—Detrás de una decisión está el proceso que nuestras neuronas implementan para tomarla. Diferentes circuitos son responsables de distintas decisiones. Si tiene que tomar una decisión basada en un recuerdo, habrá circuitos operando detrás.
Las personas con enfermedades psiquiátricas generalmente tienen enfermedades de cognición (acción de conocer). Hay algunas que están vinculadas con la toma de decisiones, como la adicción, esa es obvia. Realizan elecciones que para un observador externo son incorrectas.
Actualmente todas las drogas son esencialmente una sopa de químicos y tratan tu cerebro como si lo fuera también. Ingresan y apuntan a todo. Actúan sobre lo que llamamos receptores y neuronas, pero estos receptores rara vez son específicos de un área en particular, entonces terminan actuando en muchas áreas. No tienen una concordancia con la forma en que en realidad funciona el cerebro. Hemos tenido algo de suerte con algunas drogas que son útiles para algunos desórdenes psiquiátricos, pero resulta muy difícil encontrar nuevas.
Ahora estamos empezando a saber que hay circuitos más específicos que están detrás de diferentes tipos de decisiones. Saber más sobre ellos en el futuro va a ser fundamental para lograr cualquier tipo de progreso.
—En la carrera por nuevos medicamentos psiquiátricos más específicos es necesario conocer al detalle los circuitos neuronales y cómo operan, entonces.
—Exactamente.
—Una de sus investigaciones en curso podría dar respuestas para el autismo. ¿De qué se trata?
—Tenemos resultados, que no han sido publicados aún, sobre la noción de la recompensa social. Los humanos disfrutamos de estar con otros humanos, es muy intuitivo y reconfortante. Lo mismo ocurre en animales y esto puede depender de diferentes circuitos. Lo estudiamos en ratones. Elaboramos un paradigma para dilucidar cuán valioso es, para un animal, la interacción con otro. Esto nos va a permitir descifrar los circuitos que pueden estar detrás.
En autismo, lo que podría estar mal es justamente ese sistema de recompensa social. Seguramente no es lo único afectado, pero este ha sido impactado. Esta gente no valora la interacción social y muchos de sus déficit podrían deberse a esto. Si entendiéramos que hay sistemas como estos que inciden, podremos ir para atrás y testarlo en modelos de autismo en ratones y luego probarlo en humanos. Es un camino largo pero ese es el plan. Conceptualmente los científicos pensamos que tiene sentido.
—¿Cuál es el trabajo del que está más orgulloso?
—Estoy orgulloso de mi trabajo sobre confianza y toma de decisiones. Empezamos a estudiar el tema desde un lugar que no era obvio para un científico. Nos metimos con las neuronas. Pieza por pieza hicimos mucho progreso en lograr una rigurosa conexión y eso es realmente satisfactorio.
—¿En dónde está la confianza en el cerebro? ¿Por qué es importante estudiarla?
—Ajá… Imagine que camina hacia un restaurante que le recomendaron y sigue las instrucciones sobre cómo llegar a él. Camina, camina y camina, y como no llega, en algún punto decide dar vuelta. Esta es una decisión instruida por su nivel de confianza. Si tiene una confianza alta de que esta siguiendo el camino correcto, por la calle correcta, seguirá caminando por más tiempo. Si no, dará vuelta antes.
Estas son situaciones muy básicas del día a día en la que se usa la confianza. ¿Cuánto dinero quiere invertir en un negocio? ¿Cuánto apuesta en un juego de cartas? Todo depende en la confianza sobre cuál será el resultado.
Claramente debía haber neurocircuitos para todo esto. Pudimos encontrar una región del cerebro (corteza orbitofrontal) destinada a eso al estudiarlo en ratas y hay una región homóloga en los humanos, presumiblemente más sofisticada.
Tiene sentido que haya una región central para esto porque las razones para adquirir confianza pueden ser muy diversas. Se puede tomar decisiones basadas en la confianza. Además la experiencia permite calibrar la confianza.
En cualquier tarea que se desarrolle, a medida que se aprende a hacerla, se mejorará más. Si no sabes sobre un tema y te pones a estudiarlo, mejorará tu performance y tu conocimiento. Esa experiencia contribuye a mejorar la confianza. Por eso es bueno ser experto.
—Por “experto” se refiere a estudiar y también a aprender por la experiencia de vivir…
—Sí, de vivir. Dígame sobre una decisión que toma todos los días.
—Cuando llego todas las mañanas a la parada debo decidir si me tomo el ómnibus que pasa más seguido pero tiene un recorrido que toma más tiempo, o si espero uno que va más directo y llega a destino más rápido.
—La primera vez que llega a la parada no estará informada por la evidencia. La experiencia del día a día permite que mejore en su predicción. Nunca será perfecta porque no controla los buses, pero la experiencia le dirá cuál será la mejor decisión.
—¿Algo así como ensayo y error?
—De alguna manera sí. El ensayo y error no solo influencia la decisión sino que la calibra. Termina ajustando el nivel de confianza que inicialmente era baja. El proceso de ensayo y error hará que se incremente la confianza y que sea correcta.
—¿Qué puede aportar toda esta investigación sobre la confianza?
—La confianza es probablemente una parte fundamental de la cognición. Muchas enfermedades psiquiátricas tienen componentes en los que este proceso falla. Por ejemplo, hay evidencia de que los esquizofrénicos tienen una baja capacidad de confianza. También que las personas deprimidas pueden tener una mala evaluación de su propia confianza. No es lo único, pero creo que esta va a ser la ruta más sencilla para estudiar enfermedades psiquiátricas.
Temas como la esquizofrenia y la depresión suenan muy humanos, pero ahora se trata de separar los componentes, de ver qué funciona bien y qué no, de aislarlos y ver si se puede estudiarlos por separado. Primero se estudia en modelos animales y eso permite encontrar los circuitos, desarrollar las drogas. La confianza será una variable central para saber qué está fallando, ver qué puede funcionar mal y de qué manera.
Las personas con Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) se sienten obligadas a hacer una cosa una y otra vez, como lavarse las manos numerosas veces, porque no sienten que hayan completado la tarea. La corteza orbitofrontal parece estar implicada en esto. Nadie sabe exactamente qué es lo que está pasando, es difícil de estudiar. Tenemos una idea, son malos al evaluar su confianza. Eventualmente reciben una señal del cerebro que dice “ah, mira, no lo hiciste bien, ¡hazlo de nuevo!”. Tu feedback (respuesta) de lo que ocurrió falla. Es algo simple que falla, y tiene todas esas consecuencias que son completamente raras, extrañas.
Para un observador externo es raro ver a la persona repetir la acción una y otra vez, pero la persona con TOC por dentro siente “qué terrible, ¡simplemente no puedo hacerlo bien!”. No sabemos si es exactamente esto lo que está ocurriendo y por eso estamos interesados en estudiar este tema.
—¿Cómo ve el avance en los últimos años de las neurociencias y la neuroetología, que estudia la conducta animal y su relación con el sistema nervioso?
—Es el campo de la ciencia más emocionante en este momento.
—¿Por qué?
—La ciencia típicamente avanza de la mano de nuevas herramientas. Antes de los microscopios no podías ver células, antes del telescopio no podías ver el cielo, y hasta hace muy poco nuestras herramientas no eran buenas para estudiar todo lo que necesitábamos. Recientemente hubo una explosión de nuevas técnicas que finalmente nos permite hacer lo que no habíamos podido hacer antes. Hay una verdadera convergencia de distintas técnicas, desde la biología molecular, hasta la óptica y la electrónica que nos permiten hacer cosas que no imaginaba hace cinco años poder hacer.
Las posibilidades son increíbles. Además, de alguna manera el tema de estudio es “profundamente nosotros”, tratar de entendernos en muchas maneras. Está a nuestro alcance en una manera en que no era posible antes.
Agro
2016-05-19T00:00:00
2016-05-19T00:00:00