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El obispo de Minas, Jaime Fuentes, caminaba por las calles de Roma para tomar un poco de aire. Era martes 20 de octubre y el religioso tenía cosas en que pensar. Quedaban pocos días para que terminara el Sínodo de la Familia convocado por el papa Francisco y Fuentes no estaba del todo satisfecho con lo que estaba ocurriendo. “Cambiante está el tiempo en Roma: de a ratos sale el sol, de a ratos llueve”, escribió más tarde en su blog “Desde el Verdún”, un mensaje que iba más allá del comentario sobre el clima.
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En su amplio despacho en el Arzobispado de Montevideo, el lunes 2, todavía recuperándose de las tres semanas de Sínodo, Daniel Sturla tampoco escondía su contrariedad por el resultado del encuentro de obispos. Aunque en su caso, a diferencia de Fuentes, el descontento con algunas resoluciones se debía a que no iban tan lejos como esperaba.
Es que las posturas del Papa sobre varios temas —como el trato que la Iglesia católica debe dar a los fieles divorciados y vueltos a casar— generan divisiones en la institución. Los especialistas hablan de un bloque “conservador” de obispos y cardenales que intenta impedir los cambios, mientras que otro sector tiene una mirada afín al líder del Vaticano.
Y esas dos posiciones tuvieron su correlato en la representación de la Iglesia católica uruguaya durante el Sínodo, según las consultas de Búsqueda. Fuentes, único obispo uruguayo del Opus Dei, concurrió al Sínodo en representación de la Conferencia Episcopal del Uruguay y allí planteó una visión crítica sobre algunas propuestas. Mientras que Sturla, uno de los cerca de 40 invitados especiales del Papa, es afín a la “apertura” que busca impulsar Francisco, e incluso apoyó puntos del documento final con los que no coincidía por completo porque temía que el papa quedara deslegitimado si no eran aprobados.
“Los grandes temas”.
El Sínodo citado por el Papa era uno de los encuentros más esperados en la Iglesia católica. Más allá del tema elegido en la reunión “se jugaba la propuesta pastoral de Francisco”, dijo a Búsqueda el cardenal Sturla. Eso implica “una Iglesia que sale a curar heridas a mucha gente que está en una situación jorobada; que asume esa actitud evangélica, de compasión”, añadió. “Por momentos la gente sentía que la Iglesia marcaba la línea y el que no cumplía, quedaba afuera”.
Que había cosas en juego quedó claro casi desde el comienzo. Trece cardenales del bloque conservador le enviaron una carta al Papa en la que cuestionaban aspectos del Sínodo. Criticaban la nueva metodología de la asamblea, la composición de la comisión de diez personas para el informe final, y el documento de trabajo, informó el diario argentino “La Nación”. Además, no ocultaban su temor a que pueda haber cambios ante el “problema teológico-doctrinal de la comunión para los divorciados vueltos a casar”. La misiva fue filtrada al blog de Sandro Magister, un vaticanista italiano muy crítico de Francisco, a quien el Vaticano retiró la acreditación.
Durante tres semanas, 270 obispos discutieron la postura de la Iglesia ante las que considera “situaciones difíciles” en relación con la familia, como el tema de los divorciados, las parejas de hecho y las que tienen integrantes homosexuales. Luego de trabajar en grupos, los obispos votaron en una reunión plenaria párrafo a párrafo el texto final. Para ser aprobado, cada punto necesitaba una mayoría especial de dos tercios, lo que en algunos casos estuvo a punto de no suceder.
El miércoles 21, Fuentes escribió en su blog un comentario que le realizó otro obispo sobre las discusiones en los grupos: “Hemos votado, pero no me gustó porque no terminamos contentos”.
Sturla dijo que en “los grandes temas” la Iglesia mostró consensos amplios, como en el del matrimonio, el que se considera “uno”, de “hombre-mujer” e “indisoluble”. Además, se advierte acerca de la “eugenesia que se hace sobre los fetos” y de los peligros de la “ideología de género” que busca “imponerse” en la sociedad.
Uno de los puntos más polémicos fue qué hacer con las personas divorciadas y vueltas a casar. La doctrina vigente en la Iglesia católica les prohíbe realizar algunas tareas en las misas y comulgar. El Papa aspiraba a que se flexibilizara esa situación y que se fijara un “camino penitencial” para acercarlos a la institución. Según el relato de Fuentes en su blog, la apertura de Francisco encontraba resistencias. El obispo de Minas seleccionó cuatro ejemplos de planteos discutidos en el Sínodo que reclamaban dejar las cosas como están en relación con los divorciados y vueltos a casar. (Fuentes no quiso hacer declaraciones sobre su participación en el Sínodo. Dijo a Búsqueda que consultara su blog o el de Sandro Magister).
El párrafo aprobado, por escaso margen, indica que “los bautizados divorciados y vueltos a casar civilmente deben ser más integrados en las comunidades cristianas, de las diversas maneras posibles, evitando toda ocasión de escándalo”. Indica que los sacerdotes deben “acompañar por el camino del discernimiento a las personas interesadas, según la enseñanza de la Iglesia y las orientaciones del obispo”. Fuentes destaca en su blog que quedó afuera la idea de establecer un “camino penitencial” y que “no dice nada” sobre la posibilidad de que los divorciados comulguen, un tema que provocó fuerte debate entre los obispos.
El cardenal Sturla no quedó conforme con esa solución. Aun así votó el párrafo porque sabía que corría el riesgo de no ser aprobado. “El gran tema eran los divorciados vueltos a casar. Parece un tema menor, pero detrás de eso hay muchos elementos. Creo que, incluso, tras esa propuesta estaba la actitud pastoral que el papa Francisco quiere para la Iglesia, una Iglesia abierta para todos”, dijo a Búsqueda.
La inclusión en el texto final de los párrafos sobre temas polémicos como las familias con integrantes homosexuales o los divorciados “es un respaldo al Papa porque es obvio que el Papa auspiciaba una apertura”, opinó. “El hecho de que no se hubieran aprobado esos párrafos hubiera creado una situación un poco compleja, porque el Papa iba hacia una apertura y el Sínodo votaba en contra”.
Sturla apoyó la resolución aprobada para el tema de los divorciados aunque hubiese preferido otra “más sencilla”. “Mi temor es que sea tan confuso que quede restringido a un grupo de fieles católicos burgueses, por decirlo de algún modo, y que no llegue al pueblo de Dios”, dijo. “Hubiera sido mejor una solución más simple: pasado tanto tiempo, católicos vueltos a casar la Iglesia los readmite como señal de misericordia, más allá de que su situación es irregular”.
A partir de lo aprobado, que no fue tan lejos como Francisco esperaba, es probable que el Papa elabore un documento propio que presentará en los próximos meses, explicó Sturla.
El cardenal relató que al final del Sínodo, el Papa hizo tres regalos: dos recordatorios y un libro escrito por un amigo de Francisco en el que se describe qué tipo de obispo quiere, uno que sea “pastor y no príncipe”.
Pero además de dar regalos, Sturla no se olvida de que el Papa cerró el encuentro con un discurso en el que cuestionó al bloque conservador. El Sínodo, dijo Francisco, significó “haber puesto al descubierto a los corazones cerrados, que a menudo se esconden incluso detrás de las enseñanzas de la Iglesia o detrás de las buenas intenciones para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas”.