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“Bloqueo”, “escalada”, “implosión” y “hostilidad” son algunos de los términos que usó Álvaro Rico, decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, para definir el accionar de los estudiantes de esa institución pública, con quienes mantiene desde 2010 una áspera relación que alcanzó su punto más duro en las últimas semanas. Rico, en el inicio de su segundo mandato hasta 2018, aún no pudo designar asistentes académicos porque el orden estudiantil en el Consejo de la Facultad se opone a votar a sus candidatos.
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“Luego de solicitárseme el currículum de los que proponía, vino la negativa, por considerar que la política del decanato en este nuevo período debía revisarse y rectificarse, incluyendo en eso la aprobación de los planes de estudio que hemos procesado durante varios años y otras condiciones que hacen imposible ninguna negociación, salvo que a uno le obliguen a acordar a cambiar de nombre o cambiar de sexo a los efectos de lograr ese acuerdo”, explicó Rico el martes 7 durante el Consejo Directivo Central (CDC) de la Universidad de la República (Udelar).
Hasta ese momento el tema había sido interno de la Facultad, pero en la sesión del CDC la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU) leyó una declaración tomada por unanimidad donde rechaza el actuar del decano, “que implica la difamación y el cuestionamiento a los consejeros estudiantiles democráticamente electos”, así como “cualquier modificación que excluya a cualquiera de los órdenes en la designación de asistentes académicos”. La declaración sorprendió a Rico, que quería mantener el problema en la órbita interna.
“Por cierto decoro personal y respeto al cuerpo no hemos querido traer al CDC esta o anteriores situaciones. Sin embargo, en una actitud de escalada se plantea esta declaración, se pide la palabra y se hacen comentarios acerca de la misma. Por lo cual no vale el decoro y no vale mantener el respeto ante el cuerpo sino, por el contrario, involucrar al CDC, porque en el actual contexto político universitario nadie está libre de que esta situación se repita en otros servicios en función de intereses particulares, ya sean estos de órdenes, de agrupaciones o de grupos políticos”, afirmó en su intervención.
Luego advirtió sobre la “grave situación institucional” de la Facultad, donde hace 40 días él atiende los asuntos centrales “absolutamente solo”, lo cual determina que los servicios que se prestan desde el decanato (tramitación de convenios, presentaciones a los llamados centrales, tiempos de entrevistas) estén “demorados, postergados y en algunos casos mal resueltos, en función de esta situación de bloqueo institucional”.
Inventar y transformar.
El asistente académico es un cargo creado por la Udelar para brindar funciones de apoyo y coordinación a los decanos. La ordenanza establece que para designarlo se requiere en cada Consejo de Facultad mayoría absoluta, debiendo incluir al menos un voto de los tres órdenes: docente, egresados y estudiantes.
Sin embargo, desde 2010 la Facultad de Humanidades no alcanza las mayorías requeridas por falta de apoyo en los tres consejeros estudiantiles. Ese año, Rico asumió su primer decanato y quedó enfrentado a la agrupación Íbero Gutiérrez, que controlaba el Centro de Estudiantes de Humanidades, vinculada al Partido Comunista Revolucionario y de ideología “maoísta”.
Ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo, Rico propuso crear la figura del colaborador académico, símil al asistente académico. Así funcionó la Facultad durante cuatro años, pero en 2014 un consejero de egresados y los tres consejeros estudiantiles denunciaron la figura ante el Tribunal de Cuentas y solicitaron su intervención contable por considerar que se estaba “eludiendo normativa expresa de la Universidad”.
El pedido llevó a Rico a buscar este año designar a los asistentes académicos de forma tradicional, aunque otra vez se vio sin la mayoría necesaria por la negativa de los consejeros estudiantiles. Ahora no se trata de los “maoístas” sino de la Agrupación 21 de junio, que tiene una alianza estratégica dentro de la FEUU con el Frente de Participación Estudiantil Susana Pintos, clave para la elección de Roberto Markarian como rector de la Universidad al no acatar un plebiscito de la Federación que ordenaba votar a Rico.
El martes 14 se desarrolló la Asamblea General de Estudiantes en Humanidades, que aprobó una plataforma de condiciones para dar el voto a los asistentes académicos: duplicar horarios para poder cursar todas las materias, eliminar la caducidad de los cursos, implementar la opción docencia en todas las carreras, reincorporar la tecnicatura en Museología y crear una política de becas para el acceso a las fotocopias.
Mientras, desde el decanato y desde la Asociación de Docentes de la Universidad de la República (ADUR) buscan salidas jurídica e institucionalmente aceptadas al problema. Para Rico, la acusación de la FEUU de que pretende modificar la ordenanza sobre asistentes académicos para excluir al orden estudiantil “es inventar y transformar” para “seguir tomando posiciones y no poder volver” a un clima de negociación.
“Nosotros tenemos un nivel de hostilidad de ciertos sectores estudiantiles en la figura del decano, de todos los males, insuficiencias y problemas que en la Facultad transcurren”, insistió el jerarca en la sesión del CDC, donde advirtió a otros decanos sobre la posibilidad de vivir una situación similar ante el crecimiento de estas agrupaciones estudiantiles dentro de la FEUU.
“Lo que es un mecanismo garantista y de defensa de las minorías y que es un resguardo ante la arbitrariedad del jerarca, en un contexto de gran hostilidad se transforma en un instrumento donde las minorías gobiernan o bloquean de tal manera a la institución que la institución implosiona, porque no se puede gobernar, no se puede conducir diariamente. Y repito que nadie está libre de que le suceda”.