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    La Facultad de Veterinaria aguarda su traslado ante la situación “caótica” de su sede actual, que le hace “casi imposible seguir”

    “Sale agua de los enchufes. En cualquier momento se nos iba a electrocutar alguien”, asegura el decano

    En la oficina de la Secretaría del decano de la Facultad de Veterinaria, Daniel Cavestany, se escucha el estruendo de cada paso que dan en el piso de arriba. En una de las tantas reformas que ha realizado la Facultad se construyó sobre la oficina un entrepiso de madera que, al menos por el sonido, amenaza con derrumbarse cada vez que alguien decide caminar.

    Instalada desde 1917 en el predio de casi seis hectáreas ubicado en la calle Alberto Lasplaces del barrio Buceo, la Facultad gasta anualmente entre cuatro y seis millones de pesos para mantener su sede central en condiciones aceptables ante los problemas estructurales que sufre por el paso del tiempo. Construida en un principio para 80 estudiantes, hoy el edificio alberga a cuatro mil, según la bedelía, de los cuales más de dos mil están activamente presentes cada semana.

    “Los problemas serios empiezan a partir del año 2008, cuando la Facultad deja de recibir dinero de la Universidad por el rubro de inversiones porque supuestamente nos íbamos a ir”, explicó Cavestany a Búsqueda.

    Ese año el Consejo Directivo Central (CDC) de la Universidad de la República (Udelar) aprobó el traslado de la Facultad a una nueva sede de 30 hectáreas ubicada en el enclave de las Rutas 8 y 102. Como no tenía sentido realizar inversiones en un predio que se iba a abandonar, a la Facultad se le recortó el dinero para inversiones. Sin embargo, por diferencias en las condiciones del préstamo la Facultad aún no se mudó y las reformas constantes que necesita el edificio actual se realizan con el dinero correspondiente al rubro de gastos, que es insuficiente.

    “Si bien la Universidad nos apoya, con mi asistente académico de gestión nos juntamos todo el tiempo para ver cómo distribuimos el dinero. Son 20.000 pesos acá, 300.000 pesos allá... Y ya no se trata de arreglar lo más importante sino de lo más urgente. Las reformas las hacemos para no tener riesgos de vida”, dijo el decano. Los arreglos comprenden la estructura e infraestructura de la sede central: cimientos, instalación de gas, tendido eléctrico y saneamiento, entre otros.

    “Hoy tenemos seis salones de clase y ninguno abarca la cantidad de estudiantes que hay en matrícula. Hay dos que no fueron concebidos como tales y tienen problemas de acústica, la voz retumba para todos lados. Y hay otros dos que están bloqueados. Uno porque se nos está por romper el techo, que además es un techo con claraboya. Entonces junto con los techos que se están rompiendo se rompe el tendido eléctrico e incluso sale agua de los enchufes. En cualquier momento se nos iba a electrocutar alguien”, señaló.

    En cuanto a la electricidad, la Facultad debe construir instalaciones eléctricas nuevas porque las originales no fueron creadas para soportar la carga actual de UTE. Además están reparando las cañerías de gas, con más de cien años de existencia, y realizando saneamiento porque hay caños que están tapados desde hace años, incluido el caño maestro.

    “La bedelía no nos da abasto, en la biblioteca no nos caben las cosas. En realidad a la Universidad le sale más caro mantener Veterinaria acá que hacer una sede nueva, porque son años gastando pero no estamos haciendo nada nuevo. Es una situación insostenible, es casi imposible seguir”, admitió Cavestany.

    Inhumano.

    Las continuas reformas y tareas de mantenimiento impiden que en la Facultad exista tiempo y dinero suficiente para realizar construcciones que mejoren la vida diaria de los alumnos, los docentes y el personal. Cuando asumió el cargo en diciembre de 2012, una de las prioridades de Cavestany era crear un salón comunitario donde los alumnos pudieran descansar en sus horas libres pero debió posponer tres veces el objetivo porque se rompieron salones de clases, cañerías e instalaciones eléctricas que requerían más urgencia. En ocasiones la cantina es utilizada por los estudiantes como espacio de socialización, pero no está diseñada con ese propósito y entre las 12:00 y las 14:00, horario del almuerzo, el sitio es “casi inhumano”.

    “Están todos comiendo, apretujados, colas para servir, colas para esperar una mesa porque están las mismas mesas que cuando yo era estudiante”, indicó Cavestany. “Fuera de los salones de clase aquí no hay un lugar de ocio o de socialización para los estudiantes. Entonces un día de lluvia o de mucho frío los muchachos si tienen una hora libre no pueden quedarse y si se van capaz que no vuelven por el tiempo que pierden o el costo que supone”.

    Durante el verano los estudiantes tienen bancos al aire libre y una cancha de fútbol como actividades recreativas, pero cuando comienza el otoño la situación cambia. Según el decano a veces cuando se toman exámenes orales deben improvisar un espacio cerrado para que los alumnos “no se mueran de frío” esperando afuera.

    “Para mí uno de los problemas más delicados es que no tenemos capacidad para mantener a los estudiantes acá. Los muchachos, los adultos, todos los seres humanos precisamos estar contentos y agradados en el lugar donde vivimos, trabajamos y estudiamos. Entonces esto lleva a que para mí el muchacho no se sienta a gusto donde está estudiando y eso afecta el rendimiento y afecta la asistencia”.

    Además de las dificultades edilicias y la falta de espacios recreativos, la Facultad de Veterinaria también está preocupada por la inseguridad que sufre en su sede central, para lo cual contrata 24 vigilantes privados diarios divididos en ocho turnos de tres durante todo el día. “Estamos por poner cámaras de seguridad ahora para controlar un poco mejor. Por suerte no hemos tenido grandes vandalismos sino raterías chicas, pero estamos llegando a un nivel en el cual este predio tan grande es incontrolable. Hay muchos recovecos, rompen los tejidos, se nos mete gente, hay que reparar alambres. Es caótico”.

    Fideicomiso.

    El 8 de abril el CDC de la Udelar trató nuevamente el traslado de la Facultad de Veterinaria a las Rutas 8 y 102. Originalmente para financiar la obra se pidió un préstamo de más de U$S 25 millones al Banco República, que lo aprobó e incluso premió el proyecto arquitectónico. Pero en agosto del año pasado el Ministerio de Economía y Finanzas exigió que para concederlo tenía que haber un fideicomiso en el cual el predio actual de la Facultad de Veterinaria fuera la garantía, el que debería ser ejecutado para pagar el préstamo.

    Antes de tomar una decisión el CDC resolvió asesorarse con las direcciones técnicas involucradas en la obra y volverá a considerar el asunto cuando la información haya sido suministrada y los colectivos de estudiantes, egresados y docentes entiendan que han avanzado en su discusión.

    “Este va a ser un tema difícil, es un tema que va a estar en la agenda universitaria por muchos años, sin ninguna duda, y por consiguiente una resolución al respecto requiere un pronunciamiento muy claro del Consejo Directivo Central y un compromiso de los órdenes. Dentro de seis meses este Consejo Directivo Central va a tener probablemente una composición muy distinta de la actual pero esta temática va a seguir planteada”, dijo el rector Rodrigo Arocena durante la reunión de abril donde se trató el tema.

    Ese mismo día Cavesany también manifestó su postura: “Creo que estamos en una situación casi terminal en que si no se aprueba este préstamo, vamos a tener que tomar medidas muy serias para darles a estos docentes y estudiantes condiciones mínimas de seguridad para poder continuar la carrera”.