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    La Pampa excéntrica

    por Antonio Pippo

    Excéntrico es sinónimo de raro. Tomando alguna libertad idiomática, podría extenderse el adjetivo a lo muy curioso o aquello caracterizado por circunstancias de tal naturaleza.

    Adiós, pampa mía está incluida entre las 10 canciones más difundidas en la historia del tango y una de las que más versiones tiene.

    Con ella iniciemos el anadeo entre las rarezas aludidas.

    No es estrictamente un tango. Más aún: a juzgar por testimonios irrefutables podría considerársele uno de los primeros ejemplos de la influencia de la fusión de músicas diferentes —que tantos estamos persuadidos fue una de las “revoluciones” del Piazzolla de los últimos años— pese a que data de inicios de la década de 1940.

    Mariano Mores, compositor de la música de Adiós, pampa mía, dijo muchas veces, aunque con más énfasis en uno de sus últimos reportajes: —Es insólito que deba insistir en esto. Yo lo bauticé un “tango campero” y la razón es simple. Fusioné acordes del tango tradicional con otros de tres danzas folclóricas, igualmente bailables, como el pericón, el estilo y la firmeza. En todo caso, de toda mi producción, solo podría emparentarse con Una lágrima tuya.

    Adiós, pampa mía fue compuesto por Mores en 1940: —La música la hice solo. Canaro, para quien yo tocaba, la firmó conmigo como autor por un convenio que, en aquellos tiempos, era común entre los músicos. También yo firmé tangos que eran solo de él, como Niebla.

    Mores logró que Homero Manzi le escribiera la letra, pero Canaro, que quería estrenar el tema en una obra teatral recién imaginada, demoró el estreno hasta agosto de 1945, descartó aquellos versos y recurrió para escribir otros que se ajustaran más al guion de El tango en París, que recién entonces subió a escena en el Teatro Alvear y poco después en el Artigas de Montevideo, a Ivo Pelay, un dramaturgo amigo y constante colaborador suyo. Hay quienes aseguran, todavía, que la letra de Manzi fue más tarde musicalizada por Lucio Demare, aunque nadie ha presentado evidencias que no susciten dudas. Como frutillita de postre, hay que añadir que Mores y Manzi, muy poco antes de la muerte de este, colaboraron en un solo tema: precisamente Una lágrima tuya, suerte de “tango-malambo” creado por el autor de Uno, Cuartito azul, Cafetín de Buenos Aires y tantos clásicos más.

    Los versos de Pelay están escritos en segunda persona —que podría entenderse como una novedad para aquel tiempo en el tango— y, a contramano de tanta exaltación preexistente de la inmigración, trata de lo que siente el artista rioplatense que va a probar suerte en Europa.

    —¡Adiós, pampa mía…! / Me voy… / Me voy a tierras extrañas. / Adiós, caminos que he recorrido, / ríos, montes y cañadas, / tapera donde he nacido…

    Y vale la pena recordar que Canaro, por su lugar de nacimiento, sostuvo sin atisbo de duda que la idea geográfica de “pampa” abarcaba a Argentina y a Uruguay, pese a que aquí jamás fue un vocablo usual. Es una palabra de origen quechua, acerca de cuyo uso exagerado, aun en el vecino país, el escritor Bioy Casares sentenció que “debería decirse campo o llanura, dejando restringido ‘pampa’ al mundo del cine, de los libros o de las letras de las canciones populares”. Al fin de Adiós, pampa mía, el protagonista, emigrado, deja claro que habrá de regresar para no perder su identidad cultural.

    —Yo he de volver a tu suelo, / cuando presienta / que mi alma escapa / como paloma hasta el cielo…

    No es ocioso recordar que esta canción vio la luz en plena irrupción del peronismo y sus reformas en la Argentina.

    Y para cerrar, sacando ahora del olvido ese estreno, hay que decir que el cantor, que debutaba con Canaro esa noche sustituyendo a Carlos Roldán, fue Tomás Guida, presentado con el nombre artístico con el que haría su trayectoria: Alberto Arenas. Y no le fue fácil: Adiós, pampa mía tiene un libitum de 14 tonos y le costaba arrancar cuando y como debía. Lo solucionó el bandoneonista Minotto Di Cicco, quien le propuso colocar 14 monedas en el bolsillo del pantalón, donde debía colocar su mano e ir contando los tonos mientras las soltaba de a una.

    Para cerrar, este magnífico “tango campero” tuvo versiones de Jorge Negrete, Gigliola Cinquetti con Los Panchos, Julio Iglesias, Milva, Tino Rossi y el inglés Stanley Black.

    Elis Regina, aunque nunca lo cantó, confesó que Adiós, pampa mía fue la primera canción que recuerda escuchar en la niñez, a los tres años.

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