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    La Patria agradecida

    Las dificultades para pagar un ejército no es una exclusividad uruguaya del siglo XXI. En 1828, el Estado Mayor era demasiado grande y debió licenciar, sin sueldo, a los civiles reclutados para poder pagar a los oficiales.

    A pesar de las dificultades, el 13 de marzo de 1829, el gobernador y capitán general provisorio José Rondeau hizo aprobar la ley de pensiones para inválidos, viudas y huérfanos de guerra y se estableció un derecho jubilatorio a los que pertenecieron a las divisiones militares del Estado desde 1810.

    La norma establecía que a los soldados inválidos se les otorgaba el sueldo completo, mientras que a las viudas, hijos o madres de los muertos dos tercios del sueldo, salvo a las que estuvieran separadas al momento de la muerte del combatiente. 

    Esta y otras situaciones similares están relatadas en el libro “La seguridad social en el Uruguay. Mirada desde la historia política” coordinado por Gabriel Bucheli y Silvana Harriet.

    En el mismo libro, Harriet cuenta que en 1830 se aprobó otra ley en la cual el Estado Oriental reconocía con dinero a los participantes de la cruzada de los Treinta y Tres, cuya lista comenzó con 40 hombres y siguió creciendo durante todo el siglo XIX incluso con aquellos que, como el propio Juan Antonio Lavalleja, luego se habían levantado en armas contra el gobierno constitucional.

    Otra ley, la numero 91, de junio de 1835, estableció el pago de retiro para aquellos oficiales y jefes con más de diez años de servicio.

    Carlos Real de Azúa dio cuenta que durante casi todo el siglo XIX “el trajín militar más habitual giró sobre la pugna, penosa, inestable, humillante en ocasiones, en torno al escalafón”.

    La profesionalización del ejército se produjo en el gobierno del coronel Lorenzo Latorre, quien sin embargo redujo el número de efectivos.

    A pesar de ello, el diario “El Día” del 3 de setiembre de 1890 afirmó que “tenemos un oficial por cada soldado (...), de los 3.000 oficiales no hay 800 que se hayan formado en servicio regular y tengan conocimiento militar. El favoritismo, el sistema socialista de nuestros gobiernos ha hecho lo demás”.

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