiarios es que los instrumentos de la agencia son difíciles de entender y a veces son burocráticos, algo en ocasiones necesario porque permite controlar que lo que se paga se use para lo que se pidió. Pero hay algunos temas de postulaciones que se pueden mejorar y, sobre todo, queremos simplificar los instrumentos, tener menos y hacerlos más flexibles.

    ¿Se pretende promover más los proyectos de investigación aplicada?

    —No. Es decir, la ANII va a seguir apoyando las tres cosas: la investigación fundamental, donde los resultados no son a corto plazo, la investigación intermedia o aplicada y la innovación. Nuestra idea es apostar a todas las patas. Dentro de eso, buscamos proyectos de excelencia, que en la parte de investigación es algo que se cumple (porque todos los llamados de investigación son competitivos). Pero eso no pasa con innovación y emprendimiento. Entonces se va a seguir haciendo una especie de ventanilla abierta, pero en cada postulación vamos a tener proyectos que van a competir. Además, del lado de la innovación y del emprendimiento vamos a buscar el alto impacto, proyectos que tengan capacidad de crecer mucho. El alto impacto generalmente se mide en dólares, pero otras veces se mide en impacto social u otros efectos que pueden producir enormes beneficios que promuevan un ahorro gigante para el país. Pero, por ejemplo, los fondos sectoriales históricamente apoyaron proyectos de investigación o de innovación, uno u otro. Ahora que los fondos sectoriales se redujeron bastante porque los socios no van a aportar este año lo mismo que en años anteriores, queremos enfocarnos en los problemas claves de cada sector. En vez de hacer proyectos de investigación por un lado y proyecto de innovación por otro, hagamos desafíos donde se junten centros de investigación con empresas para tratar de resolver los principales problemas de ese sector.

    —¿Qué evaluación hace del ecosistema emprendedor?

    —Tenemos un ecosistema emprendedor que tiene grandes fortalezas. Por el tamaño de Uruguay, no tenés un gran mercado, pero tenés la ventaja de que nos conocemos todos y es más fácil coordinar y colaborar. Estamos bastante alineados y hay mucha sinergia. El problema que tenemos es que la cantidad de buenos emprendimientos por año es baja; es un tema de tamaño. Por ese lado también hay dos iniciativas: una es cómo podemos hacer para que todo el que quiera emprender o tenga una idea no nos venga a pedir capital semilla, sino que sepa qué tiene que hacer para validar su negocio. Porque son las mismas cosas: tener un producto más o menos definido, conocer muy bien el mercado y haber validado que hay gente dispuesta.

    —¿Ya tienen estimado cuánto pueden llegar a disminuir la deuda que tiene la agencia?

    —La deuda se va sola con el paso de los años. Si no comprometés más de lo que vas a recibir, va bajando naturalmente, y eso significa que cada vez vas a poder aprobar más proyectos. En vez de pelearnos por cómo repartimos una torta de menos de US$ 30 millones, que es hoy el presupuesto de ANII, apostemos a desarrollar cosas que nos permitan generar recursos genuinos.

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