“La UTU es un sentimiento”, dice la calcomanía que exhibe con orgullo Juan Pereyra. Con 39 años de experiencia en la institución, este ingeniero agrónomo y profesor técnico de 66 años pasó en mayo “al otro lado de la trinchera” para asumir como director general del Consejo de Educación Técnico Profesional/Universidad del Trabajo del Uruguay (CETP/UTU), a pedido de Robert Silva, el titular del órgano rector de la educación. Al recibir la oferta para gestionar una institución de enseñanza media pública que atiende a 105.000 alumnos —con un déficit que supera los $ 300 millones—, Pereyra dirigía el Colegio José Artigas, ya entonces retirado de la actividad pública.
Seis meses después, dice haberse encontrado con una UTU en plena pandemia y plagada de “desprolijidades”, con “algunas cosas ataditas con alambre”, por lo que ordenará junto con la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) una consultoría externa sobre todos los procesos.
—Encontramos asignación de grupos que tenían muy poquitos alumnos o que no tenían ninguno, designaciones de horas en forma directa bastante desproporcionadas al número, docentes y funcionarios que no cumplían sus tareas, vehículos no funcionales a los que se les pagaban patentes y seguros, compras innecesarias… Muchas carencias en áreas que no esperaba. Hay centros educativos que tienen una sola persona para la limpieza.
Hay cosas que realmente desconocía y otras que no las comparto. Quiero ser muy respetuoso. No quiero usar otro término, pero... sorprende. Cuando uno habla de desprolijidades y de cosas ataditas con alambre es porque por ejemplo teníamos cursos totalmente desfinanciados, anexos que funcionaban en forma precaria... Esta es una realidad que ahora explota. Está bien que más jóvenes puedan estudiar, pero no que lo hagan en situaciones tan precarias. Encontramos una gestión diferente a la que queremos.
—¿Y qué corrigió?
—En el caso de los vehículos hicimos un relevamiento que llevó más de un mes, caso a caso. Además encontramos edificios nuevos que no se adaptaban para nada a las necesidades del centro educativo. Y cuando consulto por los funcionarios de servicios, en recursos humanos me dicen que había unas 420 vacantes sin llenar. “Bárbaro”, dije. Pero cuando voy a hacer el llamado me dicen del área contable que financiadas hay solo 20 vacantes. Ese es un gravísimo problema, sobre todo en medio de una pandemia. Las clases en educación media superior terminan ahora (esta semana) y el 11 de diciembre en educación media básica. Pero después habrá dos períodos de apoyo a los alumnos, por lo que las clases terminarán de forma definitiva el 12 de febrero.
—¿Esto estará resuelto en 2021?
—No. Porque evidentemente no disponemos de los recursos para cubrir esa demanda. Tenemos 300 dependencias funcionando. Con un funcionario de servicio por cada centro no hacemos patria.
Pero el gran problema que tiene la UTU es un déficit presupuestal enorme: arriba de los 300 millones de pesos. A las desprolijidades hay que sumar las PPP (proyectos de participación público-privada), para las que no había financiación... Vamos a recibir 19 obras entre polos tecnológicos y polideportivos que tendrá que pagar el pueblo uruguayo.
—¿Y entonces qué hará?
—Ya hemos avanzado con ANEP para hacer una consultoría externa sobre todos los procesos. Hace falta un sistema de gestión moderno, eficaz y acorde a lo que requiere la educación hoy. Esta institución es muy grande y está acostumbrada a un ritmo que no es el actual. Apuntamos fuertemente a una evaluación externa y otra autoevaluación para hacer los cambios a conciencia.
—¿Pero en qué quedó el plan estratégico de UTU?
—Sacamos el pie del acelerador para trabajar intensamente en la emergencia. Habrá una nueva oferta educativa para atender a los alumnos más vulnerables que se aplicará en 2021 en seis centros de UTU como experiencia piloto.
—Mientras, la brecha socioeducativa crece…
—Pahhh... Eso duele, realmente duele. Porque a uno le llega información de todos lados. Mis nietos reciben educación privada y realmente veo una diferencia importante en la atención con la pública. La pandemia ensanchará esa brecha social. Y, aunque parezca paradójico, el mayor costo salarial docente por alumno no está hoy en los quintiles 1 y 2.
—¿Cómo se explica eso?
—Un docente grado 7 gana más que un grado 1, y elige el centro primero. Lógicamente, entre dar clase en el Instituto Tecnológico Superior del Buceo y una escuela periférica, sin estigmatizar, es comprensible la elección... Y así, con todo. El otro día fui a la Escuela Técnica del barrio Lavalleja, y tú ves los alrededores: chicos con cuchillos, la policía custodiando la escuela porque había autoridades... Por eso, buscamos que haya más incentivos y darle permanencia al docente.
—Días atrás se reunió con representantes de las cámaras empresariales y dirigentes sindicales para estrechar la relación con el sector privado. ¿Qué avanzó?
—Haremos una adecuación curricular de toda el área técnica-tecnológica en conjunto con los sectores privados productivos y con los gremios de trabajadores, en 10 sectores productivos para 2022. Y en 2023 habrá una adecuación curricular de todos los niveles. En esta primera reunión hubo un acuerdo total.
—¿También con los sindicatos?
—La presencia de las organizaciones sindicales fue muy reducida porque ese día había un paro del gremio de UTU y parte de la agremiación no asistió en apoyo a esa medida. Pero la apertura es lógica, porque hoy tenemos una oferta educativa técnica-tecnológica que no está actualizada, que capacitamos en muchos sectores para trabajos que hoy no se necesitan, o a quien capacitamos no está realmente preparado para este mundo. Y planteamos que nos den los insumos para trabajar. Nadie se puede cerrar a eso. La única limitante es que la educación pública oficiará como garantía.
—¿A qué refiere esa “limitante”?
—Porque a veces viene un sector productivo y dice que necesita capacitar al alumnado para tal tarea. Y esa es una capacitación a muy corto plazo, por lo que una vez que la necesidad de esa mano de obra está cubierta terminamos creando desempleados. Queremos evitar eso. No quiere decir que no hagamos alianzas con el sector privado. Pero centrados en otras necesidades. El alumno debe tener una cultura general, ser apoyado en cursos con continuidad educativa, no en el curso que luego de terminarlo no sirve para más nada.
—¿Y qué dicen los empresarios?
—Creo que ellos han visto que hay una apertura de la institución. Como que la institución estaba bastante cerrada a determinados sectores y ahora han visto que se está abriendo. La UTU tiene una gran fortaleza, que a la vez es un problema porque cuenta con una gran oferta de cursos que cubren casi todas las áreas productivas del país, pero a la vez es muy difícil mantenerla al día con los recursos disponibles. Tenemos currículas muy desactualizadas que apelan a herramientas ya en desuso.
—Eso también requiere cambios de programas y de formación docente, entre otros. ¿Será posible hacerlo con restricciones presupuestales?
—Sí. Pese a las restricciones y a tantas desprolijidades también se pueden usar los recursos disponibles de forma inteligente, con los planes estratégicos y cánones de eficiencia y eficacia. De hecho, hay cursos que la actividad privada necesita, pero no tenemos los recursos técnicos ni tecnológicos. Ni tenemos a veces los docentes capacitados para darlos.
—Menos de la mitad (45%) de los profesores de UTU son titulados y casi un 70% trabaja en más de un centro educativo...
—Por eso, además de técnica y tecnología, le pedimos al sector productivo personas capacitadas en determindas áreas para que a su vez puedan capacitar a nuestros recursos humanos.
- Recuadros de la entrevista
“Un gravísimo error” provoca que “niños” compartan formación con desertores de “extraedad”
Entre “los que no les da la cabeza” y la “marca país”